Opinion · Con M de

Ideas para frenar el discurso xenófobo

'Pausa sobre el alambre de espino'. Foto: Navis06 / CC BY-NC-ND 2.0
‘Pausa sobre el alambre de espino’. Foto: Navis06 / CC BY-NC-ND 2.0

Estamos descubriendo un nuevo mundo. Las tecnologías y la globalización de las comunicaciones han cambiado el marco para siempre y nada volverá a ser como fue. El ser humano se reafirma en una individualidad y una diversidad que necesita que le sean reconocidas, pero al mismo tiempo requiere igualdad de oportunidades y derechos. Igualdad y diversidad. Esta fragmentación nos hace vulnerables en el sistema antiguo, por ello necesitamos un nuevo sistema social donde podamos encontrar nexos de unión sin perder nuestra identidad. 

En este marco en el que el ser humano busca un “we”, un “nosotros” que le permita recuperar el calor de la manada -la sensación de seguridad y de protección que nuestros Estados descompuestos cada vez tienen más dificultad en proporcionarnos-, algunos han encontrado una narrativa sencilla de unión de unos frente a los otros: los unos, los de aquí; los otros, los de fuera. Esta narrativa ha ido creándose de forma colectiva. Incluso aquellas personas que quieren un mundo plural con derechos universales llevan dentro un xenófobo en potencia que se percibe como diferente del otro. Cuando se arman los discursos de ayuda, de emergencia, en los que pedimos solidaridad para los que no tienen las mismas oportunidades que nosotros, nos estamos situando en un plano diferente, superior al del necesitado y, por lo tanto, incrementando esa separación narrativa y virtual entre las dos partes. Los xenófobos se han limitado simplemente a aceptar esa diferencia y explicar que no se puede ayudar a todo el mundo. Para salir adelante nosotros, con nuestras diferencias, las que tengamos aquí -sea cual sea el “aquí” de turno-, tenemos que protegernos de los otros. Funciona. Ese miedo atávico a lo diferente, a lo desconocido, funciona. Y entre todos hemos normalizado el abismo, entendiendo que los derechos humanos no pueden ser iguales para todos, suponiendo que nunca nos los quitarán a nosotros, que nacimos con ellos, y que los otros no notarán su falta porque nunca los tuvieron. 

Los discursos xenófobos estuvieron liderados por partidos pequeños y minoritarios. “Nada de lo que preocuparse, apenas tienen algún representante por aquí o por allá”, pensamos. Sin embargo, esos pequeños partidos generan emociones que los grandes partidos ya no pueden ni soñar en conseguir con sus discursos rancios y obsoletos. Es por eso que buscando enardecer a los pueblos, los partidos que fueran hegemónicos se dedican a copiar a los pequeños recién llegados, facilitando así la contaminación del discurso que, de minoritario, pasa a ser popular. Se normaliza lo que antes era inaceptable y de repente, personas maravillosas que tenían convicciones y principios firmes llenan sus bocas de pensamientos ajenos que suenan con sentido. Dicen “no son mala gente, pero qué le vamos a hacer, no tenemos suficiente para todos”. Ellos no saben que ese no es el problema, que no se trata de escasez de recursos, sino de cómo se utilizan los que tenemos, porque mantener las fronteras cerradas resulta cada vez más y más caro. Pero existe algo en el discurso del miedo que devuelve la seguridad a los que la perdieron con la crisis, como si tiempos pasados, que fueron siempre mejores, pudieran volver si nos unimos todos contra un enemigo común.

¿Y qué podemos hacer para frenar esta xenofobia creciente? 

Debemos recordar que tenemos que trabajar por el futuro que es prometedor gracias a todos los recursos nuevos con los que contamos. Un futuro diferente, porque somos diferentes y, como viene siendo en la historia de la humanidad, seguiremos cambiando y evolucionando eternamente. Hay que abordar ese futuro con certezas. Los movimientos migratorios siempre fueron y siempre serán, eso es una certeza. Los derechos son de todos o de ninguno, otra certeza. 

También tenemos que utilizar las herramientas que siempre hicieron todo más fácil. La risa, el humor, sin respeto pero con ética, es indispensable. Los cuentos, ahora en formato de series de televisión o de videojuegos, con nuevos enfoques, recordando que queremos ser diversos pero iguales. 

Tenemos que salirnos del marco y crear una nueva narrativa donde solo haya un nosotros: todos, todas, todes. Estos razonamientos básicos deben ir aderezados con una recuperación de las fuentes fiables de información y de una reeducación que genere sociedades que, de nuevo, puedan asumir este mundo imperfecto con valentía, mirando de frente los problemas y tratando de encontrar soluciones. Y para acabar ser generosos, esto es un trabajo colectivo, nadie es mejor que nadie, usemos el refuerzo positivo que tanto bien hace.