Opinion · Con M de

Nuestra valla inhumana

Una patrulla de la Guardia Civil recorre la valla de Melilla. Foto: Ignacio Marín / Fundación porCausa.
Una patrulla de la Guardia Civil recorre la valla de Melilla. Foto: Ignacio Marín / Fundación porCausa.

En 1998 se ratificaba Schengen y Ceuta y Melilla se convertían en los únicos pasos terrestres entre Europa y África. El gobierno de España, que en aquel momento dirigía Aznar, se vio presionado por la Unión Europea para crear una barrera físeste ica que marcara el final de un territorio y el principio de otro. Se valoró poner minas antipersonales, pero el debate coincidió en el tiempo con la aprobación del tratado de Ottawa, así que finalmente se optó por “una valla diáfana, de acero reforzado, que podrá ser vista desde ambos lados”, como relataba El Telegrama de Melilla del 6 de junio de 1998.

Esta valla, que muta permanente, es una valla mortal. Es un elemento arquitectónico diseñado para hacer daño a aquellas personas que intenten traspasarla y algunos de sus elementos y configuraciones están dispuestas de tal modo que se sabe que puede producir daños mortales. La arquitecta Lucía Gutierrez, con quien hemos colaborado en porCausa, lo explica magníficamente: la altura de la valla hace que la caída pueda ser mortal, la disposición oblicua de la misma con el fin de que esa caída se produzca y tenga lugar hacia el lado de Marruecos, la sirga tridimensional entre vallas es de acero y está dispuesta para atrapar las piernas y, finalmente, el hilo de concertinas, el elemento más controvertido pero que pese a los esfuerzos de todas sigue estando en varias partes de la estructura. Cuando los gobiernos de Marruecos, España y de la Unión Europea aceptan que se mantenga una estructura de este tipo, están aceptado que potencialmente las personas puedan morir intentando cruzarla. 

Todo esto es tanto más grave cuando todas sabemos que quienes quieren cruzar siempre encuentran la forma de hacerlo. Para cruzar la valla, las personas se unen y utilizan todo su ingenio y su fuerza colectiva hasta atravesar todos estos obstáculos mortales. Solo que a veces, como parece que ha sucedido este domingo en Melilla, alguna persona migrante no es capaz de superar los daños que esos elementos estructurales le producen en el cuerpo. La delegación de gobierno avisa que va a hacer una autopsia, que al parece la persona murió por una parada cardiorespiratoria, cosa obvia, pero lo importante es que notifiquen cuales fueron las causas que originaron esa parada.

Las personas que trabajan en torno a la valla advierten en cada intento de cruce de que siempre hay muchos mas heridos de gravedad de los que las autoridades públicas reconocen. Pero pese a todos los sistemas de control que están dispuestos en la valla, existen grandes agujeros negros de información. Otra de las afirmaciones regulares de las organizaciones de derechos humanos es que en la valla se producen devoluciones en caliente, es decir, que pese a haber llegado a territorio nacional, no se permite a la persona que no es europea que ejerza los derechos que teóricamente tiene en nuestro espacio nacional, como el derecho a solicitar asilo, por ejemplo. Algunas personas y organizaciones ya están advirtiendo de que existe el riesgo de que se devuelva a Marruecos, sin cumplir con los protocolos legales adecuados, a parte de las más de 200 personas que han conseguido pasar este domingo. 

Sea como fuere, la valla es un despropósito y la expresión física de una políticas migratorias deshumanizadas y poco inteligentes. Los flujos humanos no se pueden parar, porque son inherentes a nuestra naturaleza humana. El ser humano siempre encontrará la forma de superar los obstáculos si lo quiere. Todos los esfuerzos deberían estar centrados en gestionar de la forma más adecuada dichos flujos, permitiendo que sean abundantes, ordenados y positivos para todas las partes. De este modo nos ahorraríamos mucho dinero y ganaríamos en Humanidad.