Opinion · Con M de

España, puerta de entrada de la trata de menores a Europa

Foto: Calle Lidström / CC BY-NC 2.0
Foto: Calle Lidström / CC BY-NC 2.0
Ana González-Páramo, Fundación porCausa

El 20 de noviembre se celebra el Día Universal del Niño, que conmemora la aprobación de la Declaración de 1959 y la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989. Es un buen momento para recordar la dramática situación de miles y miles de niños, niñas y adolescentes que en la próspera Unión Europea (UE) son víctimas de la trata y explotación de personas. Según datos de UNICEF julio de este año, los niños y las niñas ya representan casi una tercera parte de las víctimas de trata identificadas en todo el mundo, llegando al 64% en África Subsahariana y al 62% en América Central y el Caribe.

El pasado 18 de octubre, Día europeo contra la Trata de Seres Humanos, Europol publicó un informe sobre redes criminales de trata y explotación de menores en la Unión Europea (2015-2017), que analiza por primera vez las características de los grupos criminales que trafican con menores vulnerables. Ya en 2016, Europol alertó de la posible desaparición de más de 10.000 niños, gran parte de los cuales podrían estar a merced de una “infraestructura criminal paneuropea” relativamente nueva y muy sofisticada que esclaviza menores refugiados y migrantes. Lo peor es que esta escalofriante cifra podría ser solamente una estimación a la baja. En cualquier caso, sirvió para denunciar el sometimiento de menores por las redes de trata para su explotación laboral, sexual o para su captación en actividades delictivas. Según las conclusiones de Europol, sigue existiendo poca información sobre la explotación de menores en la UE.

Los menores explotados en Europa provienen de todo el mundo y la mayoría de las redes de tráfico operativas en cada país europeo son pequeñas (de menos de cinco miembros). Las más perjudiciales son las formadas por clanes familiares transnacionales, que rotan a las víctimas regularmente para borrar sus huellas. Verdugos y víctimas de trata suelen compartir nacionalidad o etnia y las mujeres sospechosas desempeñan un papel clave en el tráfico y la explotación de menores, mucho más que en las redes criminales que trafican con víctimas adultas. Niñas y jóvenes son también engañadas por los llamados “lover boys”, criminales que enamoran a chicas y, con manipulación o amenazas, las obligan a participar en actividades delictivas o las explotan hasta anular su voluntad y atraparla en la red de trata. En su modus operandi, los traficantes suelen involucrar a las familias de las víctimas en el reclutamiento o bien se dirigen a orfanatos y hogares de acogida, para después transportarlos a Europa por mar o aire, aprovechando las redes de tráfico de migrantes. El fraude de documentos es un componente esencial del delito, no sólo para cruzar fronteras, sino para robarles su identidad y ocultar su edad real.

La trata de personas no es solamente un asunto ligado a las migraciones. También existe un entramado criminal de tráfico de personas en el seno de la Unión Europea cuya magnitud es muy incierta debido a las pocas denuncias y la complejidad de este delito. Entre las redes internacionales más activas, están las redes criminales africanas (principalmente las nigerianas, pero también las de Angola, Burundi, República Democrática del Congo, Costa de Marfil, Eritrea, Etiopía, Guinea, Mali, Senegal, Sierra Leona y Somalia), las vietnamitas, especializadas en explotación laboral de menores, las redes que trafican con víctimas afganas, las redes de tráfico sudamericanas (especialmente brasileñas y colombianas) y las redes albanesas y kosovares.

Las redes más activas en España son las nigerianas, que introducen a sus víctimas a través de la frontera sur italiana y española para posteriormente destinarlas a la prostitución en nuestro país o en Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Finlandia, Irlanda, Italia, Holanda, Noruega, Portugal o Reino Unido. Los reclutadores, en su mayoría mujeres, instruyen específicamente a las víctimas para que a su llegada se pongan en contacto con la red nigeriana local en Italia o España, que las sustrae a veces de los centros de acogida donde han sido internados a la espera de procesar sus expedientes. Tras un periodo de encierro, violencia y amenazas, los menores entran bajo el control de una mujer que les obliga a prostituirse para empezar a obtener ganancias en prostíbulos o apartamentos, sustrayéndoles su documentación y reteniéndoles en habitáculos sin ver la luz del día, atrapados en la oscuridad, invisibles para la sociedad.  El informe calcula que las ganancias por cada víctima estarían entre los 30.000 y los 60.000 euros, además de los gastos de vivienda y manutención, que se añadirían a la “deuda” de las víctimas hacia sus explotadores para pagar su libertad.

El tráfico de menores migrantes y la trata son delitos que se superponen y se benefician de la situación en países como Siria, Pakistán o Afganistán. Según Eurostat, entre 2015 y 2017, un total de 189.845 menores no acompañados de entre 15 Y 17 años solicitaron asilo en la UE. La investigación de estas redes y la identificación de estos menores entre los migrantes y refugiados es una tarea ardua tanto en la frontera como dentro del territorio europeo (movimientos secundarios). Los datos son a menudo fragmentados e imprecisos. El 20% de los traficantes de migrantes están involucrados en las redes de trata, además de compartir nichos de negocio delictivo como la falsificación de documentos, delitos contra la propiedad, tráfico de drogas o delitos fiscales.

El Grupo de Expertos GRETA, que supervisa la aplicación del Convenio del Consejo de Europa sobre la Lucha contra la Trata de Seres Humanos, publicó su segundo informe sobre España el pasado verano. El documento señala la importancia de las medidas de control en frontera para detectar y prevenir la trata a través de una mejor formación de las autoridades competentes, intérpretes, abogados, jueces, fiscales, oenegés y organizaciones internacionales en el terreno. En lo referente a menores vulnerables, el grupo de expertos recomienda la creación de un entorno de protección y atención efectiva, incluido alojamiento, acceso a la educación y a la salud; mejorar la identificación de las víctimas antes de que la explotación misma se haya producido, colaborando con agentes sociales especializados, en las ciudades de Ceuta y Melilla y también dentro de los centros de internamiento y de acogida en territorio español (CIE, CETI, Centros de menores). Si bien se reconoce el avance de los últimos años para concienciar sobre los riesgos y evidencias de la trata de menores, el trabajo de sensibilización suele recaer en la sociedad civil, cuando es una obligación de los Estados no solo sensibilizar sino formar adecuadamente a todos los actores, mediadores y autoridades que puedan interactuar con estas posibles víctimas.

La verdadera magnitud del fenómeno es desconocida, debido al abuso, la violencia y la manipulación ejercida sobre niños y niñas especialmente vulnerables. Traumas físicos, psicológicos, amenazas y desamparo dejan a las víctimas a merced de sus verdugos. No hay datos fiables, ni operaciones integradas a nivel europeo y las redes criminales se benefician de este vacío, adaptándose y mutando para llegar a todas partes. El interés superior del niño debería prevalecer y cuando un menor desaparece, no debería importar si él o ella son migrantes o nacionales. Son sencillamente niños de cuya protección somos todos responsables.