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La lucha para “llegar hasta allá” con la que miles de hondureños desafían a Trump

Migrantes centroamericanos encuentran refugio en el sur de México. Foto: Peter Haden / CC BY 2.0
Migrantes centroamericanos encuentran refugio en el sur de México. Foto: Peter Haden / CC BY 2.0

Por Álvaro Bravo // En el centro de San Cristóbal de las Casas (Chiapas, México) hay vendedoras de coloridas telas que provienen de los pueblos en lo alto de los cerros, ajetreo de personas con bolsas de camino al mercado, músicos tocando la guitarra en la calle y puestos de fruta. Una escena que se repite cada tarde en la plaza principal del zócalo de San Cristóbal es la de hombres y mujeres que piden dinero, comida o cualquier otra ayuda. Tienen en común que fueron parte de la caravana de migrantes que a mediados de octubre empezó su largo viaje desde Honduras, Guatemala y El Salvador hacia Estados Unidos, y que ahora se ha quedado atrás, en Chiapas, porque miedo a las devoluciones de la Guardia Fronteriza.

Principales rutas de la caravana migrante. Foto: Google Maps.
Principales rutas de la caravana migrante. Foto: Google Maps.

José Hernández es un hondureño de 23 años que pide ayuda en calle Los Insurgentes, en pleno centro de la capital chiapaneca, con su hijo de pocos meses en brazos. “Nos vinimos por nuestro gobierno, la verdad, pues el presidente ya había gobernado cuatro años y ahorita se vuelto a reelegir durante otros cuatro más. No hay trabajo y aumenta la delincuencia fomentada por las maras. No se puede vivir allí”, resume este cocinero sobre la inestabilidad política en su país. José trabajaba en un pequeño restaurante de la ciudad hondureña San Pedro de Sula, pero que el negocio empezó a ir mal cuando la gente se marchó.

En uno de los pequeños cerros que coronan San Cristóbal, ‘San Cris’ para los lugareños, Daisy García duerme desde hace un mes en la iglesia de Santo Domingo junto a sus dos hijos de uno y tres años. Ayuda en un puesto de artesanía cosiendo ropa mientras espera sola a que se resuelva la visa temporal que le permitirá residir en México. “Yo salí por necesidad y traigo a mis hijos porque no tengo a nadie que los cuide. Sé que es peligroso, pero no tenía otra alternativa”, explica. La pareja de Daisy murió asesinada hace año y medio mientras volvía del trabajo, durante un atraco en San Pedro de Sula.

La inestabilidad social en Centroamérica

Como José y Daisy, muchos migrantes señalan que el gobierno de Honduras de Juan Orlando Hernández está al servicio pleno de los intereses comerciales de Estados Unidos tras el golpe de estado contra Manuel Zelaya, que contó con el apoyo de la administración Obama. De manera paradójica, uno de los motivos por los que el Ejército se movilizó en 2009 contra Zelaya fue su intención de repetir mandato, algo que el conservador Hernández sí ha conseguido y que ha generado movilizaciones sociales. Para la reelección del actual presidente ha sido necesario modificar la Constitución hondureña en la Corte Suprema. En una entrevista en el programa Democracy Now, el intelectual Noam Chomsky recuerda “la responsabilidad de Estados Unidos en los años 80 desestabilizando la situación política de Honduras, El Salvador y Guatemala. Se legitimó el apoyo a dictaduras como la de Somoza y las intervenciones militares”. El intelectual estadounidense considera “delirante” la respuesta del presidente Trump, que ha ordenado enviar a 15.000 soldados a la frontera para hacer frente a la llegada de hombres, mujeres, niños y ancianos que huyen de los “horrores de la violencia y la miseria”.

Marchan a México porque es el único país vecino al que pueden emprender un viaje con los recursos limitados de los que disponen, aunque para la mayoría el sueño está en alcanzar territorio estadounidense. Con estas palabras Edgar Ramos, estudiante de poco más de 16 años de edad, se refiere a las conversaciones que han mantenido la dirección de la Caravana de los Migrantes con López Obrador: “El nuevo presidente mexicano ya habló con nosotros para facilitar los trámites para conseguir un permiso de trabajo en el país. En cambio, Donald Trump quiere cerrar fronteras y expulsarnos. Pero nosotros le vamos a hacer la lucha de llegar hasta allá”, dice este joven hondureño con tono desafiante. En cambio, Daisy quiere quedarse en México y avanzar hasta el estado de Puebla, donde vive una amiga que podría ayudarla a encontrar un trabajo. “Quiero dejar atrás los peligros de las maras, del crimen organizado”, asegura con la certeza incomparable de quien no tiene nada que perder.

El mayor riesgo es la violencia

Honduras es uno de los países más violentos en el mundo, con una tasa de 43,6 homicidios violentos por cada 100.000 habitantes, según Global Index Peace. No es un país oficialmente declarado en guerra, pero ocupa el puesto 129 de los lugares más inseguros del planeta de un total de 158 estados, según un informe del Centro de Estudios para la Paz y los Conflictos Armados de la Universidad de Sídney. Dicho informe señala que uno de los principales actores que promueven esta violencia son las organizaciones criminales conocidas como maras, seguidas de unas fuerzas de seguridad corruptas y represivas. Cabe destacar que en 2018 México alcanza un índice de violencia aún mayor que el de Honduras, aunque varía en cada estado y ese es un motivo de peso por el que el profesor Jeremy Flores, de la Universidad de Toronto, puntualice que muchas personas migrantes están en este país en tránsito hacia el vecino del norte. Flores destaca que se han cursado más de 1.600 solicitudes de asilo en México. El presidente saliente, Enrique Peña Nieto, anunció recientemente que se tramitarán permisos de trabajo, y las autoridades no han detenido a las diferentes caravanas en su camino hacia el norte.

Es uno de los motivos principales por el cual muchos de los migrantes quieren abandonar su país en busca de seguridad para sus familias y un empleo. “A diario hay decenas de muertos en San Pedro de Sula, mi ciudad, como si fuera un lugar en guerra. Uno por salvar a sus hijos sale. Cuando uno está joven, la mara le busca para que participe con ellos. Si no, le matan a un familiar aunque uno no quiera ayudarles”. Con estas palabras José describe las amenazas de las pandillas criminales en su barrio, razón que le obligó a dejar su ciudad y buscar un entorno más seguro para su familia.

Frente a esta inseguridad, lo datos de ACNUR revelan que entre enero y octubre de este año, al menos 14.735 hondureños solicitaron asilo en países de todo el mundo, la mayoría en México y Estados Unidos. Sin embargo, las devoluciones de migrantes han continuado en los citados países y hasta día de hoy no existe un protocolo integral para la solicitud de refugio. Incluso se han producido devoluciones ilegales de menores no acompañados.

Entre las organizaciones que brindan ayuda a los migrantes en San Cristóbal están Cruz Roja, ACNUR y Médicos Sin Fronteras y otras de tipo religioso, como la ermita de la Inmaculada Concepción y la Parroquia del Santo Niño de Atocha, según recoge el Servicio Jesuita de Atención a los Migrantes. La diócesis de San Cristóbal, que lidera el  mediático padre Alejandro Solalinde, se pronuncia a favor de que el Gobierno mexicano cumpla con sus obligaciones y respete a estas personas, y pide a la población que no criminalice a los migrantes.

Daisy es una de las migrantes que el apoyo que ciertos sectores de la Iglesia estaban brindando a personas en su situación,  así que les pidió ayuda y estos le brindaron un lugar dónde dormir y asistencia legal. Tras reflexionar en silencio, asegura: “Ahorita creo que viene una cuarta caravana más, ya van tres, que se dirigen hacia Ciudad de México. En total son unas 7.000 personas porque se van a unir migrantes de El Salvador y de Guatemala también”. Edgar, que dejó los estudios para unirse a la caravana, comparte las palabras de Daisy y deja claro que quiere cursar informática en Estados Unidos. Este joven no pierde el sentido del humor y, mientras espera a que su grupo retome la marcha para atravesar las montañas de Chiapas, posa con ojos cansados y bromea sobre su tarifa para fotos de prensa.