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Que los “nadies” sigan siendo “nadies”: la derecha normaliza el discurso antimigratorio

Pablo Casado visitando la valla de Melilla en agosto de 2018. Foto: Partido Popular.
Pablo Casado visitando la valla de Melilla en agosto de 2018. Foto: Partido Popular.

Nicolás Ribas (@nicolasribas_) / Podemos señalar dos momentos clave en los últimos seis meses que han cambiado la política española y que, consecuentemente, han tenido un efecto significativo sobre el discurso de los partidos de la derecha sobre la cuestión migratoria. En primer lugar, el éxito de la moción de censura del PSOE, con el apoyo de Unidos Podemos y los nacionalistas e independentistas catalanes y vascos, que condujo a Pedro Sánchez a La Moncloa. Mariano Rajoy dejó todos los cargos que ostentaba en su partido y convocó un Congreso Nacional del que salió vencedor Pablo Casado, que reorientó el discurso del PP hacia la derecha. En medio de la campaña que designaba al nuevo líder popular, llegó el Aquarius a las costas de Valencia, lo que fue aprovechado como arma arrojadiza contra el nuevo gobierno. “Efecto llamada”, gritaban entonces tanto Casado como Albert Rivera, líder de Ciudadanos, en sus visitas a las vallas de Ceuta y Melilla. En segundo lugar, la irrupción de Vox al Parlamento andaluz, que ha desplazado el tablero político todavía más hacia la derecha. Si en un primer lugar la cuestión migratoria sirvió como excusa perfecta para desestabilizar el gobierno de Sánchez, se orientará en los inminentes procesos electorales a disputar el discurso a la formación de extrema derecha liderada por Santiago Abascal, fundamentado en el mito de la invasión inmigrante, la supresión de las autonomías y el procesamiento de los líderes del ‘procés’ y la derogación de leyes como las de memoria histórica y contra la violencia de género.

Conviene, pues, analizar el giro hacia la extrema derecha que han tomado los discursos de PP y Ciudadanos a partir de estos hechos, especialmente en cuestión migratoria. Un mes antes de las elecciones de 2015, Rivera apelaba al espíritu europeo como eje que fijara la política migratoria. “Creo que pertenecer a Europa no es solo tener euros en el bolsillo, es ser solidario con lo que está pasando en nuestras fronteras y España no puede mirar a otro lado”, argumentaba entonces. Meses después incluso reclamó mejoras para las personas encerradas en Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs), en los que se vulneran sistemáticamente los derechos humanos. Sin ir más lejos, hace poco más de un año Rajoy consideraba que la llegada de inmigrantes irregulares estaba en cifras “perfectamente asumibles”, sobre todo, si la situación se comparaba con la década anterior. Tras participar en una cumbre entre la Unión Europea (UE) y la Unión Africana, centrada en “fomentar el desarrollo del continente africano para frenar la inmigración”, el expresidente del Gobierno condenó la trata de personas en Libia, recordó que el 80% del movimiento de migrantes tiene lugar dentro del propio continente africano y se comprometió, junto con otros líderes europeos, a combatir sus “causas profundas”. “Mientras haya pobreza, se violen los derechos humanos y los jóvenes carezcan de oportunidades, los movimientos migratorios continuarán”, apostillaba Rajoy.

Un año después poco queda de todo aquello. El nuevo líder del PP se ufana en autodenominarse “políticamente incorrecto” y enmarca su discurso en prejuicios raciales similares a los que airean Salvini, Le Pen u Orbán, empeñados en estigmatizar, criminalizar y expulsar a todas aquellas personas que, según la ‘internacional neofascista‘ de nuevo cuño, amenazan con disolver la identidad y la cultura europea. Tal vez esta asimilación pueda parecer desproporcionada, pero acusar al gobierno de crear “efecto llamada”, “demagogia” y “buenismo” camina en esa dirección. A la repetición del mantra de la supuesta llegada de millones de africanos, hay que sumar la oratoria con sello Abascal que Casado desplegó durante el acto central de la campaña electoral andaluza en Granada. “Aquí no hay ablación de clítoris, aquí no se matan los carneros en casa y aquí no hay problema de seguridad ciudadana, no hay sitio para todos los que quieran venir a España”, aseveraba Casado. Igual que ocurre con el discurso de los líderes de esa nueva ‘internacional neofascista’, hay inmigrantes de primera y segunda clase, y los africanos (si son musulmanes todavía más) están en la cola de los parias sin derechos.

En cuanto al discurso de Ciudadanos, ha sido más comedido que el del PP, pero no por ello menos peligroso. Aunque Rivera intenta ahora alejarse de Vox y evitar su apoyo para pactar el gobierno de Andalucía, también fue reprendido el pasado mes de agosto por Francesca Friz, representante de ACNUR en España, quien le reprochó que su discurso (y el de Casado) “se aleja de la realidad”. “Se han producido 27.000 llegadas marítimas (a España), eso no son millones. Vemos una disminución muy muy significativa de llegadas marítimas a Europa y esto contrasta con las palabras de políticos en Europa, que hablan de esas avalanchas que simplemente no corresponden a la realidad que estamos observando con mucha cautela”, aseguraba Friz. Si la percepción de la opinión pública es distinta, tal vez sea porque los medios de comunicación, en líneas generales, han difundido la idea de llegadas de migrantes de forma caótica y desordenada. Mientras tanto, el gobierno recién formado, más preocupado por el marketing político que por la gestión de acogida, ha demostrado falta de previsión y mostrado acciones arbitrarias en lugar de política planificada.

Estamos a las puertas de nuevos ciclos electorales, en vista a las elecciones municipales, autonómicas y europeas, y tal vez a un adelanto de las elecciones generales. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, algunos partidos propondrán endurecer el Código Penal para que los “nadies” sigan siendo “nadies”. Quienes, como decía Eduardo Galeano, no tienen nombre sino número y cuestan menos que la bala que los mata.