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La pesadilla de Vox: migrantes, refugiados, feminismo y LGTBI

Grafiti de Banksy. Foto: Square Gato / CC BY-SA 2.0
Grafiti de Banksy. Foto: Square Gato / CC BY-SA 2.0

Javier Jennings Mozo // “La historia no se repite, pero rima”. Esta es una de las frases célebres, atribuida a Mark Twain, que múltiples historiadores utilizan para tratar de explicar cómo ciertos hechos del pasado se reproducen años después de manera similar. El resurgimiento del populismo nacionalista en la década pasada, que se está convirtiendo actualmente en una de las corrientes principales cuando en algún momento se confinaba exclusivamente a plataformas extremistas, pone sobre la mesa la existencia y la intención de llevar a cabo políticas racistas, xenófobas e intolerantes en toda Europa, que ya han registrado un “aumento muy preocupante” en el último año, según Nourredine Amir, director del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de la ONU. Se trata de mentalidades que se están viendo claramente reforzadas por el el auge de este tipo de populismo.

En España, estas políticas se están viendo implementadas por partidos políticos como Vox, cuyo peso en la política nacional ya no es ninguna sorpresa, además del viraje más hacia la derecha de PP y Ciudadanos. Con un fuerte discurso anti inmigratorio y, además, con la propuesta de derogación de las leyes de igualdad de género y de las que velan por los derechos de la comunidad LGTBI, Vox ha irrumpido en el panorama político español de forma polémica y está dando mucho de lo que hablar.

Vox es un partido con un número de afiliados cada vez mayor y que ya cuenta con 12 escaños en el Parlamento andaluz, además de haberse visto disparado en las encuestas de cara a las próximas elecciones: la última, realizada por Sigma Dos para el diario El Mundo, le da entre 43 y 45 escaños en el Congreso.

“Las últimas noticias sobre Vox dan mucho miedo por el mensaje que están transmitiendo y, si políticamente tienen esa posición, sus declaraciones calan en la sociedad y no ayudan, sólo contribuyen a que aumente la discriminación y el odio”, comenta Djiby Mbayé, senegalés de 27 años que llegó a España con 14 y en situación de refugiado, desde una realidad en la que los delitos de odio (racistas, xenófobos, homófobos, transfóbicos, etc.) han aumentado considerablemente en los dos últimos años.

Vox ha nacionalizado la “franquicia” del discurso del miedo europeo, un discurso que, aún siendo relativamente fácil de desmontar cuando se analizan los principios sobre los que se fundamenta -basados en datos no veraces o mal interpretados-, ha calado enormemente debido a la desinformación, el sensacionalismo y su propia simplicidad.

Un claro ejemplo es cuando la ultraderecha mata dos pájaros de un tiro asociando la delincuencia y los delitos de violencia machista exclusivamente a extranjeros, utilizando esa falacia para reincidir en la “expulsión inmediata” de estos y ponerse a la defensiva frente al mito de la invasión inmigrante, a la vez que para afirmar que en España no existe un problema con la violencia machista. “La mayoría de las mujeres asesinadas este año han sido a manos de extranjeros”, afirmaba en octubre Santiago Abascal, el líder de Vox, en una entrevista para Intereconomía, cuando, según el Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades, en el año 2018, el 61,7% de los asesinatos machistas han sido cometidos a manos de hombres españoles.

“Nadie puede asegurar que todos los inmigrantes son buenas personas pero, en su mayoría, la gente que viene aquí viene a darlo todo para tener una vida mejor”, explica Mbayé sin esconder su indignación ante el tratamiento de algunas informaciones sobre delitos cometidos a manos de extranjeros, en las que se recalca su etnia, raza o nacionalidad por encima de la noticia en sí. “En este país muy pocos medios dan información real, siempre son informaciones que dan bastante miedo y eso al final la sociedad lo acaba percibiendo de una manera negativa y les provoca inquietud”, una dinámica que sólo ha ayudado a reforzar el discurso del miedo que promueve Vox, argumenta.

Además de su claro anti-independentismo (al que tacha de “golpismo”) y de su deseo de eliminar el estatuto de autonomías (medidas que le han hecho ganar a un amplio número de adeptos al partido, incluso entre votantes clásicos de izquierdas), Vox es un partido que considera las protestas y la lucha contra la violencia de género y por los derechos de la mujer como una “ideología de género” que hay que erradicar. Vox pretende “promulgar una ley de violencia intrafamiliar que proteja por igual a ancianos, hombres, mujeres y niños”, ya que, según su visión, la ley de violencia de género atenta contra los hombres.

“No sólo soy una persona, soy una mujer. Estoy en determinada posición y la violencia que yo sufro como mujer es muy específica y muy determinada, no se puede valorar desde los estándares normales de violencia”, afirma Candela Otero Sánchez, una estudiante de 20 años, mientras critica la derogación de las leyes de protección de las mujeres que propone el partido ultraderechista. A esto, añade que “también habría que abrir el debate sobre qué significa ‘violencia’ para ellos, porque hay muchos tiempos de violencia: no sólo el asesinato machista, hay violencia simbólica, institucional, psicológica, etc.”

Por si fuera pequeña la polémica que ha irrumpido en la sociedad española con el auge de Vox, este nuevo año ha traído novedades: ahora esa formación arremete también contra la libertad de prensa. El pasado martes, el partido presentó una querella contra el periodista Antonio Maestre por constatar, ejerciendo su derecho a la libertad de expresión, a través algo tan nimio como un tuit, lo evidente: si quitas la protección al que la necesita, te pones de parte de su agresor.

Andrea Gutiérrez Romero, otra estudiante de 20 años también, afirma que la popularización de este discurso ya ha afectado a su ambiente diario: “gente conocida que antes no expresaba ciertos pensamientos en contra de la homosexualidad, la inmigración, el feminismo o de cualquier tema que toca Vox en su programa, a raíz del ‘boom’ de este partido han empezado a hacerlo de forma más abierta”. Esta chica, que también pertenece al colectivo LGTBI, anticipa, además, que esto “puede generar más odio hacia el colectivo por discursos que, a gente que tenga una mentalidad más cerrada o que sea incapaz de sacar una conclusión propia informándose un poco, les parecerá lo correcto y les hará mostrar más su asco hacia las personas LGTBI de forma justificada o por lo menos secundada”.

Aún así, las dos jóvenes creen que este ataque directo contra las libertades y los derechos de algunas personas puede desatar un contraataque: “muchas veces hasta que la gota no colma el vaso no comienza la lucha de verdad, así que también creo que tendría un efecto positivo”, afirma Candela, a lo que Andrea añade: quiero pensar que sería un impacto positivo donde la gente lucharía por sus derechos, consiguiendo frenar gran parte, de las medidas que quiere tomar este partido, por no decir todas”.

Tal vez la unión de la izquierda en lo político sea algo difícil de imaginar a día de hoy, pero la lucha ciudadana es algo que sí que puede funcionar si diferentes colectivos (por los derechos de los migrantes, antirracistas, feministas, LGTBI, etc) se alían para enfrentarse a este enemigo común. Volviendo de nuevo a la idea de que la historia rima, a lo largo de ésta se han dado múltiples movimientos sociales y ciudadanos que han cambiado o desviado el curso que iba a tomar la política.

Ejemplos de ello son La Marcha de la Sal, en la India, el Movimiento por los Derechos Civiles, en Estados Unidos, los Disturbios de Soweto, en Sudáfrica, la Primavera Árabe, iniciada en Túnez, las Mujeres de Liberia por la Paz o, por acercarnos al ámbito nacional, el Movimiento 15-M, surgido en 2011 en la Puerta del Sol de Madrid con el fin de promover una democracia más participativa, alejada del bipartidismo PP-PSOE. En el 8-M, el Orgullo Gay y demás manifestaciones por derechos de las personas que puedan ser rebatidos reside el poder de frenar la expansión de este discurso ultraderechista. Mbayé insiste en que la concienciación hacia los organismos y, especialmente, hacia la sociedad en general, va a ser el elemento clave en la lucha contra partidos populistas que fomentan este odio hacia el extranjero y el colectivo LGTBI, y que pretenden eliminar los pocos, y tan costosos, avances sociales que se han alcanzado en cuanto a derechos de la mujer. El papel de las organizaciones independientes, junto con el apoyo social, es crucial para crear una conciencia fundamentada en la información real que sirva para revertir el auge de estas mentalidades retrógradas.

El discurso ha calado ya en una gran parte de la población, pero aún está por ver, afirmen lo que afirmen las encuestas, si es capaz de extenderse a otros sectores de la misma o incluso se si puede revertir de los que ya ha alcanzado.