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El discurso antimigratorio se propone conquistar el Parlamento Europeo

Marine Le Pen durante un desfile del Frente Nacional en París. Foto: Ernest Morales / CC BY-NC-ND 2.0
Marine Le Pen durante un desfile del Frente Nacional en París. Foto: Ernest Morales / CC BY-NC-ND 2.0

Por Daniel Haba (@DaniHaba93)

En las elecciones al Parlamento Europeo del 26 de Mayo, la población europea tiene una prueba importante. En sus manos está dar poder institucional a aquellos que polarizan el discurso, buscan la confrontación política, promulgan un discurso xenófobo y patriótico, y tratan de invisibilizar una política alternativa de diálogo y respeto mutuo. Las formaciones populistas y xenófobas no nacen de experiencias y de casos aislados, sino que están estructuradas en función de unos discursos, unas prácticas y unas estrategias comunes. Su carácter nacionalista les lleva a cuestionar la globalización y a reclamar una identidad excluyente. El discurso antimigratorio conforma un elemento primordial de estas formaciones. Explotan el miedo y la inseguridad para beneficio propio, y contaminan los discursos del resto de fuerzas políticas.

Otro de los elementos fundamentales es el liderazgo carismático, basado en una identificación del pueblo con el líder. Matteo Salvini es el ejemplo paradigmático: ha supeditado a su persona los intereses de su partido, la Liga, y capitanea la alianza nacionalpopulista europea. Sin embargo, lo más novedoso de este movimiento es un nuevo modo de hacer política a través de las redes sociales: lanzamiento de fake news (sobre todo centradas en la población migrante) y difamación de los medios de comunicación tradicionales. A través de la desinformación divulgada por el espacio virtual, tratan de comercializar  y colocar el producto, como si de una empresa de publicidad se tratara. Por todo el mundo, se están extendiendo ideas y principios cuyo objetivo es obtener un gran rédito electoral y tomar el poder institucional.

El informe ‘La Franquicia Antimigración: como se expande el populismo xenófobo en Europa‘, elaborado por la Fundación porCausa y publicado este martes 9 de abril, muestra cómo las formaciones populistas y xenófobas han establecido una estrategia común de acción, que polemiza los valores de las democracias liberales, el multilateralismo y la vigencia de la sociedad globalizada al ser vista como una amenaza para la identidad y la soberanía de los territorios. Los partidos antimigración aplican a pies juntillas la estrategia común de acción en el ámbito nacional. No hace falta profundizar demasiado en sus discursos para encontrar alusiones  antimigratorias, anti-establishment y nacionalistas. Este informe presenta un análisis detallado que permite desentrañar el funcionamiento y la magnitud del movimiento político antimigratorio en Europa. Se han escogido como estudio de caso tres países: Países Bajos, Italia y España. En los Países Bajos tanto el Partido para la Libertad como el Foro para la Democracia trazan el mismo camino de rechazo hacia la inmigración y una fuerte defensa identitaria. En Italia, el populismo ya ha llegado al poder y ha convertido su política migratoria altamente restrictiva en santo y seña de su gobierno. España hasta hace unos meses no presentaba atisbos de populismo xenófobo, pero el conflicto independentista, la agitación política y el aumento de la llegada de inmigrantes por la Frontera Sur, ligado a un debate estéril y notoriamente populista sobre estos factores, crearon el caldo de cultivo perfecto para que Vox irrumpiera en el panorama político nacional. Se aplaude la política migratoria de Salvini, la defensa de una Europa cristiana con predominio de la soberanía nacional y oposición a la inmigración masiva de Viktor Orbán, así como el estatalismo de Le Pen

Además, es conocida por la opinión publica la cooperación que sostienen estas formaciones con una de las principales figuras del nacional populismo: Steve Bannon. La fundación The Movement es el vínculo entre la Alt-Right estadounidense y las formaciones populistas europeas,  así como promotora y difusora de la Franquicia Antimigratoria. Además, este movimiento cuenta con el apoyo de Vladimir Putin, uno de los grandes lideres mundiales y un socio relevante en materia económica y de defensa. Este estudio, mas allá de los nombres, aborda un movimiento organizado, con actores expertos en tecnología y geopolítica, que quieren establecer un nuevo orden mundial opuesto al de la globalización liberal.

Las fuerzas políticas que se identifican como parte de la Franquicia (franquiciados) han  hecho marca de la casa el discurso antimigratorio, difundiendo el  miedo contra aquellos a los que se les ha asignado la etiqueta de ‘diferentes’ y que son culpados de los males de la nación. Su mensaje es claro, conciso y falso: “los inmigrantes nos quitan el trabajo” o “los inmigrantes colapsan los servicios sociales”. Uno de sus máximos exponentes, Geert Wilders, logró establecer un nexo de unión entre esos mensajes y el empobrecimiento de la sociedad holandesa. Para él, combatir la migración es una manera de defender y proteger a la nación. En una réplica casi exacta de la propuesta trumpista “Build the Wall” del presidente de Estados Unidos, el líder de Vox propone construir un muro entre Marruecos y Ceuta y Melilla: “Un muro pagado por quien nos lanza oleadas de inmigrantes clandestinos para chantajear a la Unión Europea”, según sus propias palabras. De hecho, ese muro ya existe y es de reciente construcción.

Otro aspecto relevante del populismo xenófobo es el rechazo a la multiculturalidad  y la tendencia a la homogeneización cultural. Ven a la migración, sobre todo la musulmana, como una amenaza que atenta contra las creencias y valores nacionales, e incluso civilizatorios. Estos partidos practican una islamofobia al descubierto: pretenden alterar la convivencia y promover un clima de terror y de rechazo hacia las comunidades musulmanas. Utilizan el  discurso del miedo para deshumanizar a grupos enteros de personas, y los utilizan como chivo expiatorio para infundir la amenaza del terrorismo islámico.

Si algo caracteriza a los partidos populistas y xenófobos es su rechazo a la Unión Europea. No pretenden acabar con ella, sino modificarla a su imagen y semejanza. La Franquicia navega por los ríos europeos en busca de afianzar un supergrupo parlamentario que dirija el Parlamento Europeo e influya en la Comisión Europea. Creen en una Unión Europea que de prioridad a la soberanía nacional, sobre todo en materia de seguridad nacional y control de fronteras. Quieren hacer de Europa una fortaleza que les permita continuar con la sensación ficticia de inseguridad, ya que posibilita mantener “la efectividad de las fronteras nacionales”, y con ello saltarse los compromisos internacionales. Proponen una reorganización territorial de la Unión Europea, y acabar con el espacio Schengen, porque supone un abandono de la autonomía y la soberanía nacional. En el caso español, terminar con el espacio Schengen significa dejar de amparar a los “criminales” separatistas. En materia económica, se encuentra discrepancia en las propuestas de las formaciones populistas, por un lado convergen el Reagrupamiento Nacional en Francia y La Liga en Italia, en un discurso mas proteccionista hacia postulados mas colectivos y que incluso interpelan a la clase obrera. Por otro lado están Vox y los partidos holandeses, con cierta tendencia al liberalismo.

Pese a las diferencias, la alianza internacional del populismo xenófobo se aglutina en torno a dos enemigos: la migración y el establishment europeo. El primero es un reclamo electoralista, un producto que se está vendiendo bien en el mercado político. El segundo supone un camuflaje para hacer pasar su operación de sustitución de esa élite por la que ellos constituyen, con una serie de movimientos populares, espontáneos y organizados. Con estos dos elementos, la Franquicia tratará de formar un grupo parlamentario en Europa con capacidad para bloquear y condicionar a la Gran Coalición en el Parlamento Europeo y, en función de los resultados, llegar a ser capaces de influir e imponer su propia agenda política y económica.

El fin principal del populismo xenófobo es alzarse con la victoria en las elecciones al Parlamento Europeo, y así conseguir el poder que les otorgue configurar una Unión Europea a su imagen y semejanza. En otras palabras, sustituir una élite por otra compuesta por ellos mismos. Para ello, usan la Franquicia Antimigración, lanzando mensajes reaccionarios contra la población migrante, como reclamo electoral y canalizador de las personas que se sienten desterradas y afligidas por culpa de la globalización.

Daniel Haba es co-redactor del informe y miembro de la Fundación porCausa.