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Países Bajos: vanguardia en el populismo antimigración

Retrato de Geert Wilders. Foto: Thierry Ehrmann / CC BY 2.0
Retrato de Geert Wilders. Foto: Thierry Ehrmann / CC BY 2.0

Por Ana González-Páramo (@AnaGonzalezPara) / Fundación porCausa

¿Qué ha sido de la tradicional tolerancia holandesa? ¿Cómo han pasado de ser una sociedad abierta, laica y pragmática a colocarse en la vanguardia del populismo antimigración?  La Fundación porCausa, en su informe ‘La Franquicia Antimigratoria: cómo se expande el populismo xenófobo en Europa’ escogió los Países Bajos como uno de los estudios de caso para ilustrar el avance del populismo xenófobo. La elección se debió al avance de esta opción política, con dos formaciones, una que encabeza la oposición en la Cámara baja y la otra que lidera el Senado. El Partido para la Libertad (PVV) de Geert Wilders y el Foro para la Democracia (FvD) de Thierry Baudet representan, dos versiones de un mismo populismo antimigración que podría incluso gobernar el país en un futuro próximo.   

La sociedad holandesa podría definirse hoy más como una sociedad tolerante que multicultural. Tras décadas de transición desde el multiculturalismo hacia un enfoque más asimilacionista en los 90, el gobierno de Jan Peter Balkenende y su línea dura de asimilación con multas, deportaciones y controles más estrictos sobre inmigración y asilo, enterraba definitivamente el multiculturalismo. En el Manifiesto de 2006 ya se declaraba que “la cultura, las normas y los valores holandeses deben ser dominantes”.

La creación del discurso islamófobo es sin embargo más tardía. Ya en el escenario posterior al 11-S, los asesinatos del político Pym Fortuyn en 2002 y el de Theo van Gogh en 2004 marcaron un antes y un después en la historia reciente del país. En el caso de Theo Van Gogh, cineasta y celebridad influyente, asesinado brutalmente en plena calle a manos de un holandés fundamentalista de origen marroquí, conmocionó profundamente a la sociedad, rompió el tabú en torno a la inmigración e inició el debate político sobre la incompatibilidad del Islam con la identidad nacional.

Las teorías conspirativas sobre la islamización de Europa (Eurabia) fueron personalizadas en Geert Wilders y el PVV. Ya en campaña electoral en 2017, y en el contexto de crisis económica iniciada en 2007, Wilders consiguió ligar y explotar el vínculo entre el odio a la inmigración y el empobrecimiento de la clase obrera y media, jubilados y parados holandeses. Wilders, populista al 100%, se erigió en representante de los desprotegidos frente a las élites gobernantes (entonces liberales y socialdemócratas que aplicaban recortes y austeridad) y frente a la inmigración, formada según él, por gorrones, criminales y delincuentes. Aunque Wilders presumió en campaña de su sintonía con Trump y del éxito del Brexit, los resultados, algo decepcionantes en 2017, demostraron que esa comunión con el nuevo presidente de EEUU, cuyas primeras medidas rompían el statu quo internacional, asustaban a los pragmáticos holandeses.

El PVV quedó como primer partido de la oposición, pero no consiguió llegar al gobierno, no por su ideología sino por no ser un socio fiable. En esas elecciones se estrenaba otro partido xenófobo, Foro para la Democracia, que entraría en la vida política nacional y hoy hace peligrar la hegemonía de Wilders en el populismo xenófobo holandés. Geert Wilders, salido de las filas del Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) del actual Primer Ministro Rutte, fundó su Partido de la Libertad (PVV) en 2006 como rechazo a la entrada de Turquía en la UE. Wilders es el único miembro de su partido, según él para evitar la infiltración de extremistas y sortear el odiado aparato partidista, pero parece más bien motivado por el miedo a la pérdida de poder y su obsesión por el control y la seguridad. Amenazado de muerte, vive blindado y aislado de la sociedad. No es accesible a los medios de comunicación convencionales, no interactúa y se comunica básicamente a través de Twitter y otras redes sociales. Ha sido enjuiciado dos veces por declaraciones de odio contra los musulmanes y en 2016 fue declarado culpable de difamación e incitación a la discriminación contra los marroquíes. Wilders tiene un discurso islamófobo y ultranacionalista. Él mismo reconoce que creó el PVV para luchar contra el Islam. No obstante, para intentar ocultar el factor racista que está implícito en su discurso, argumenta que su rechazo es al Islam como ideología fascista y totalitaria similar al nazismo. Según él, ataca los valores judeocristianos, humanistas y liberales en los que se basa la cultura de los Países Bajos.

Un dandy al frente de un partido machista, racista y xenófobo

Pero el gran protagonista de la política holandesa actual es Thierry Baudet, fundador y líder del Foro para la Democracia (Forum Voor Democratie-FVD). Se prevé que su partido será el más votado en las europeas del 23 de mayo,  según las proyecciones de Politico.eu. El FvD irrumpirá en el Europarlamento con cinco eurodiputados y dejará al PVV de Wilders de segundón en la carrera populista con un solo escaño (antes cuatro).

El FVD es un partido nacionalista, ultra conservador y euroescéptico, que promueve el establecimiento de un estado social basado en la democracia directa que acabe con el “cártel” de los partidos políticos. Aunque FvD es un partido con aparato y organización, el liderazgo de Thierry Baudet (36 años), como en la mayoría de los populismos es determinante.  Joven, guapo, intelectual, y con un ego desmedido, tiene entre sus ocupaciones la de político, jurista, historiador, periodista, escritor, columnista, editor, productor de televisión, activista, tertuliano, investigador y docente. Al contrario que Wilders, más huraño y huidizo para los medios, Baudet es una celebridad. No es religioso, pero simpatiza con los valores cristianos y es ante todo un firme opositor del multiculturalismo.

El Foro ha destronado a Wilders en la hegemonía del populismo identitario holandés. No solo le ha quitado gran parte de su electorado sino que ha ampliado el suyo a sectores más educados y pudientes que despreciaban a Wilders por sus formas rudas. El perfil de su votante es el de hombre blanco joven, con creciente apoyo entre algunas minorías étnicas y la élite intelectual conservadora. Aunque sus formas y discurso son más sofisticadas, su impronta ideológica es mucho más extrema que la del PVV. Baudet es profundamente anti-izquierda (acusa a los progresistas de estar infiltrados en los medios, la educación y el sector público), machista y misógino (en una entrevista llegó a decir de las mujeres: “en general tienen menos ocupaciones y ambiciones” y en un artículo más reciente, llegó a decir: “no quieren que respetes su ‘no’, que respetes su resistencia. La realidad es que las mujeres quieren ser abrumadas, poseídas, sí, quieren ser dominadas“).

Baudet también es racista y supremacista blanco, aunque ha preferido no insistir en campaña en esta faceta y apostar por la islamofobia. También hace campaña contra la “histeria del cambio climático” y sobre todo contra la inmigración. Explotó sin ningún miramiento el atentado de Utrech de marzo de 2019, tan solo dos días antes de los comicios regionales, en un momento electoral perfecto. Y arrasó. Las proyecciones de voto para las Europeas de mayo de 2019 le siguen poniendo en racha. El huracán Baudet parece que se llevará por delante al extraño Wilders y su populismo kitch, rudo y sin matices, centrado en la frustración popular y en la retórica islamófoba y con un lenguaje casi bélico. Baudet, en su rol de dandy intelectual, que con elocuencia y teatralidad introduce en campaña mensajes aún más radicales y profundos que los de Wilders, se arma para una guerra cultural contra los burócratas europeos, los inmigrantes, los musulmanes y las feministas por igual. Él es el más claro reflejo europeo de la guerra cultural de la Alt-right americana. Habla de una ‘disolución homeopática’ de la sociedad holandesa, que debido a la inmigración y el mestizaje presagian la decadencia política. Baudet recurre a la concepción fascista del pueblo como un ser vivo que necesita higiene para protegerse de las enfermedades internas y externas. Habla de la “Europa boreal”, mito por el que los europeos son de ascendencia polar y aria, en un espacio étnicamente blanco. Baudet es un lobo con piel de cordero.

En los últimos años, el mapa político holandés se ha escorado claramente a la derecha. La socialdemocracia se ha derrumbado estrepitosamente, pasando de ser socio minoritario en el anterior gobierno Rutte a la séptima posición en las elecciones de 2017, que paga el precio de haber sido ejecutor de los severos recortes de la crisis. Tan solo la Izquierda Verde (GroenLinks) crece como alternativa progresista de futuro. Si finalmente el Primer Ministro Rutte es nombrado para algún alto cargo institucional europeo, su partido se quedará huérfano y será la oportunidad de los populistas, y especialmente del Foro de Baudet para llegar al poder.

Por el momento, ambas formaciones marcan distancias entre sí en Bruselas. Wilders ya ha manifestado su apoyo al grupo de populistas identitarios que está patrocinando Salvini, mientras el Foro para la Democracia se incorporaría al de los Conservadores y Reformistas Europeos (CRE), junto a los polacos de Ley y Justicia o a los tories británicos. Unidos o separados, después del 23 de mayo el populismo xenófobo será mucho más fuerte en los Países Bajos.