Opinion · Con M de

¿Por qué están llegando más pateras a Canarias?

Invasion del Imperio Romano. Imagen de MapMaster - Own work, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1234669
Invasion del Imperio Romano. Imagen de MapMaster – Own work, CC BY-SA 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1234669

A mediados del mes de junio se confirmaba oficialmente la tendencia que se inició a finales de año 2018 y ya es oficial el incremento sustancial de la llegada de pateras a las costa de Canarias. El Ministerio del Interior hacía públicas las cifras del primer semestre de 2019, en las que se contabilizaban 425 personas que había llegado a las costas canarias, representando un incremento del 203% respeto al mismo periodo del año anterior. Estas cifras son muy pequeñas si las comparamos con las que se manejaban durante 2005 o 2006, los años de los “cayucos”, en los que ese dato podía corresponder a una única llegada diaria.

Este aumento no ha sorprendido ni al Gobierno, ni a las autoridades canarias, ni a los expertos en migraciones. Los flujos migratorios no se han conseguido parar nunca. En la ya mencionada época de los “cayucos” se consiguió frenar al tendencia de entrada de África por las fronteras españolas, pero los flujos africanos hacia Europa solo se desviaron hacia otras rutas, como la del Mediterráneo por Argelia hacia Francia, y Libia hacia Grecia e Italia. En el año 2016, debido a la enorme presión ejercida por Italia, apoyada por otros países frontera de la Unión por la zona de los Balcanes, se cerró la ruta de Libia. Para hacerlo se utilizó el mismo sistema implementado por el gobierno de Zapatero en la época de lo cayucos: se pagó mucho dinero al gobierno fallido de ese país para que, usando todos los medios a su alcance, fueran légales o no, contuviera los flujos que atravesaban su territorio. Los resultados fueron inmediatos. En un año cayeron en picado las entradas por esa ruta, y en un año y medio se dispararon las entradas por las rutas de Argelia y por supuesto, desde Marruecos hacia España. 

El gobierno de Sánchez, muy presionado por una opinión pública desinformada, arengada por una oposición nefasta, decidió practicar la fórmula mágica de pagar para externalizar la frontera con el objetivo de bajar todas las entradas terrestres por Ceuta y Melilla y por el Estrecho que se estaban disparando. El pasado mes marzo, el Consejo de Seguridad Nacional anunciaba que las medidas de inversión económica en Marruecos y Argelia habían sido un éxito y los flujos por esos países habían disminuido drásticamente. Los datos son muy llamativos puesto que se pasa de más de 4.000 entradas en enero a menos de mil en los meses posteriores. Sin embargo, en el mismo contexto, el Consejo de Seguridad Nacional advertía que era necesario estudiar ahora inversiones en Mauritania y Senegal para ayudar a esos países a contener los flujos. Porque, si los movimientos de personas no se pueden parar, es obvio que la siguiente ruta que se va a abrir es la canaria.

La realidad de los flujos migratorios es que no han cambiado en los últimos años. El porcentaje de personas que se mueven sobre el total de la población mundial se ha mantenido prácticamente constante desde que se tienen datos fiables. España ha sido siempre un país emisor y receptor de migraciones, por su situación geográfica y por su característica histórica de potencia colonial. España es un país en el que se han hecho las Américas, se ha ido a la vendimia en Europa y en los últimos años muchas familias han «mandado» a sus hijos universitarios a trabajar de camareros al Reino Unido. También es un país que ha recibido con generosidad a gente de todo el mundo, principalmente de América Latina, que es la región que más población aporta. Las más de 60.000 personas de origen africano que se censaron en España en 2017, son triplicadas por las más de 200.000 de origen americano, según datos del INE. 

Si aceptamos que los flujos no se paran sino que solo se desvían, es de esperar que este verano veamos un gran repunte de llegadas por Canarias, igual que el verano pasado hubo un gran incremento de pasos por la zona del Estrecho. Si el Gobierno consigue cerrar un acuerdo con Mauritania y Senegal, la salida del flujo africano dependerá del país que más respeto tenga por los derechos humanos; el flujo siempre se dirigirá a aquel paso donde las posibilidades de muerte sean menores. Pero aunque mataran a todas personas que están intentando cruzar, los flujos se mantendrían. Y no porque se trate de gente que prefiere morir en una patera que quedarse en su país, sino porque las migraciones son naturales y los seres humanos nos vamos a seguir moviendo a cualquier costa. 

En lugar de invertir cientos de millones en que gobiernos con grandes carencias en su aplicación de los derechos humanos eviten, usando a veces la muerte, que las personas se muevan, deberíamos usar ese dinero en gestionar los movimientos de la mejor forma para todos. Ya en 2018 el Banco Mundial planteaba que las migraciones sin inevitables y recordaba que, si son bien gestionadas, resultan ser muy positivas. Contra esas afirmaciones chocan sin duda los intereses de una floreciente industria del control de migratorio que parece haber venido para quedarse.