Opinion · Con M de

Juegos de playa

'Un cabo suelto'. Foto: Pilar Lucía López.
‘Un cabo suelto’. Foto: Pilar Lucía López.

Pilar Lucía López (@PilarLucia7)

La playa de poniente tiene una arena fina y dorada. Calienta un sol africano que impide pisarla sin correr hacia la pasarela de madera. Cinco muchachos, entre otros cincuenta, están disfrutando de un campamento de verano por primera vez en su vida y esperan a la monitora que les ha tocado. Todos son menores tutelados. Están impacientes por meterse en el agua y esperan en la orilla.

Una monitora se acerca y llama por su nombre a los del grupo: Salim, Anas, Yassim, Souleiman, Mohamed. Diez pies se hunden en la arena y forman canales diminutos en el fondo. Yassim, el más inquieto, sonríe y hace muecas cómicas de zambullirse. Arquea la espalda y junta los brazos por encima de su cabeza como diciendo ‘ven enseguida que me tiro, que estoy loco por entrar en el mar’. Luego les da permiso con la barbilla y les advierte: ¡Solo podéis nadar hasta esa boya, chicos! ¿Vale? ¡Vale!, afirman todos y salen disparados y se sumergen como delfines. Otros flotan como pueden agitando los brazos como perrillos.

La monitora les propone hacer juegos acuáticos, saltos dándose las manos por encima de las barreras amarillas. Se ríen, se salpican, se atropellan y vuelven a ser críos. Ahora les dice: un momento, vamos a “hacer el muerto”, ya sabéis, ¿no? A ver Yasim, que te vea yo, haz el muerto. Y el joven no lo duda un segundo y se queda flotando con la cabeza hundida hacia abajo y los brazos abiertos. Los demás le imitan conteniendo la respiración. Se forman cinco estrellas con la frente sumergida en el mar. Parecen náufragos ahogados.

Ella nota un pellizco en el corazón y no sabe qué hacer con su asombro. Se retira el flequillo y va hacia Yasim. Le agita y le coge del hombro. ‘No, así no, que te ahogas. No hagas el tonto, venga. El muerto hacia arriba flotando, y luego nos cogemos de las manos’. ‘Ah, ¿el muerto hacia arriba?, entiendo’, dice Yassim. Y el chico se tiende sobre el agua, pero se hunde porque no sabe cómo hacerlo. ‘Se me va el culo abajo’, se ríe de sí mismo. La monitora le coge por la espalda y pone sus manos en la cintura del chico. ‘A ver, así, túmbate sin miedo. Mete más la cabeza, ahora mira al cielo y no te pongas rígido. ¿Ves como flotas? Así, así, muy bien’. Se da cuenta de que es un descubrimiento para todos y le cuesta creerlo.

Yasim se tumba y sonríe aunque le entran pequeñas olas por la cara. ‘Cierra los ojos y estira el cuerpo’, le dice la profesora. Se queda quieto, muy quieto, y llega al equilibrio con una sonrisa de placer en la boca. Luego se incorpora y grita admirado. ‘¡Qué bien, ya se hacer el muerto p’arriba!’ Los demás quieren probarlo también. Y se ayudan unos a los otros como han visto que hacia la profesora. Yasim vuelve a flotar en horizontal, ahora con la cabeza un poco menos hundida. ‘¡Qué buena idea! ¡Muerto hacia arriba! Si yo hubiera sabido antes…’ Dice, y le brillan los ojos.

¿Antes de qué? -le pregunta la monitora. Él se queda callado y se va hacia la orilla donde hace pie. Ella le sigue.

‘Antes de aquella noche de noviembre, la noche más larga de mi vida. No sé las horas que estuve nadando para cruzar la frontera. Venía con mi amigo Ismail. Casi se ahoga. Hacía mucho frío y le dio un calambre en la pierna. No podía nadar y se quedó quieto y temblaba mucho. Yo estaba muy cansado y no sabía qué hacer. Miré alrededor y vi una lancha de salvamento. Me puse como loco a hacer gestos con los brazos, mientras mi amigo se agarraba como un pulpo a mis hombros. Si hubiera sabido “hacer el muerto hacia arriba” no hubiera luchado tanto por mi amigo. Solo empujándole le habría salvado. No quedaba mucho hasta la playa pero casi nos ahogamos los dos’.

Ella se ha quedado muy seria y no pregunta más. Él habla entre risas como si esa desventura le hubiera ocurrido a otro. De vez en cuando se pone serio, abre mucho los ojos y vuelve al relato.

‘Vi que era la Guardia Civil de salvamento y seguí haciendo señas. Y grité “Soy minor, minor”, para que nos recogieran. Estábamos muy cerca. Me dijeron que alzara las manos y yo tenía en ellas una bolsa de plástico con mi ropa y no la soltaba. Mi amigo seguía hundiéndome del hombro. Los del barco nos enchufaban la linterna y la luz nos deslumbraba. Vi que iban armados con fusiles. Luego tiraron una cuerda que me dio en la cabeza. Luego ya casi no recuerdo porque nos llevaron a comandancia y me quedé dormido en un cuarto muy oscuro’.

La monitora no le mira. Yasim vuelve al mar y le grita a los otros, chapoteando espumas a su paso: ‘¡Eh! ¡Ya sé hacer el muerto, ya sé hacer el muerto! ¡El muerto hacia arriba!’, y se vuelve hacia ella sonriendo. ‘Muy buena profesora de natación, gracias, gracias’.