Del peligro de muerte en Siria al sufrimiento y la adversidad en los países de asilo

La ciudad de Daraa bombardeada. Foto: Mohamad Abazeed
La ciudad de Daraa bombardeada. Foto: Mohamad Abazeed

Okba Mohamad (@okpazobany)

Tras una violenta campaña militar contra la provincia meridional siria de Daraa, en septiembre del año pasado, lanzada por el régimen de Al-Assad, el partido libanés Hezbollah y la cobertura aérea rusa, no teníamos más alternativa que realizar un desalojo forzoso. Nosotros, periodistas y activistas, trabajamos para cubrir las violaciones y crímenes cometidos por Al-Assad y Rusia, mientras las milicias les apoyan bajo amenaza de asesinato o matanza directa.

Nos desplazamos a la provincia de Idlib en el norte de Siria, la cual se convirtió en lugar de reunión para residentes de todos los lugares de Siria como consecuencia del desplazamiento. Fue así debido a un acuerdo entre las facciones de la oposición siria y la ocupación rusa.

Un periodista llamado Moussa al-Masri declaró: “Hemos sido arrestados en la ciudad de Homs, nos han apuntado directamente con armas de alto y medio calibre mientras los autobuses estaban llenos de mujeres y niños, sintiendo un miedo y pánico indescriptibles. Era capaz de ver a través de los ojos de todos los presentes, desde los niños hasta la gente mayor”.

Integrante de las milicias iraníes que interceptaron el convoy cerca de Homs, en una foto realizada durante el desplazamiento. Foto: Mousa Masri.
Integrante de las milicias iraníes que interceptaron el convoy cerca de Homs, en una foto realizada durante el desplazamiento. Foto: Mousa Masri.

Moussa fue capaz de tomar algunas fotografías de las milicias durante la detención, que se alargó siete horas seguidas, y añadió: “la gente está esperando en los autobuses sin bebida ni comida. También les han prohibido salir del autobús para ir al baño, jamás había presenciado una situación tan horrible. Tras siete horas de detención por fin fuimos liberados. Nos permitieron seguir por la carretera en dirección al norte y, cuando llegamos a la parte liberada del norte de Siria, la cual no controla el régimen, no sabíamos lo que nos esperaba, nuestro destino y futuro se mostraban inciertos».

Fotografía tomada durante el desplazamiento en bus. Foto: Okba Alzobani.
Fotografía tomada durante el desplazamiento en bus. Foto: Okba Alzobani.

Al principio no teníamos ningún sitio al que ir, nos encontrábamos desamparados, y en cuanto llegamos nos llevaron a campos de internamiento para personas desplazadas, dando comienzo a un nuevo sufrimiento. Algunos decidieron ir a Turquía, mientras que otros prefirieron quedarse en Siria, ya que salir hacia Turquía implicaba una dificultad en sí misma, pues era ilegal y podía exponernos a riesgo de muerte ante los guardias de la frontera turca”.

En ese momento nosotros estábamos trabajando con organizaciones relacionadas con la protección de periodistas que estudiaban la salida de estos del norte de Siria y Turquía hacia países europeos. Nosotros, trece periodistas, fuimos elegidos para trasladarnos de Turquía a España el 20 de mayo de 2019.

Llegamos a España buscando una buena vida y mejores condiciones, pero no sabíamos que nos enfrentaríamos a nuevos retos y dificultades que complicarían nuestro futuro en este país. Nos vimos sorprendidos por significativas leyes y condiciones que eran injustas y muy difíciles para nosotros, sobre todo por el hecho de que ya llevábamos soportando situaciones muy difíciles durante los nueve años de guerra. Nos mostramos en contra de estos últimos acontecimientos cuando aceptamos salir, por el trato y el peligro constante al que estábamos expuestos, especialmente después de que el régimen sirio lanzara una campaña militar en Idlib, la última área de ocupación de la oposición siria. A medida que pasaban los días nos estábamos quedando sin un lugar al que volver como consecuencia de la injusticia del régimen sirio y los aviones rusos, que matan todo lo que encuentran a su paso aun sabiendo que muchos de nosotros ya fuimos bombardeados en la provincia de Idlib.

Daraa

Entre la restrictiva seguridad, la persecución de los sirios en Turquía, el peligro de volver a riesgo de ser bombardeados, asesinados o quedarse esperando a ser asesinados por un bombardero ruso en el norte de Siria, comenzamos un nuevo viaje hacia lo desconocido. El primer destino fue la Embajada española en la capital turca de Ankara. Allí todo el mundo recibió un visado, así como una huella dactilar electrónica, pero no teníamos ni idea de qué ocurriría después de eso, pues pensábamos que los países europeos eran como el cielo. Cuando llegamos, nos sorprendimos de nuevo, porque tuvimos que empezar todo desde el dolor. Nos recibió una organización y nos llevaron a un campo de alojamiento de refugiados (CAMP), que es el procedimiento normal para todos los refugiados, o para aquellos a los que se les ha otorgado protección internacional y evacuación a los países de la Unión Europea, así que no mostramos ningún tipo de insatisfacción con ello.

Pero mientras pasaban los días, los hechos comenzaron a esclarecerse, porque nadie nos había dicho que no tendríamos la posibilidad de regularizar nuestros papeles, como los de residencia, o los documentos oficiales para poder viajar, hasta que no pasaran un año y medio o dos. Los trece periodistas que componíamos el grupo le preguntamos al cuerpo legal representado por abogados, basándonos en nuestros documentos, y nos dijeron que ese procedimiento iba en contra de la ley de la Unión Europea y que el tiempo límite para sopesar el caso era de seis meses, añadido al déficit económico que sufría España, junto con la escasez de oportunidades de trabajo en el futuro. Además, la duración de la recepción de refugiados es de un año y medio, lo que va más allá de un planteamiento razonable y es un problema a tener en cuenta de cara a que debes aprender español en un año y medio y además buscar trabajo. Es imposible hacer todo eso en ese corto periodo de tiempo.

Condiciones severas y presiones

Los miedos empezaron a crecer, estábamos preocupados por nuestro futuro y destino, ¿sería la calle nuestra última parada algún día? ¿O nos ocurriría al revés debido a la situación económica de España y la falta de oportunidades?

El periodista Moaz Abu Muhannad, miembro del equipo, dijo que se encontraba bajo presión de la organización de ayuda que era directamente responsable de él. Aun siendo periodista y opositor del régimen sirio, la organización le impuso por la fuerza acoger en su casa a una familia siria que era leal al régimen y no tenía problemas con él. Visitaban regularmente áreas pro régimen en Siria, lo que suponía un gran peligro para Moaz, así como para su mujer y su hijo. Moaz dijo que había elevado objeciones contra esta decisión, pero fueron rechazadas y le dijeron que podría alquilarse una casa por su cuenta. Venía de una guerra que había durado nueve años, ni siquiera había podido ganarse la vida, así que, ¿cómo iba a poder alquilar una casa?

También manifestó que una de las presiones a las que estaba sometido era que la organización le privó de comprar algunas de las necesidades más básicas para su hijo pequeño, mencionando las galletas de chocolate como producto prohibido entre las restricciones de comida y bebida. Moaz señaló también el maltrato del cuerpo médico: su mujer sufre reumatismo, una enfermedad crónica que le forzaba a quedarse en cama, así que pidió a la organización que le remitieran a un especialista lo más pronto posible, pero la respuesta de la organización fue que le darían cita para finales de 2019, y cuando preguntó el porqué de tanto retraso le contestaron que no contaban con suficientes estructuras y el número de pacientes era muy elevado. Esto fue lo que hizo que Moaz decidiera dejar España e ir a otro país europeo en busca de un buen futuro y una vida mejor, donde su familia pudiese vivir con dignidad tras el sufrimiento de la guerra.

Todas estas presiones han hecho que muchos piensen en dejar España y buscar una oportunidad para una vida mejor, como nuestros dos amigos, Sulaiman y Fadi, que siguieron a Abu Muhannad al mismo país. Además, nuestro amigo Abdullah y su familia de cuatro personas también emprendieron un viaje a otro país de la Unión Europea, a través de lo desconocido. Decidir entre irse o quedarse es una fuente de incertidumbre para todos nosotros porque el Gobierno español no se preocupa por nuestra situación.

El periodista Hamza (pseudónimo para proteger su identidad) dijo: “España no me ha ofrecido ni los derechos más básicos, como una residencia o un documento para poder viajar, aunque sí nos dio una carta roja de identificación con la que no podemos hacer nada, ni siquiera recibir un envío de dinero. Durante cinco años y medio no he visto a mi familia, que se encuentra refugiada en Jordania, donde yo me encontraba y de donde fui forzosamente deportado en 2014. Creí que España me ofrecería algún documento rápido que me permitiera visitarles, y que los refugiados que este país trae desde Turquía, Líbano y Jordania a través de la ONU contarían con una garantía de cinco años de residencia legal y documentos de viaje cuando llegaran al territorio español, entonces ¿por qué la gente como yo que proviene de una zona de guerra no es tratada de manera similar?

Okba Mohamad es un periodista sirio actualmente refugiado en España.

Traducción de la periodista Ana Nieves (@_anuva_)