La xenofobia que generan los medios ya no es noticia, tampoco en Perú

Foto: Hugo Londoño / CC BY-SA 2.0
Foto: Hugo Londoño / CC BY-SA 2.0

Patricia Páez (@Patty_Paez09)

¿Qué efecto podría tener en un lector tener todos los días noticias sobre crímenes realizados por ciudadanos de una nacionalidad en específico? La xenofobia. La semilla del mal que crece poco a poco en muchas ciudades es la que alimenta la errónea idea de que los migrantes llegaron a un país para delinquir. Una semilla que es regada por algunos medios de comunicación sin reparo ético en el daño que pueden causar. 

Ningún lugar del mundo está a salvo de posibles actos delictivos. Sin embargo, sabemos que  América Latina es considerada la región más violenta del mundo y la criminalidad se vive día a día hasta incluso llegar a lo absurdo, como evitar un asalto por ser vecino o amigo de los ladrones. La delincuencia no tiene color, raza, ni nacionalidad. Este es un mal social que habita en todos los rincones del planeta y los medios tienen el deber de tratar la información sin fomentar el prejuicios en el público.

La  reciente Carta Mundial de Ética para Periodistas firmada en Túnez este año reza lo siguiente: “El o la periodista velará por que la difusión de información o de opiniones no contribuya al odio o a los prejuicios y hará todo lo posible por no facilitar la propagación de la discriminación por motivos de origen geográfico, social, racial o étnico, género, orientación sexual, idioma, discapacidad, religión y opiniones políticas.”

Sin embargo, el diario en español más vendido en Perú, Trome, está plagado de titulares que caracterizan a los delincuentes por su país de origen. Diferentes medios, entre ellos El Comercio, han optado por hacer esta clasificación con mayor frecuencia desde la llegada de venezolanos a las principales ciudades del país como Lima, Tacna, Trujillo y Arequipa. El resultado es una falsa percepción de sus lectores sobre los extranjeros que llegan a sus vecindarios. Esto ha ocasionado que más del 50% de los limeños consideren que el aumento de la delincuencia es debido a los migrantes.

La reacción en la capital peruana frente a la llegada de la migración venezolana y a las noticias que la criminalizan ha llegado a acciones propias del facismo. El distrito más turístico de Lima -y uno de los más caros y exclusivos-, Miraflores, ha iniciado un plan de “control migratorio” en el cual intervienen en las calles a cualquier persona extranjera  con apariencia latina para revisar su estado migratorio en el territorio.

¿Cuál es el criterio que siguen entonces estas autoridades para encontrar fácilmente a los venezolanos, detenerlos y expulsarlos? Ninguno. Pero no se equivoque: si usted es rubio, blanco y habla inglés o cualquier idioma que no sea español, lo más seguro es que no lo moleste ningún policía municipal. No obstante, si tiene ‘rasgos latinos’ (cabello negro, tez morena, habla español pero con acento caribeño -para diferenciarte de un peruano-) lo más seguro es que sea interceptado. 

Este operativo es con claridad una búsqueda discriminatoria y racista -una persecución- contra los ciudadanos venezolanos. Es decir, basta con que vistas una camiseta de la selección venezolana para que empiecen a correr detrás de ti. 

El daño que han ocasionado los medios de comunicación en la imagen que se tiene sobre los venezolanos en el Perú es enorme. No solo por cómo numerosos periodistas han distorsionado la realidad migratoria, sino porque promueven la xenofobia en la población peruana, una sociedad caracterizada también por ser multicultural. Este es un ejemplo de cómo el papel que ejercen los medios de comunicación en el discurso antimigratorio ha traspasado fronteras y es este uno de los tantos debates que se llevarán a cabo en el II Congreso Internacional de Periodismo de Migraciones en Mérida (España). Porque es indispensable conseguir que la narrativa con la que describimos y hablamos de la movilidad humana cambie, por el bien de las personas, por el bien de todos nosotros, los migrantes.