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Refugiados en Atenas, el blanco perfecto de las mafias de la droga

Refugiado viviendo en calle Atenas. Foto: Jesus Matsuki

Jesús Matsuki (@JesusMatsuki)

La agencia oficial contra el abuso de las drogas de Grecia (Okana), alerta que se ha multiplicado por cinco el número de personas con drogodependencias entre las personas extranjeras, y que la cifra se ha duplicado entre las personas sin hogar en los últimos 15 años.

Según aclaran, la cifra debe ser superior. Muchas personas no acuden a centros de desintoxicación, aun queriendo, por miedo a ser registrados en el sistema -existe una gran diferencia entre el censo oficial de personas refugiadas y la realidad-.

Grecia hace un esfuerzo en ofrecer programas de desintoxicación -heroína principalmente- pero también crece el consumo de otras drogas de más fácil acceso y consumo: Cannabinoides tradicionales o sintéticos y una nueva metanfetamina llamada «shisha», más económica y de mayor poder psicoactivo.

El perfil del consumidor es mayoritariamente, dentro de las personas refugiadas, el del hombre no acompañado -sin esposa e hijos-.

Para entender por qué una persona que ha huido del horror de la guerra termina en otro como es el de la drogadicción es necesario realizar un análisis de todos los condicionantes que rodean esta situación. 

Vivir fuera del sistema

El convenio de la Unión Europea Dublín III:  Este acuerdo señala una serie de criterios para determinar qué país debe hacerse cargo de una solicitud de asilo. En la práctica, se traduce en que el primer país europeo donde solicites asilo será aquel en el que te den permiso -con mucha suerte- para quedarte a vivir y trabajar. El desempleo en Grecia ronda el 35%. Esta información llega también a los refugiados antes de cruzar las fronteras de Grecia. Tasos Smetopoulos, coordinador de la ONG STEPS, que trabaja a pie de calle con personas sin hogar en Atenas, ve en este acuerdo europeo el origen de que muchas de las personas prefieran vivir fuera de radar. 

Tasos Smetopoulos, coordinador de la ONG STEPS. Foto: Jesus Matzuki

Personas que han huido de la guerra o de otros conflictos, que han atravesado países a pie o embarcado en lanchas inseguras no tienen problema alguno en intentar continuar un poco más para llegar a El Dorado de muchos refugiados: Alemania. 

Vivir dentro del sistema, pero abandonarlo por necesidad

Muchos hombres no acompañados viven en campos de refugiados -y por tanto, están registrados-, pero al ser las condiciones de vida cada vez menos salubres física y psicoloógicamente deciden abandonarlos aun quedando fuera del sistema. Terminan viviendo en la calle o en “squats”. 

Dentro del sistema, pero…

Natalia Pelaz, de la ONG Holes in the Borders explica que muchos de los jóvenes a los que ayudan, al no tener suficiente dinero para comer debido a las escasas ayudas, terminan cayendo en la prostitución. Al sentirse mal por lo hecho, terminan drogándose para intentar olvidar. Al cabo de un tiempo están enganchados y para lograr el dinero siguen recurriendo a la prostitución en un círculo vicioso destructivo.

La falta de programas de integración

Uno de los objetivos de esta pequeña organización es la integración: Clases de griego, inglés o inserción sociolaboral, aspectos imprescindibles que hasta ahora las autoridades y otros organismos internacionales no han cuidado en exceso y cuya tarea recae en pequeñas ONG que trabajan a pie de calle.  Otra organización que da fe de ello es SOS Refugiados. “No tienen nada que hacer, están todo el día tirados en la calle. Algunas veces van a algún curso que oferta una ONG pequeña, pero el resto del día…”  Estas palabras pertenecen a Patricia Conde, responsable de la organización que reparte comidas a más de 4000 personas al día por las calles de Atenas. Aclara también que la mayor parte de las personas con drogodependencias no consumía antes en su país. 

SOS refugiados tiene muchos voluntarios. En Atenas, casi todos los voluntarios de esta organización son personas refugiadas. Intentan salir adelante y colaboran para que otros lo hagan. 

Dos voluntarios en un "squat" -centro abandonado ocupado- tras repartir juguetes entre los niños que allí vivían. Foto: Jesus Matzuki
Dos voluntarios en un «squat» -centro abandonado ocupado- tras repartir juguetes entre los niños que allí vivían. Foto: Jesus Matzuki

Uno de ellos es Jamal. Este joven sirio trata de ayudar muchos jóvenes en riesgo. A diario ve el proceso de destrucción en sus vidas. “Las mafias tienen a muchos jóvenes trabajando para ellos. Primero le dan drogas gratis durante un tiempo y una vez se han enganchado, para poder seguir consumiendo, tienen que pasar a “trabajar” para ellos vendiendo en las calles” -reflexiona-.

Jamal asegura que todo empieza por lo más básico, por la marihuana. De hecho a Jamal le preocupa que comiencen con la esta droga. Nunca es igual en una persona con un entorno sano q en una persona en situación de vulnerabilidad extrema. “Sin nada que hacer, siempre en la calle, las mafias les ofrecen marihuana…están felices al principio. No tienen que pensar en sus problemas. Al cabo de unos meses han perdido la vida” -reflexiona Jamal-

Jamal en la cafetería “Al-Amore”, negocio que acaba de abrir en el barrio de Exarquia. Foto: Jesus Matsuki

Los escasos recursos oficiales

¿Por qué no hay dinero para programas de integración? Los países de la UE se comprometieron a realizar un reparto de personas refugiadas, pero no se ha llevado a cabo. La realidad es que el sistema griego está desbordado, los países no han cumplido sus compromisos de relocalización y el dinero está siendo destinado a que Turquía se encargue de frenar y retornar a quienes llegan a las islas, cosa que no logra.

Ante tanta escasez, se establecen prioridades: familias con niños, personas enfermas…El perfil de hombre-no-acompañado es el menos vulnerable. Reciben menos ayudas -las pocas que hay-, que se traduce en menor capacidad de refugio y dinero, menor contacto con los agentes sociales, menor capacidad de integración sociolaboral y por tanto una mayor exposición al riesgo -mafias-. 

La necesidad de olvidar

Uno de los grandes porqués de la droga. Tasos, de la organización STEPS, prefiere no hablar de la palabra droga, sino de sustancias psicoactivas y tiene un porqué.“Lo que hacen las drogas es funcionar en tu alma y tus sentimientos y cuando hablamos de personas que han perdido personas a las que aman, casas…todo, tienen la necesidad de curar esas heridas, de olvidar, no sentir el dolor…y no saben cómo lidiar con ello.