Están luchando por hacerse con tu mente

Emigrantes españoles. Foto: Manuel Iglesias / EFE.
Emigrantes españoles. Foto: Manuel Iglesias / EFE.

Shalini Arias Hurtado (@ShaliiAriaas) 

“A los medios que vamos a emplear para extender esta verdad se les suele llamar ‘guerra psicológica’. Es la lucha por ganar las mentes y las voluntades de los hombres.”– D.D. Eisenhower, Presidente de los Estados Unidos (1953-1961). 

Hoy le escribo a mi madre, a ti, y a toda persona que se ha tragado los cuentos de caperucita y el lobo que al político de turno le ha dado la gana contar. Vivimos en una constante lucha por ganarnos las mentes de las personas, y más cuando se trata de campañas electorales. Pero la culpa no es tuya, el sistema está diseñado para que traguemos y traguemos.

La manipulación política siempre ha existido, quizá no bajo ese nombre, pero ahí estaba desde los romanos y los griegos. En la historia más reciente y contemporánea esta ha ido tomando otras formas, como el marketing político –disciplina que combina las ciencias políticas y el marketing-, que en muchas ocasiones ha ido de la mano de estrategias de comunicación como la propaganda. La figura de Joseph Goebbels, un ser sin escrúpulos y demagogo que lideró el Ministerio de Propaganda en el III Reich, fue uno de los primeros en usar métodos del marketing político. A él le siguieron personajes tan conocidos como Eisenhower o Kennedy. 

Goebbels implantó medidas novedosas para el momento, y que hoy en día conocemos como técnicas de estudio de mercado: generó una red de informadores distribuidos por todo el país que recogían datos y los cuales se utilizaron para diseñar discursos radiofónicos del régimen con el objetivo de influir en la opinión pública. En 1952, Dwight D. Eisenhower se convertiría en el primer candidato presidencial en hacer uso del Marketing Político Moderno de la mano de una agencia de publicidad, que se encargó de llevar a cabo su campaña televisiva. Él nunca apareció en el debate, pero Kennedy, mediante estrategias parecidas conseguiría ganar por primera vez un debate electoral a la presidencia televisado frente a Nixon. Esto solo ha ayudado a fertilizar más el terreno y perfeccionar las maniobras, dando lugar a lo que el pasado lunes, 4 de noviembre, vimos desde nuestras televisiones: un uso de las tecnologías digitales y medios masivos de comunicación como altavoces para la movilización del electorado político y una escena que está dominada por la imagen y la estética.

Llamémoslo debate si queremos, pero eso solo fue una puesta de largo para expandir un mensaje estudiado que, mediante grandes sumas de dinero, habían conseguido sacar a través de encuestas de opinión para llegar al mayor número de personas. Poca interacción entre los candidatos -salvo para generar una campaña negativa sobre el adversario-, y poca espontaneidad: líneas muy claras en sus discursos, de las cuales no se salen.

Te preguntarás que para qué toda esta información. La respuesta es sencilla: nos la están metiendo doblada. Cuando el suministro de información se reconoce con facilidad pierde toda su efectividad, de ahí que todos caigamos como moscas. Pero es hora de poner en marcha nuestra agencia, de hacer uso de nuestro pensamiento crítico. Aunque durante su campaña política hemos visto cómo se adueñaban de ciertos espacios y sacaban a relucir verdades a medias o generaban bulos. Un caso muy destacable es el de la (in)migración, un concepto que abarca una riqueza de significados inmensa y que se ha visto mancillado por un discurso del odio, xenófobo y racista. Por no hablar de cómo los medios de comunicación han hecho eco del mismo, y han unido el término a palabras que distorsionan la realidad, y que generalmente se refieren a fenómenos de catástrofe natural en sus titulares. 

 No nos dejemos engañar tan fácilmente, ahora que ya sabemos que la manipulación está a la vuelta de la esquina, démosle un giro de 180º a la situación. Recuperemos nuestros espacios, marquemos nosotros los tiempos y las reglas del discurso. En muchos casos no requiere de grandes esfuerzos. Tomando el anterior ejemplo, el de la (in)migración: un fenómeno diverso y natural, el cuál nos han vendido como artificial y reciente. Bueno pues no, no es así, solo basta con mirar al pasado, o leer un libro para desmontar su discurso. Os dejo unos cuantos ejemplos de cómo la (in)migración no es nada novedosa:

  •  El hombre prehistórico migraba buscando comida, o mejores condiciones ambientales que le permitiesen sobrevivir.
  • Los hugonotes fueron perseguidos, discriminados y vieron sus derechos mermados ya que su culto religioso era ilegal durante los siglos XVI-XVIII. Migraron a Sudáfrica, Norteamérica, Holanda, Inglaterra y Alemania.
  • Los alemanes del Volga, quienes reciben este nombre por asentarse cerca del río Volga. Tras perder a su reina Katharina II y sus derechos, migraron a EEUU, Canadá y América Latina.
  • Los españoles durante los años 50 y 60 migramos a Francia, Suiza, Alemania y varios países de América Latina, como Venezuela o México, en busca de una vida mejor.
  • En la actualidad hay dos millones de españoles viviendo en el extranjero. El repunte en ese dato se produjo justo después de la crisis, cuando el desempleo se disparó en España y muchos ciudadanos españoles pudieron migrar para trabajar, estudiar o acompañar a sus seres queridos en otro país con más oportunidades.

Podría seguir poniendo ejemplos de diferentes casos, o hablando de los beneficios que las migraciones presentan para la humanidad, pero eso lo pueden mirar ustedes en la página web de la Fundación porCausa. Aún así, creo que queda claro que las migraciones son naturales, que han existido y siempre existirán. No dejemos que el marketing político nos confunda, y nos venda una patraña. Es posible generar nuevos discursos basados en hechos veraces y no en bulos.