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La resistencia de los trabajadores indocumentados en el EEUU de Trump

Foto: National Day Laborer Organizing Network (NDLON)
Foto: National Day Laborer Organizing Network (NDLON)

Natália de Oliveira Ramos  (@nataliaperiod)

«Dénme a sus cansados, a sus pobres». Este fragmento del soneto ‘El Nuevo Coloso’, grabado en 1901, en la base que sostiene la Estatua de la Libertad, parece tener otra interpretación hoy en día. Emma Lazarus, una neoyorquina descendiente de sefardíes portugueses, de su puño y letra, lo escribió sobre unos Estados Unidos de América que acogen multitudes de inmigrantes. Probablemente, le sonaría distópico un futuro en el que crecen la explotación laboral, las deportaciones, el número de niños y niñas arrancados de sus padres y, aún más surrealista, la construcción de un muro en la frontera con México.

En nuestros tiempos menos poéticos, el discurso antimigratorio del presidente estadounidense Donald Trump suena como un vinilo roto. Cargada de xenofobia, su oratoria quiere hacer encoger los hombros de los inmigrantes indocumentados. La amenaza de deportación se convirtió en una potente herramienta del sistema capitalista norteamericano. “EEUU gana con la explotación laboral, pues a una persona sin papeles no hay que pagarle los beneficios”, explica Gonzalo Mercado, quien coordina desde Nueva York proyectos transnacionales de la Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras, una ONG con sede en Los Ángeles – National Day Laborer Organization Network (NDLON), de su sigla en inglés. 

En su paso por Madrid el pasado octubre, con motivo de una conferencia ofrecida en la Fundación porCausa, Mercado habló de los migrantes indocumentados que llegan a EEUU, especialmente los latinoamericanos, que representan una fuerza de trabajo indispensable para el bienestar social y la economía de ese país. Tras el paso del huracán Sandy por Nueva York, en 2012, ilustra de forma macro este contexto, según ejemplifica el coordinador. Los jornaleros migrantes se volcaron en ayudar a recuperar el lugar, que tras la tormenta dejó a miles de personas sin hogar y un número de muertes directas que varía entre 117 y 147, según el informe que se mire. 

Este hecho intrépido ocurre en menor escala a diario. Más allá de las intimidaciones de deportación, muchos migrantes asumen riesgos físicos propios de los trabajos forzados, y se exponen a no cobrar su remuneración y otros abusos por parte de sus empleadores. “La ausencia de documentos que legalicen la permanencia en territorio estadounidense no invalida los derechos humanos y la seguridad laboral de los inmigrantes”, defiende el coordinador de NDLON, que habla del tema con conocimiento de causa. Mercado es chileno y vive en Estados Unidos desde 2000. Solamente en la localidad en la que ejerce, hasta 2016 había una media de 10.000 jornaleros, de acuerdo con la información más reciente de la organización New Immigrant Community Empowerment

En su visión, las lógicas de la cultura de empleabilidad están arraigadas en la sociedad. “No se ve al jornalero como un ser humano, con necesidades propias y derechos”, señala, “solo hay beneficios para el empleador”. Según él, el jardín de un hogar estadounidense es donde se encuentran estos dos universos paralelos: “Hay migrantes que trabajan en casas con carteles de apoyo al gobierno de Trump; una hipocresía”.

Foto: National Day Laborer Organizing Network (NDLON)
Foto: National Day Laborer Organizing Network (NDLON)

Centros de jornaleros 

En EEUU , el estado con la democracia más antigua del mundo, tienen una ley laboral específica (Occupational Safety and Health Administration, OSHA) que certifica la no discriminación de los trabajadores indocumentados. Con algunas excepciones y matices, y a diferencia de España, en numerosos de estados de EEUU, como Nueva York, los migrantes indocumentados pueden trabajar e incluso gozan de protecciones municipales, incluso cuando se encuentran en situación de deportación a nivel federal.

En NDLON se organizan y actúan desde 2001 para garantizar que las leyes y los derechos de los trabajadores migrantes sean respetados. Mercado explica que el liderazgo de los trabajadores es el pilar de los centros de jornaleros distribuidos por EEUU; que presta orientación social y jurídica a las personas indocumentadas. “El inmigrante debe articular las soluciones para sus propios problemas. Tiene voz y puede influir en políticas públicas”, concluye, haciendo referencia al logro mas reciente del gremio: el Green Light Bill, una ley que garantiza a aquellos en situación irregular el derecho a conducir por las calles de la Gran Manzana.

Anteriormente la NDLON, que se involucra en litigios y ofrece representación legal a los trabajadores migrantes, obtuvo éxito en el caso Rómulo Avelica, quien llevaba varios años viviendo y trabajando en el país y en 2017, mientras llevaba su hija a la escuela, fue detenido por su situación irregular. Tras seis meses detenido, Avelica volvió a reunirse con su familia y se convirtió en una voz destacada en la defensa de la ley del “estado santuario” de California, son lugares generalmente lideradas por demócratas que no asignan recursos para perseguir a inmigrantes; que mantiene sus datos lejos de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), evitando, en teoría, las deportaciones en caliente. 

Aunque el colectivo haya ocupado más sillas en el ambiente político, queda mucho por hacer. Trump ha representado un retroceso, en especial al tema de los derechos humanos. Las redadas de ICE han establecido el miedo en los jornaleros; quienes en diversas ocasiones dejan de salir a trabajar por recelo de ser llevado a la cárcel; en otras palabras, dejan de alimentar a los suyos. Pese a que el republicano siga animando a los xenófobos durante la campaña presidencial en 2020, el trabajo sigue. En enero, NDLON abrirá una sede en El Salvador.

Natália de Oliveira Ramos es una periodista brasileña especializada en asuntos internacionales, y que forma parte del equipo de porCausa.