Opinion · Con M de

Venezolanos sí, pero no aquí

Amalia y Maye, inmigrantes venezolanas y socias de Las Reinas Pepiadas, un emprendimiento de integración en Ecuador. Foto: Alexandra Maldonado.

Por Asier Hernando Malax-Echevarria (@Asierhm)

No cabe duda de que el número de personas venezolanas que se han visto obligadas a salir de su país recientemente es exorbitante y dramático. Se estiman más de 4,4 millones hasta agosto de 2019 a causa de la crisis económica, política y social que vive ese país. La cifra equivale alrededor del 14% de su población.

Son cifras comparables a los grandes fenómenos migratorios latinoamericanos, como la llegada de cerca de cinco millones de europeos a Argentina ente 1891 y 1915. Españoles que huían de la tercera guerra carlista, alemanes exiliados por un decreto de 1878 de Bismarck que prohibía el socialismo o muchos otros, sencillamente, buscando una vida mejor.

Equivale también a los cuatro millones de extranjeros que en 1979 vivían en Venezuela, colombianos, peruanos, ecuatorianos y españoles muchos buscaban también un país que les brindase nuevas oportunidades, seguridad y prosperidad. Venezuela históricamente ha sido un país receptor de población.

Los países actualmente receptores de la migración venezolana, Perú, Colombia y Ecuador especialmente, tienen una gran tradición emigrante, el mundo al revés. Conocen bien la necesidad de salir del país de origen por necesidad, por la razón que sea, porque eso importa menos y todas son válidas y legítimas. Alrededor del 10% de colombianos y peruanos viven lejos de sus países: 4,7 y 3 millones respectivamente. En el caso de Ecuador, el 6,5% de su población vive en el extranjero (1,1 millones).

La media mundial es del 3,4% de personas viviendo lejos de sus países de origen y no ha variado mucho en los últimos años, por mucho que se hable de “invasiones o “éxodos” y se acentúen los discursos nacionalistas y xenófobos.

Con toda la tradición de migración de la región, ¿cómo está siendo recibida la población venezolana, siendo el último gran proceso migración de la región? Es la pregunta tratamos de responder  desde Oxfam en el informe Sí, pero no aquí.

Entre febrero y julio de 2019, realizamos un estudio cuantitativo y cualitativo que ayuda a comprender mejor las percepciones de las personas en los principales países de Colombia, Ecuador y Perú, principales países de acogida de la migración venezolana. También analizamos las ideas que guían sus posiciones frente a la migración y cómo reproducen, en muchos casos, narrativas xenófobas, machistas y discriminatorias.

El estudio nos señala que en el imaginario de las poblaciones receptoras no está evidenciado el aporte positivo de la población migrante. A pesar de que se comenta que las personas de Venezuela han diversificado sabores populares o contribuido en algunos rubros, como en ‘bandas de salsa’, resultan percepciones casi cosméticas con relación a la real comprensión y asimilación de su aporte.

Por ejemplo, en los tres países, está acentuada la percepción de que la migración no contribuye económicamente al país. El 64,3 % de la población de Perú cree que las personas migrantes se benefician mucho más de lo que aportan, percepción menos elocuente en Ecuador (48 %) y en Colombia (56 %), respectivamente.

Sin embargo, el Servicio de Estudios Económicos de BBVA estima que el PIB potencial de Perú aumentó en 2018 casi un punto porcentual más de lo que hubiese aumentado si la migración venezolana no hubiese ocurrido. Y el impacto fiscal de la migración muestra un balance positivo de US$ 154 millones entre ingresos y gastos en 2018. Otros estudios también sobre Perú estiman en US$600 millones al crecimiento del PIB —representando el 0,3 % del PIB en 2019-.

Así, mientras la migración venezolana está siendo positiva en diferentes aspectos, la xenofobia se está agudizando, ¿Cuál es la razón?

La cobertura noticiosa y la circulación de contenidos en redes sociales de hechos concretos en puntos de frontera, o casos aislados, esta reforzando esta percepción, y todos tenemos una responsabilidad en evitarlo. Cuando hablamos de “éxodo”, “invasión”, “colapso” o “migración masiva”, se está introduciendo miedo a la población de acogida, principal catalizador de la xenofobia.

Los hallazgos del estudio constatan que las narrativas antimigratorias están comenzando a enmarcar su discurso sobre la base de miedos ya conocidos, lo que lleva a las personas que tenían dudas, cada vez más, al lado ‘contra’ y acentuando sentimientos xenófobos y discriminatorios.

Se debe tomar con mayor cuidado y atención el incremento de la xenofobia, la discriminación y la violencia machista en los países receptores hacia la población venezolana.

El crecimiento de sentimientos xenófobos y discriminatorios alimenta la fractura social de los países de acogida; además, incrementa notablemente los riesgos y vulnerabilidades que enfrentan las personas migrantes, en especial, las mujeres y las niñas.

Una comunicación responsable, basada en evidencia y en derechos, es necesaria para evitar que la migración canalice una culpa y una insatisfacción que no le corresponden, derivadas de precariedades y desigualdades preexistentes, a las que no se ha dado respuesta adecuada. Esto, además de exacerbar la xenofobia y discriminación, distrae la atención hacia las verdaderas causas de estas situaciones y, por tanto, de sus posibles soluciones, perpetuando así la desatención y la injusticia.

La comunicación asertiva y responsable, basada en los derechos, también salva vidas.