Opinion · Con M de

Carolina Elías (SEDOAC): «El feminismo tiene una deuda con las trabajadoras del hogar»

Centro para trabajadoras del hogar. Fotografía: Carolina Elías
Centro para trabajadoras del hogar. Fotografía: Katty Solórzano Cedeño

Katty Solórzano Cedeño | Poder Migrante (@MigrantePoder)

A propósito de la conmemoración del 25N Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, conversamos con Carolina Elías, presidenta de Servicio Doméstico Activo (SEDOAC). Su asociación lleva más de una década lucha por los derechos de las trabajadoras del hogar y los cuidados visibilizando la discriminación y violencias a la que se exponen las mujeres migrantes en este sector laboral en España.

¿Cuál es tu análisis de la relación entre la violencia de género y las condiciones estructurales que  exponen a las mujeres migrantes ante dicha violencia, especialmente trabajadoras del hogar y los cuidados?

Carolina Elías. Fotografía: Katty Solórzano Cedeño
Carolina Elías. Fotografía: Katty Solórzano Cedeño

Las mujeres migrantes tienen que enfrentar  una serie de violencias entre las que se encuentran la violencia institucional que, bajo la forma de la Ley de Extranjería, somete a las mujeres a soportar situaciones que en ningún otro trabajo se consideran aceptables. ¿En qué entrevista de trabajo se toleraría que te pregunten si tienes hijos y si contestas ‘sí’ a continuación te preguntan ‘¿en tu país?’ y si contestas ‘sí’, entonces eres elegible, pero si contestas ‘aquí’ quedas descartada? O te pregunten, ‘¿tienes pareja?’ y si contestas ‘sí’, te pregunten ‘¿en tu país o aquí?’ y si contestas que aquí, te pregunten si piensas verle mucho. Las mujeres migrantes no consideran aceptable este trato, pero al ser la única vía de acceso a un contrato de trabajo para obtener la regularización acaban soportando lo insoportable. Por ejemplo, para las mujeres que trabajan como internas la vida social queda prácticamente anulada ya que las familias demandan disponibilidad  absoluta a bajo coste. Si eres interna y exiges más allá del salario mínimo, enseguida te dicen que el sueldo se compensa con que tengas casa donde vivir o comida, aun cuando es muchas veces racionada. Intentan venderte el trabajo como un “chollo” pero la realidad es que son mujeres con muy limitadas posibilidades de tener vida personal. 

Para las mujeres que trabajan como internas la vida social queda prácticamente anulada ya que las familias demandan disponibilidad  absoluta a bajo coste

En estas circunstancias, la violencia de género adquiere dimensiones específicas ya que las trabajadoras migrantes tienen mayores dificultades y condicionamientos para hacer frente a situaciones de violencia de género, no sólo por la precariedad del empleo del hogar y cuidados, si a esto se  suma que dependes de ese contrato para obtener el permiso de trabajo o su renovación, la autonomía frente a la pareja o cualquier tipo de abuso de género es muy limitada.

¿Cómo ha sido la lucha que ha conllevado la consecución del Centro de Empoderamiento de Trabajadoras del Hogar y los Cuidados impulsado desde SEDOAC? 

La idea surgió de una experiencia que conocimos de unas compañeras de Brasil. Nos inspiró que era un espacio dedicado exclusivamente a la atención de trabajadoras del hogar. Con esa idea empezamos a trabajar en este proyecto y en el año 2015 en un Congreso organizado por la Plataforma Grupo Turín, que reúne a entidades de trabajadoras del hogar y los cuidados, presentamos el proyecto. Posteriormente, en otro Congreso de trabajadoras del hogar y cuidados, coincidimos con representantes del Ayuntamiento del Distrito de Usera que creyeron en el proyecto y la necesidad de crear un Centro específico para las trabajadoras del hogar. Este espacio pasó de ser un local abandonado a ser un espacio de empoderamiento para mujeres migrantes con servicios de asesoramiento jurídico, sociolaboral y psicológico, formaciones y actividades lúdicas, entre otras, adaptando las actividades a los horarios de las trabajadoras ya que, por ejemplo, quienes descansan sólo los domingos no tienen asistencia en los servicios públicos.

¿Por qué es importante la creación de un espacio como este en un contexto en el que se extienden discursos de odio hacia las personas migrantes y trasladan a la opinión pública la idea de las personas migrantes como una amenaza?

Porque precisamente este sector está siendo invisibilizado y menospreciado desde las instituciones y desde la sociedad. Las trabajadoras del hogar y los cuidados no tenemos los mismos derechos que las trabajadoras de otros sectores y desde los distintos gobiernos no ha habido una apuesta clara por cambiar esta situación. Hubo una Ley en el año 2011 con algunos avances como la obligación de pagar a las empleadas el total de salario mínimo en metálico y no en especie, pero en la práctica esos derechos no se materializan. Todavía falta por lograr el reconocimiento de derechos básicos como la prestación por desempleo o una normativa específica de prevención de riesgos laborales.

Centro para trabajadoras del hogar. Fotografía: Carolina Elías
Centro para trabajadoras del hogar. Fotografía: Katty Solórzano Cedeño

Por otro lado, hay una doble moral en la sociedad en lo que respecta al rol de las personas migrantes en su aporte al Estado de Bienestar. De hecho, hay estudios que demuestran que en 2011 la crisis de los cuidados se frenó gracias a la incorporación de mujeres migrantes al sector. Y la pregunta clave es sobre quiénes recae finalmente el peso de este trabajo y a qué precio tienen que cuidar las mujeres migrantes, porque el hecho de que el Estado no cubra esta necesidad no significa que deje de existir y al precio que las familias están dispuestas a pagar a 6 o 7 euros la hora incluyendo allí tu salario por vacaciones, festivos, seguridad social -si te la pagan- cabe preguntarse a cuánto sale la hora de trabajo, a 3 o 4 euros en condiciones de explotación de hasta 16 horas al día si eres interna. Ese trabajo no lo acepta ninguna persona que tenga otra opción.

Teniendo en cuenta que SEDOAC apuesta por las alianzas y el apoyo mutuo, ¿cómo deberían tejerse esas alianzas con los grupos de feministas autóctonos y cómo te posicionas en relación a los discursos del feminismo antirracista?

Creo que el feminismo debería de ser de todas las mujeres sin importar de dónde vengan, pero cuando se habla de ‘poner la vida en el centro’ nos preguntamos la vida de quiénes se pone en el centro, porque muchas mujeres para lograr sus metas profesionales siguen necesitando que otras mujeres realicen las actividades de limpieza o cuidados familiares y, sin embargo, no se apoya suficientemente nuestra lucha para que este trabajo sea realizado en condiciones dignas.

Muchas mujeres para lograr sus metas profesionales siguen necesitando que otras mujeres realicen las actividades de limpieza o cuidados familiares

La perspectiva interseccional y antirracista tiene que estar determinando al feminismo como ejes centrales porque el 8 de marzo salimos todas a reivindicar los derechos de las mujeres, pero nosotras necesitamos que también el 30 de marzo, Día de la Trabajadora del Hogar, salgan masivamente las que se llaman feministas. Si no, ¿cómo se puede hablar de poner en el centro los cuidados cuando el día que salimos a manifestarnos las que cuidamos no vemos al movimiento feminista? Es una gran deuda del feminismo con nuestras luchas. Esperamos que las feministas se unan a nuestra lucha por mantener el espacio de apoyo a las trabajadoras del hogar y los cuidados, que actualmente no tiene garantizada la financiación para su continuidad.

Finalmente, como feminista migrante, ¿en qué consiste el empoderamiento a las mujeres que tienen unas necesidades específicas asociadas a su condición migratoria? ¿qué necesidades ves en este sector?

El empoderamiento pasa por informarles de sus derechos, ofrecer formación para el empleo y un profundo trabajo de autoestima pero sobre todo, y es lo que hace especial este recurso, convertirnos en una red de apoyo para esas mujeres. El trato desde la empatía y la comprensión es necesario cuando tratas con mujeres que en muchos casos sus derechos han sido vulnerados en sus países de origen y se encuentran de nuevo empujadas a situaciones de vulnerabilidad.

El empoderamiento pasa por convertirnos en una red de apoyo para esas mujeres

Aún hace falta mucho por hacer: quitar el estigma del trabajo del hogar y cuidados, que los y las trabajadoras de este sector sean reconocidas como técnicas de cuidado y que se ofrezcan servicios como en cualquier otro ámbito laboral con todos los derechos reconocidos para garantizar un trabajo de calidad en condiciones de dignidad.