Opinion · Con M de

Seguramente Greta no robó en El Corte Inglés

Greta Thunberg at the Parliament. CC European Parliament from EU
Greta Thunberg at the Parliament. CC European Parliament from EU

Lucila Rodríguez-Alarcón (@lularoal)

El mundo tiene una nueva líder juvenil de 16 años, Greta Thunberg, que pese a haber sido fuertemente cuestionada ha conseguido poner el cambio climático en lo más alto nivel del debate público, otra vez. No es la primera, antes que ella estuvo la fantástica Severn Cullis-Suzuki que con tan solo 12 años se convirtió en un símbolo de lucha contra el calentamiento global – que en aquella época todavía se llamaba así – tras su impresionante discurso en la Cumbre de Medio Ambiente y Desarrollo del 92. 

Greta es sueca, su madre es una popular cantante de música lírica que incluso represento a Suecia en Eurovisión, y su padre es actor. Severn es canadiense, su padre es genetista y su madre escritora de libros. Ambas han contado con el apoyo de sus familias siempre y seguramente eso les ha ayudado a avanzar por el complicado camino convertirse en verdaderos estandartes humanos de la sensibilización ecológica y humanista. Menos mal que Greta y Seven han tenido a sus padres.

Hace un par de meses, en su discurso en la Cumbre de Acción Climática, Greta acusaba a nuestros ruinosos líderes de haberle arrebatado su juventud. Y sin duda tiene razón, porque Greta no tiene edad de andar por ahí dando discursos, o atravesando el Atlántico en Catamarán, sino de estar estudiando y posiblemente de liarla parda como hacen muchas de las adolescentes del mundo. La adolescencia es una época muy complicada en la que niños y niñas encerrados en cuerpos de adultos se debaten por decidir si son mayores o siguen siendo infantes. Aborrescencia la llaman. Pocas son las personas que conozco que no tengan algún oscuro secreto que atribuir a su adolescencia. Yo por ejemplo, entre varias cosas oscuras, hay una que me da especialmente vergüenza y es que robé en El Corte Inglés. No una vez sino varias veces, hasta que un día, me pillaron. Pasé un rato horrible metida en un cuartucho, con un poli bueno y luego uno malo que se turnaron entre mi amiga Alicia y yo. Me sentí mal y tardé un tiempo en compartir mi experiencia con gente conocida. Cuál no sería mi sorpresa al descubrir que la gran mayoría de la gente que me rodeaba, incluidos mis primos recién llegados de Argentina, ¡habían robado en El Corte Inglés! Durante bastante tiempo me deleité compartiendo mi hazaña y escuchando las nuevas tácticas para mejorar las calidad de los hurtos. Pero nunca más volví a robar en ningún sitio, no necesitaba robar para sobrevivir, ni para conseguir algunos de los caprichos más básicos que tan importantes me parecían. ¿Para qué pasarlo mal? Nunca nadie me hizo sentir una criminal por haber robado, ni siquiera los dos interrogadores del centro comercial. Nunca nadie me acusó ni me amenazó de echarme de España o enviarme a un centro correccional. De todos modos mis padres no habrían permitido que un error de adolescencia acabara con mi futuro adulto. Menos mal que he tenido a mis padres. 

Mientras escribo estas líneas no puedo dejar pensar en todos esos chavales y chavalas adolescentes que están en nuestro país sin padres. Todos y todas dependerán de su suerte para salvarse de ser arrollados por el sistema si les pillan mangando en El Corte Inglés. En estos días, si además han venido de fuera es posible que el juicio social que reciban sea demoledor. Es incluso probable que, aunque no roben en ningún sitio, les acusen por defecto de ser ladrones o delincuentes. Solo por parecer mayores ya no tendrán la oportunidad de cometer errores. Y lo más triste de todo es que posiblemente muchas de quienes los juzguen con dureza sean personas buenas a las que se les olvida que la adolescencia es una época espantosa que solo se supera con paciencia, ejemplo, seriedad y generosidad. El adolescente es como una maceta en la que en general crecerá lo que nosotros plantemos, amor u odio. Y no estamos hablando aquí de buenísimo sino de psicología infantil y pedagogía. 

“En Canadá vivimos una vida privilegiada (..) Hace dos días, aquí en Brasil, nos sorprendimos cuando pasamos algún tiempo con unos niños que viven en la calle. Y uno de ellos nos dijo: “Desearía ser rico, y si lo fuera, daría a todos los niños de la calle comida, ropa, medicinas, un hogar, amor y afecto”. Si un niño de la calle que no tiene nada está deseoso de compartir, ¿por qué nosotros, que lo tenemos todo, somos tan codiciosos? No puedo dejar de pensar que esos niños tienen mi edad, que el lugar donde naces marca una diferencia tremenda. Yo podría ser uno de esos niños que viven en las favelas de Río; podría ser un niño muriéndose de hambre en Somalia; un niño víctima de la guerra en Oriente Medio, o un mendigo en la India.” Extracto del discurso de S.C-Z. en la Cumbre del Clima en 1992.

Severn Cullis-Suzuki no podría ser uno de esos niños y este tipo de discurso ahora, 25 años más tarde, ya está tan manido que por desgracia no nos sirve. Sin embargo, fíjense que hace 25 años muchos de los padres de los jóvenes sirios que ahora viajan por el mundo tratando de buscarse la vida, sufriendo vejaciones y ataques, eran y vivían como lo hacemos nosotros ahora. Y esos padres jamás habrían pensando que sus hijos sufrirían lo que los chavales de las favelas que describe Severn. 

El Futuro es incierto. Construyamos un futuro en el ningún hijo que no tenga padres esté desprotegido y reciba tanto mal que eso lo convierta en malo. Construyamos un futuro seguro y generoso para nuestros hijos, nazcan donde nazcan, vivan donde vivan. Aunque solo sea por egoísmo inteligente. Porque Greta seguramente no habrá robado en El Corte Inglés pero nuestros hijos, hijas, nietos, sobrinas, hijados puede que sí lo hagan.