Uno de los secretos mejor guardados de la Constitución

Firma de la Constitución Española
Firma de la Constitución Española

Jana Kluiber (@JanaKluiber)

“¿Aprueba el Proyecto de Constitución?”. Esa fue la pregunta que tuvo que contestar la ciudadanía española en el referéndum del 6 de diciembre de 1978. El ‘sí’ fue la respuesta de la mayoría de los españoles y las españolas, que por primera vez tras cuatro décadas de dictadura pudieron acudir a las urnas. Un momento histórico que encontró su lugar en la memoria colectiva de España con el Día de la Constitución. Hoy se cumplen 41 años de aquel día.

Muchas voces piden reformas, por diferentes motivos, pero con el mismo argumento: después de tantos años hace falta adaptar la piedra fundamental del Estado a la realidad actual. Solo hubo dos enmiendas de la Constitución desde su aprobación. Mirar los textos a través de las gafas del presente para decidir cuales son las partes que necesitan un rejuvenecimiento no es mala idea. A veces, observar el pasado desde una perspectiva actual es muy revelador.  

Si miramos los acontecimientos alrededor de la aprobación de la Constitución española desde el actual debate público sobre las migraciones, nos hallamos con un detalle sorprendente: precisamente la Constitución, la Carta Magna que sienta las bases democráticas de España, no habría sido posible sin el trabajo de un grupo de migrantes.

Empezando por el solemne acto de la sanción y promulgación de la Constitución por parte del entonces rey Juan Carlos I

El monarca nació en Roma, que era la residencia de exilio de la familia real en aquel momento. Después de haber pasado unos años en Suiza, el rey pisó suelo español por primera vez. Su familia le mandó a educarse en España al cumplir diez años. Poco después de llegar, tuvo que irse otra vez: la relación entre su padre y Franco empeoró y el joven fue enviado a Lisboa. Pasado un año, volvió a España, esta vez para quedarse.

Se podría pensar que un itinerario tan extendido a esta edad es bastante excepcional, pero resulta que su esposa le gana: Sofía de Grecia y Dinamarca, que en realidad se llama Σοφία Μαργαρίτα Βικτωρία Φρειδερίκη, nació en Grecia. Debido a la invasión alemana de su tierra natal, pasó parte de su infancia en Egipto, Sudáfrica y Londres. Hizo su bachillerato en Alemania, volvió a Atenas para estudiar Bellas Artes y Arqueología y se casó con Juan Carlos I. Celebraron una ceremonia católica y otra ortodoxa, porque su matrimonio no fue solo intercultural, sino también una unión de religiones. Aunque solo por poco tiempo: Sofía se convirtió al catolicismo poco después de su boda, para integrarse mejor en la España católica.

Pero los que realmente determinaron la historia española en este aspecto no fueron los reyes, sino los llamados ‘padres de la Constitución’. Siete hombres de diferentes convicciones políticas redactaron los 169 artículos de la ley fundamental de España. Con la actual política antimigratoria, probablemente no hubieran podido. Quizá habría faltado Miquel Roca. Como el entonces rey Juan Carlos, nació en el exilio, en Burdeos (Francia), y como la entonces reina, tuvo que dejar su hogar en la infancia a causa de la expansión del Tercer Reich. Fue con su madre a Barcelona, donde estudió Derecho y empezó su carrera política. Junto a los autores compañeros, asumió la tarea de redactar la Constitución, y se convirtió en una de los políticos más conocidos de aquella época.

Aparte de estas figuras emblemáticas, colaboraron muchas otras personas para elaborar la Constitución de España. Alguien tenía que asegurarse de que la Carta Magna no tuviera errores de redacción. Nadie mejor que Camilo José Cela y Trulock, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1989, que se encargó de revisar los aspectos lingüísticos de la Constitución. Es fácil imaginar al autor gallego, de ascendencia inglesa e italiana por parte de su madre, dando particular cariño al Artículo 20, que garantiza la libertad de expresión. Así, nunca más tendría que publicar sus obras en el extranjero, como fue el caso con su novela ‘La colmena’, que vio la luz en Buenos Aires (Argentina).

Y finalmente, aquél 6 de diciembre 1978 el 87,9% de los españoles votó a favor del nuevo texto constitucional e hizo realidad la Constitución española. Muchos de ellos acababan de volver de Alemania, Suiza, Francia u otros países con mejores perspectivas económicas, donde estaban trabajando por unos años. Más de un millón de migrantes salieron de España entre 1950 y 1960 debido a la  pésima situación económica del país en la posguerra y la represión. La Constitución como último hito de la Transición a la democracia dio esperanza para un futuro mejor en España.

La Constitución no existiría sin las migraciones y tampoco tendría para quién existir

Por lo tanto, la Constitución no existiría sin las migraciones y tampoco tendría para quién existir. Como toda historia de la humanidad, la historia de España está llena de movimientos de personas. Algunos se vieron obligados a salir del país, otros se fueron en busca de una vida mejor, unos volvieron, otros se quedaron en el nuevo hogar. Hace falta tenerlo en cuenta cuando hablamos de migraciones hoy en día. 

En un tiempo en el que los movimientos de personas ocupan un espacio central en el debate público al mismo tiempo que vemos cómo aumenta la xenofobia y cómo las políticas antimigratorias siguen costando miles de vidas inocentes, un cambio de perspectiva es más necesario que nunca. De hecho, es imprescindible, porque la democracia en España se basa sobre una Constitución que establece la dignidad de la persona y la Declaración Universal de Derechos Humanos como fundamento. Para todas las personas, no importa su nacionalidad.