La luz real de la Cañada

Cañada
Hamida y sus compañeras de Tabadol. Fotografía de Ligia Berrocal

Ligia Berrocal (@ligiabe_)

  • La resistencia de la Cañada Real (Madrid) está siendo un ejemplo de liderazgo femenino y juvenil, voces que brillan con energía para recordarnos maneras de organizarnos, de lucha por la dignidad

Con voz enérgica y sin perder la sonrisa, Hamida protesta junto a sus compañeras de la Asociación Cultural Tabadol frente al consistorio de Vicálvaro (Madrid). A pesar del frío y la indignación, sus pies bailan y los ojos se le encienden al hablar: "Vivo en la Cañada [el asentamiento que atraviesa tres municipios madrileños] desde 2004, desde mi infancia y, ¿sabes qué? Estoy muy a gusto. Tengo a mis vecinos, mi casita, y la verdad que nos llevamos muy bien. Dicen que da miedo venir a la Cañada pero yo te aseguro que no es verdad, en el sector V somos gente normal. Obvio que ahora sin luz te da miedo, pero eso te pasaría en cualquier barrio".

Así como brillan sus palabras se justifica su enojo ante una situación catastrófica que dura ya cuatro meses: "Que se ponga en nuestro lugar Ayuso y todos los que nos critican un solo día, no aguantarían ni medio. Hace muchísimo frío y nos tratan como bola de petanca. ¿Tú crees que si fuera por las plantaciones no serían capaces de mandar a la Policía a que hiciera su trabajo? Porque no han desmantelado nada, solo han cortado un par de cables. Dicen que es porque la red está sobrecargada y es mentira, nos han puesto limitadores y están jugando con nosotros. La gente se está poniendo muy enferma".

Cualquiera que haya vivido el temporal Filomena el pasado mes de enero puede imaginarse lo difícil que sería sobrevivir a esas temperaturas sin luz ni agua caliente. A todas nos trastocó la rutina de una manera u otra, lo que pasa es que hay casos en los que esas vicisitudes te pueden afectar en lo más hondo. Raquel, vecina del sector VI, trabaja como pasante en un despacho de abogados, preparando expedientes de extranjería. Tras una semana intentando arrancar el motor de su coche para ir a trabajar, sufrió una lesión en el brazo que le impide escribir y manejar el ordenador. Hasta el pasado noviembre vivía en Cañada con su padre, pero ahora se ha quedado sola. A su padre se lo llevó el Samur Social a una residencia de emergencia debido a un enfisema pulmonar consecuencia de una infección por covid-19 y del frío que estaba pasando. "Yo soy autónoma y pago mis impuestos. Que piensen en nosotras. Yo no me pongo a pensar si hay muchas personas inmigrantes en la Cañada, lo que sí te puedo decir es que desde el 2 de octubre que nos cortaron totalmente el suministro de luz estamos todos muy unidos".

En la sede de Somos Tribu VK, red vecinal vallecana de apoyo mutuo creada a raíz de la pandemia y que ahora está ayudando activamente en todo lo que afecta a la comunidad —como en recogida de ropa de abrigo para la Cañada y otras zonas o creación de despensas solidarias— se nota esa incandescencia en las afirmaciones de su equipo motor: "¿A mí qué me importa lo que tenga uno u otro? ¿Le importan a alguien las joyas que tienes tú? La gente tiene derecho a la sanidad pública, a un trabajo digno, a la educación, a una vivienda, ¡a la luz! Y la desigualdad social es pasmosa". Mantienen la lógica del apoyo mutuo, animando a todo el mundo a formar parte de la red, saben que para que su sistema sea sostenible y evitar el asistencialismo, las personas que reciben ayuda necesitan también sentirse involucradas, con el poder de ayudar a su vez.

Los movimientos participativos hacen que la gente reaccione, porque nunca se sabe qué será lo próximo que vamos a necesitar. Existe una tendencia general a fomentar el individualismo: desaparecen subvenciones a proyectos comunitarios y de participación, se privatizan servicios públicos esenciales en plena pandemia y se cierran centros sociales. Pero es a través de la unión vecinal que se ha labrado la lucha histórica por derechos básicos como la luz, la vivienda digna o el acceso a la sanidad pública. Muchos barrios de la periferia de Madrid han soportado políticas discriminatorias sin perder ese sentimiento de comunidad —e incluso saliendo fortalecidos de cada batalla.

En este sentido, Juan Merín, director de la Fundación Voces, sostiene que la cultura y la creatividad son eje vertebrador del buen funcionamiento y desarrollo de barrios en riesgo de exclusión: "Traer la cultura es fundamental porque demuestra que se puede disfrutar de un buen concierto o un espectáculo de danza en la Cañada sin que te pase nada, y que además hay personas con talento, como en cualquier otro barrio de Madrid". Merín lleva 10 años trabajando en la Cañada y su vinculación se nota en el orgullo con el que cuenta cómo los talleres de rap que organiza con niños y niñas del sector V ayudan a que estos expresen sus anhelos, inquietudes y reivindicaciones a través de las letras que componen.

La Cañada resiste porque la luz que les niega la Comunidad de Madrid prende la llama de la lucha compartida. Porque cuando el sistema te da la espalda, sabes que no puedes depender de él ni te puedes quedar sola; la solidaridad vecinal se vuelve indispensable y tan natural como la vida misma. "Ahora que tú estás fuerte, ayuda a los demás": es una máxima que leí grafiteada en algún muro de algún lugar del mundo que ahora no recuerdo; se me antoja atemporal y más necesaria hoy que nunca.

La covid-19 nos ha puesto a todas en la misma línea, y afloran las reflexiones sobre si saldremos fortalecidas como sociedad después de la debacle. "Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias", decía Einstein. No es mala idea empezar a pensar en esto mientras aún seguimos sufriendo los efectos de la pandemia. La resistencia de la Cañada Real está siendo un ejemplo de liderazgo femenino y juvenil, voces que brillan con energía para recordarnos maneras de organizarnos, de lucha por la dignidad y de compartir. Fijémonos más en esta solidaridad llevada a la práctica y reaccionemos ante el abandono público y la violación de los derechos fundamentales al que está siendo sometida la Cañada. En los tiempos que corren queda muy claro que nada está garantizado y que quizás tenemos que recuperar antiguos modos de vida para que el futuro que nos espera merezca ser vivido. O como decía el añorado Julio Anguita: "Entérate de los problemas y únete a la gente, sacúdete la pereza, mira lo que ocurre a tu alrededor… Sé un combatiente, porque sino el futuro no existe, y tú lo habrás impedido".