Abu y Raúl: dos continentes, una amistad

Abu y Raúl
Abu y Raúl. Fotografía de Alba Solla

Alba Solla (@AlbaSolla)

  • Abu, que llegó a España con 14 años y solo, no obtuvo el reconocimiento como menor hasta haber cumplido los 17 y se ha enfrentado a muchos obstáculos
  • "Siempre he pensado que yo no sería capaz de hacer lo que hizo Abu, irme a un sitio en el que no conozco a nadie, en el que no domino la lengua… Fue muy valiente", dice su amigo Raúl.

Si España dirigiese la vista hacia el sur unos cuatro mil kilómetros, se encontraría con Gambia, un pequeño país de África Occidental desconocido para la mayoría y sin vínculos aparentes con el grueso de la población. Sin embargo, las corrientes migratorias hacen posible que, diariamente, el mapa se llene de pequeñas historias de amistad transfronteriza en las que las diferencias culturales no tienen cabida. Abu y Raúl son los protagonistas de una de ellas.

"En Gambia el futuro estaba muy borroso, pero aquí ya lo tengo casi todo, solo me falta un trabajo", recuerda Abu desde un banco en Madrid Río. La vida en la capital es ahora tranquila para él, aunque sus inicios fueron complicados: "Al principio es muy difícil porque estás solo, no conoces a nadie, y yo creo que es fundamental tener amigos, dejas de sentirte aislado". Fiel seguidor del Manchester United, su vida cambió cuando llegó hasta el equipo de fútbol sala Arboleda, en Carabanchel, donde se encontró con Raúl, hace ya año y medio. Su amigo cuenta que cuando conoció a Abu se llevó una buena impresión: "Recuerdo que uno de los primeros días me hizo una carga jugando y me llevó por delante. Al momento de pasar, me pidió perdón y se preocupó un montón por mí. Me pareció un chaval majo y normal, se adaptó genial al equipo". Sin embargo, el momento de compadreo pronto se transforma en uno de sus habituales piques: "No es mal futbolista [Abu], pero es peor que yo", presume Raúl; "pero yo era el pichichi del equipo, doce goles marqué", concluye Abu orgulloso.

Más allá de sus constantes tira y afloja, ambos se encuentran unidos por una fuerte amistad asentada sobre la comprensión, especialmente cuando se trata de los difíciles comienzos de Abu en España: "Siempre he pensado que yo no sería capaz de hacer lo que hizo Abu porque no puedo concebir el irme a un sitio en el que no conozco a nadie, en el que no domino la lengua… Le admiro un montón porque hacer algo así me parece imposible, fue muy valiente". Abu aterrizó en el madrileño aeropuerto de Barajas en marzo de 2017, con tan solo 14 años. Los complicados y eternos procesos burocráticos de inmigración provocaron que su pasaporte gambiano no tuviese validez para las autoridades españolas, por lo que fue enviado al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Hortaleza. Comenzó entonces un largo proceso para determinar su minoría de edad. Este reconocimiento solo se produce en caso de que el migrante cuente con documentación reglada que lo acredite como menor o teniendo una apariencia física que no genere dudas respecto a su edad. Tras numerosas pruebas invasivas y traumáticas, calificadas por la ONU como contrarias a los derechos humanos y por las que el Comité de los Derechos del Niño ha denunciado a España hasta en 14 ocasiones, la última el pasado mes de febrero, Abu obtuvo el reconocimiento como migrante menor cumplidos ya los 17.

Sin embargo, durante los años previos a ese momento, el joven pasó por situaciones angustiantes que contravienen los derechos que poseen los menores migrantes, recogidos en la Convención sobre los Derechos del Niño. Desde vivir durante ocho días en el aeropuerto de Barajas esperando la resolución de su solicitud de asilo hasta librarse de la deportación en dos ocasiones gracias a la intervención de su abogada, facilitada por CEAR, Abu ha enfrentado todo tipo de obstáculos jurídicos y legales sin perder jamás de vista sus objetivos: "Desde el principio supe qué quería hacer. Primero aprendería español y después estudiaría algo".

Cuatro años después de su llegada a España, se expresa con total fluidez y se encuentra cursando las prácticas de un grado medio de instalación y amueblamiento, donde se siente cómodo trabajando: "En el centro de trabajo la gente me trata muy bien, sobre todo mi jefe de taller. Cuando él no está, me deja a mí a cargo de los chicos y el ambiente es muy bueno, estamos riendo todo el rato". Abu tiene, además, una oferta como auxiliar educativo sobre la mesa, aunque implica trasladarse a Zaragoza, una idea que se le antoja poco atractiva si piensa en su vida actual: "Ya tuve que dejar a mis amigos en Gambia, no quiero empezar de cero otra vez. En Madrid estoy a gusto, me siento integrado en la sociedad".

Sin embargo, la situación de las personas migrantes en España suele encontrarse empañada por actitudes discriminatorias. A través del estudio Percepción de la discriminación por origen racial o étnico por parte de sus potenciales víctimas en 2020, impulsado desde el Ministerio de Igualdad, se evidencia que el 51,8% de las personas encuestadas pertenecientes a grupos raciales y étnicos han sufrido algún tipo de discriminación, especialmente en relación a su color de piel y rasgos físicos. Por ello, Abu es consciente de que el racismo continúa siendo un problema latente en la sociedad, habiendo quienes ven en el migrante a un enemigo: "Ellos han nacido aquí y, más o menos, tienen cubiertas sus necesidades desde pequeños. Sin embargo, si hubieran nacido en África o en lugares con pobreza generalizada y viesen a sus madres sin poderlos mantener, si no tuvieran nada, te prometo que también saldrían del país", asevera, defendiendo que cualquier persona es susceptible de ser migrante. La madurez con la que se expresa permite entrever el aprendizaje de alguien a quien le ha tocado ser adulto desde muy temprano, pero que, tras cuatro años, se siente cómodo con su nueva vida en España: "Me encanta la vida aquí y hasta se parece un poco a mi país porque la gente está mucho en la calle, hay mucho movimiento, mucha fiesta, y Gambia es más o menos así".

Nacidos a un continente de distancia, los dos jóvenes se han vuelto ahora inseparables: "No conozco a Abu desde hace tanto, apenas un año y medio, pero siento que con él tengo una confianza que no tengo con personas que conozco desde hace mucho más tiempo", revela Raúl. Y es que, echando la vista atrás, por sus cabezas pasan todas las tardes de risas y confidencias, las decenas de anécdotas y los incontables partidos de fútbol que los han llevado hasta este banco en Madrid Río. "Andamos el camino/Mejor acompañados/En los momentos buenos/O en los momentos malos", entona El Kanka, unos versos que se han convertido en la banda sonora de estos amigos, demostrando que, a veces, la amistad también son dos personas que se encuentran sin buscarse y se quieren sin fronteras.