Es otro país el que gobiernan quienes odian

Congreso de los Diputados (CC BY-NC-ND 2.0)

Maysoun Douas Maadi (@MaysounDouas)

  • ¿De quién es la responsabilidad de los imaginarios y narrativas sobre migración? Aunque a algunos les cueste decirlo a bocajarro, de todas y todos los que ejercemos la política.

A sus 33 años Jessica cumplió 26 meses consecutivos en el paro. Pese a contar con dos especializaciones, un MBA y una experiencia considerable en distintos países, esta experta en innovación de orígen venezolano ha transitado los caminos de la precariedad y la temporalidad en la ciudad de Madrid, donde alrededor de 186.000 personas, 28.000 de ellas migrantes, se encuentran en situación de desempleo.

Su historia no cabe en los paradigmas de migración que se han hecho tan mediáticos gracias a la ultraderecha. Jessica no llegó de forma irregular al país, tiene una cualificación sobresaliente, es residente fiscal en España y nunca ha recibido un euro de ayudas del Estado.

Tiene una hija pequeña -nacida en suelo español- y está casada con un colombiano, y aunque su pareja ha conseguido algunos trabajos temporales, desde hace dos años todas sus preocupaciones llegan a lo mismo: no tienen dinero suficiente para pagar el lugar en el que viven, ni la comida que comen, ni los gastos que implica tener una familia.

Esa realidad tiene un acento, una particularidad que hace todavía más tensionante el día a día. "Muchas personas están viviendo con angustia por la crisis, pero no todas tienen que contar los días de vigencia que le quedan en el NIE", me dijo en un café sobre el estatus de su Número de Identidad de Extranjero, y añadió: "El tiempo cuando eres extranjero es clave. El tiempo que te dan de residencia, que te dejan trabajar, que te falta para conseguir la nacionalidad. Y muy pocas veces depende de nosotros".

¿De quién depende entonces? Desde la estrecha mirada de las competencias, el debate se dispersa tanto que se vuelve interminable. Por eso quisiera concentrarme en otra. La de los imaginarios y las narrativas, donde esa responsabilidad es, aunque a algunos les cueste decirlo a bocajarro, de todas y todos los que ejercemos la política en el ámbito nacional, autónomo y municipal.

Es en esos imaginarios, en esos discursos y posturas, donde la arquitectura legal y la actitud institucional tienen asidero, donde se engendran los paradigmas de los flujos migratorios, de la seguridad y también del "buen migrante".

Hace unas semanas, la Fundación PorCausa publicó el informe "La política del miedo: Una radiografía de la narrativa de las migraciones en el Congreso de los Diputados" en el que, después de analizar las intervenciones de siete grupos parlamentarios, no solo identificaron que desde la incorporación de VOX "se han multiplicado por dos todas las acumuladas en los ocho años anteriores", sino que concluyeron, entre otras, que el relato actualmente dominante, impulsado por la ultraderecha y apoyado por el espectro inmediatamente siguiente, es claramente hostil. Desde la línea de "amenaza a la identidad", hasta la criminalización y la xenofobia, hay de todo.

Por otro lado, encontraron que "la respuesta narrativa de los partidos no hostiles a la inmigración ha sido modesta". "Modesta" entiéndase como incapaz de desplazar o sustituir el discurso del miedo.

Una amplia mayoría de la población española comparte actitudes abiertas y comprensivas respecto a la inmigración internacional, según el Instituto de Estudios Sociales Avanzados

No deja de llamar la atención que un par de meses antes el Instituto de Estudios Sociales Avanzados, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, revelara que para "los jóvenes, personas con estudios universitarios, y personas con ideología izquierdista o centrista" la migración no se percibe como un problema. Es más, señala que "una amplia mayoría de la población española comparte actitudes abiertas y comprensivas respecto a la inmigración internacional". Es otro país el que gobiernan quienes odian.

Por eso, importa entender y transformar la forma en que estamos hablando desde la política de un fenómeno al que no le alcanzan discursos simplistas, ni adjetivos tajantes. Al que le sobran los prejuicios y le hacen falta soluciones, al que además de vulnerabilidad también le urge la palabra oportunidad. Importa, ahora más que nunca, entender que no podemos hablar de economía, ni de resiliencia, ni de empleo, ni de igualdad, ni de progreso sin incluir siempre a quienes intentan construir una nueva vida dentro de nuestras fronteras.

Aunque el negacionismo tenga escaños y la xenofobia obtenga titulares, los desafíos de España no pueden disociarse de la población migrante. Así como la historia de Jessica es también la de millones de españoles.

*Maysoun Douas Maadi es Concejala en el Ayuntamiento de Madrid por el Grupo Municipal Más Madrid.