Ni justa, ni buena, ni necesaria

Desoyendo el clamor de decenas de miles de personas que ese mismo día se habían echado a la calle, MARIANO RAJOY dijo el domingo en la clausura del congreso del PP que la reforma laboral es “justa, buena y necesaria”. Y lo dijo a pesar de que flexibiliza sustancialmente el despido y reduce las compensaciones previstas para quienes pierdan sus puestos de trabajo.

En virtud de ella, las empresas disfrutan ahora de mejores condiciones para continuar su ajuste mediante la destrucción de empleo, como si los dos millones largos que se han evaporado durante los últimos cuatro años no demostraran suficientemente que el marco legal anterior no representaba ningún obstáculo insalvable.

A esos dos millones y pico de empleos perdidos se sumarán pronto muchos más, debido a la supresión de la autorización administrativa de los ERE y al abaratamiento del despido. ¿O alguien puede creerse que los empresarios van a desaprovechar la oportunidad que la reforma les brinda para aligerar sus plantillas a buen precio?

A la hora de hacerlo ni siquiera será necesario que hayan incurrido o prevean pérdidas, como exigía la normativa impuesta en 2010 por JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO. Bastará con encadenar tres trimestres de descensos en las ventas, circunstancia a la que –dada la profundidad y persistencia de la crisis– escapan hoy en España muy pocas empresas.

Las nuevas facilidades para el despido, por otra parte, inducirán un perverso efecto de sustitución, al coincidir con potentes incentivos a la contratación, sobre todo de jóvenes en paro. Esa coincidencia constituye un estímulo para que los empresarios reemplacen ventajosamente mano de obra cara por mano de obra barata, al menos en los puestos que no requieren demasiada cualificación.

Además, si optan por conservar a sus trabajadores más veteranos, siempre les quedará la posibilidad de rebajarles el sueldo, pues la reforma de Rajoy permite hacerlo unilateralmente con sólo invocar la existencia de razones económicas, lo que conllevará un empobrecimiento general de los ciudadanos, de consecuencias parecidas a las que se derivan de una devaluación.

Para regocijo del ala más liberal del PP, capitaneada por ESPERANZA AGUIRRE, la reforma introduce también cambios de calado en la negociación colectiva, que disminuyen notablemente la capacidad de influencia de los sindicatos y que en realidad no son más que una patada del Gobierno a CCOO y UGT en el trasero de todos los trabajadores.