El síndrome de Endesa continúa vivo

El presidente de Iberdrola puso las barbas a remojar el mismo día en que a Manuel Pizarro se las intentaron cortar con la opa hostil de Gas Natural sobre Endesa. Éste salió medianamente bien parado del envite gracias a la defensa numantina que hizo de su bastión, pero no pudo evitar que se le quedaran muchos pelos en la gatera. Aunque los antiguos accionistas han visto recompensados con fuertes plusvalías los meses de incertidumbre vividos, Endesa ya no es lo que era. Ahora está en manos de Acciona y de la eléctrica italiana Enel, y el hombre que la capitaneó durante el asedio disfruta de un multimillonario retiro dorado.

Ignacio Sánchez Galán, que al principio quiso sacar tajada del fallido golpe de mano de Gas Natural, tomó buena nota enseguida de cómo se las gastaban algunos y empezó a trabajar duro para que no le birlaran Iberdrola. Consolidó su núcleo duro, formado por BBK, Bancaja y Unicaja, que controlan un 15% del capital; se atrajo a nuevos inversores de plena confianza, y mantiene a raya a los que van por libre, como Florentino Pérez (ACS), partidario de la fusión con Fenosa, y Albert Frère, principal accionista de Suez.

Esta política le ha dado seguridad a Sánchez Galán. Pero tenía una cuenta pendiente y la ha saldado, al menos en parte, con motivo de la salida a bolsa de su Renovables, que en las próximas semanas va a protagonizar la mayor colocación del año: entre 4.000 y 5.000 millones de euros. El presidente de Iberdrola ha dado entrada en el consejo de administración de su filial a esos nuevos inversores que ayudaron a acorazarse y entre los que figuran apellidos de rancio abolengo empresarial. Alberto Cortina Koplowitz, que posee casi el 3% de la empresa matriz, es el más notorio de ellos.

Sánchez Galán considera que su estrategia defensiva le permitirá trabajar sin sobresaltos durante una buena temporada, para lo que cuenta con el aval de su trayectoria en Iberdrola, cuyo volumen duplicó antes de suceder a un histórico del sector eléctrico, Iñigo de Oriol, que le cedió su puesto en 2006, después de una sosegada transición de cinco años.