El papelón de Tomás Gómez en Caja Madrid

El PSM no está escribiendo precisamente la página más brillante de su historia a propósito del relevo en la presidencia de Caja Madrid. TOMÁS GÓMEZ apoyó a un personaje tan poco recomendable como IGNACIO GONZÁLEZ para que se convirtiera en sucesor de MIGUEL BLESA. Y ahora que el candidato del PP es RODRIGO RATO por imposición de MARIANO RAJOY, parece dispuesto a respaldarlo también a cambio de un plato de lentejas.

La única obsesión del secretario general de los socialistas madrileños ha sido, en ambos casos, no perder su cuota de poder en la caja. Como si diera definitivamente por perdida de antemano la posibilidad de formar otra mayoría o de consensuar con la derecha un presidente de perfil profesional.

Es verdad que el PP tenía las mejores cartas porque controla el Ayuntamiento y la Comunidad, pero en este asunto estaba dividido y Gómez no ha tenido la suficiente habilidad para sacar partido de ello. El descarnado enfrentamiento entre ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN y ESPERANZA AGUIRRE para dilucidar quién se quedaba con un trozo mayor de la capa de Blesa era una oportunidad quizás irrepetible y que, por tanto, bajo ningún concepto convenía desaprovechar.

A su favor cabe decir que el entreguismo de IU y de la federación de banca de CCOO, preocupados sólo por conservar los beneficios de que disfrutan en Caja Madrid, le ha puesto las cosas muy difíciles a Gómez. Sin embargo, este no ha mostrado ni el más mínimo amago de rebeldía ante la situación, quizás por los mensajes contradictorios que le hacían llegar desde arriba.

Cuando el proceso se
desencadenó a finales del verano de 2008 al promover Aguirre la caída de Blesa, que no decía amén a todos sus deseos, en la dirección federal del PSOE eran partidarios de arropar a la presidenta si con ello se erosionaba a Ruiz-Gallardón. Sin embargo, RODRÍGUEZ ZAPATERO prefería que el PSM no contribuyera a desestabilizar Caja Madrid con la que estaba cayendo en el sistema financiero.

Cambio de tercio
Los deseos de Moncloa se frustraron en el momento en que Aguirre dio muestras de que no pensaba desistir de su empeño de descabalgar a Blesa, aunque para ello tuviera que llegar al extremo de hacer una ley regional de cajas a su medida, que el Gobierno llegó a impugnar ante el Tribunal Constitucional. Tras corregirse algunos aspectos insostenibles de la nueva norma, el recurso fue retirado y ahí se produjo un punto de inflexión.

Un acuerdo con sorpresa
Gómez, que hasta entonces había estado a la expectativa, debió de hacer suyo aquello de que “cuando tu enemigo es más fuerte que tú únete a él” y optó por sumarse al “pacto de estabilidad” que le ofreció Aguirre, por temor a quedarse fuera de juego en Caja Madrid. Ese pacto llevaba dentro un regalo envenenado: la presidencia de la entidad para Ignacio González, que todos los firmantes, de la noche a la mañana, se vieron en la obligación de avalar.

De Málaga a Malagón
Las luchas intestinas del PP, que desembocaron en la designación de Rato, libraron a los socialistas madrileños del enojoso trance de votar al número dos de Aguirre, que llevaba años siendo objeto de sus invectivas por la forma que tiene de manejar algunos asuntos de la Comunidad. Sin embargo, descartado Ignacio González, el secretario general del PSM, si le dan lo que pide, refrendará a Rato, sin la ventaja siquiera de hacerle un solo rasguño político a Ruiz-Gallardón.