Con negritas

El IBI, otro regalito para el año nuevo

A la mayoría de las familias no les llega la camisa al cuello por las nuevas subidas de precios anunciadas para este año y que se añadirán a las registradas durante la segunda mitad de 2007 incluso en algunos productos básicos. Como es impensable que las mejoras salariales compensen el encarecimiento del coste de la vida, existe un justificado temor a que disminuya hasta límites insostenibles la capacidad de compra de los españoles, muy mermada ya por culpa de asfixiante presión de las hipotecas.

Hay, sin embargo, un gasto en el que todavía no hemos reparado suficientemente y que también va a infligir un serio daño a la economía de los hogares. Al menos de aquellos hogares afectados por la actualización del CATASTRO, que se realiza cada diez años de forma rotatoria en todos los municipios del país. Me refiero al IBI que recaudan los ayuntamientos a partir de las valoraciones realizadas por los técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda atendiendo a criterios como la localización, la carestía del suelo y la superficie construida.

Los propietarios de inmuebles sujetos últimamente a revisión notarán pronto una fuerte subida, aunque, por fortuna para ellos, no será proporcional al incremento catastral, gracias a la aplicación de los coeficientes reductores establecidos por ley para estas situaciones y que dilatarán su impacto en el tiempo.

Un residente en la localidad madrileña de SAN SEBASTIÁN DE LOS REYES ha tenido la gentileza de ilustrarme con la notificación que acaba de recibir. Su vivienda habitual, de 123 metros cuadrados, tenía atribuido un valor de 65.668 euros. Pues bien, ahora se lo han fijado en 204.790; es decir, más del triple.

Todavía ignora cuánto le corresponderá pagar, ya que en su caso los efectos no se apreciarán plenamente hasta el ejercicio de 2009. Pero, como es natural, al hombre, de entrada, se le han puesto los pelos de punta. Además, el tipo impositivo que allí se aplica está en la parte baja de la banda en la que los consistorios pueden moverse (del 0,4 al 1,1%), con lo que el margen de maniobra del que dispone el suyo para no sangrar más de la cuenta a sus vecinos es prácticamente nulo. Salvo que los compense con bajadas en otros gravámenes, cosa harto improbable teniendo en cuenta la legendaria voracidad fiscal de las haciendas locales.