Con negritas

Ya veremos cuánto pierden al final

El desmoronamiento bursátil de las inmobiliarias es de tal magnitud que invita a echar cuenta de los pelos que sus principales accionistas se han dejado en la gatera de la crisis. Quienes lo han hecho cifran en más de 10.000 millones de euros el quebranto sufrido durante 2007 por esos inversores, entre los que se llevan la palma LUIS PORTILLO y la familia NOZALEDA. El valor de la participación del primero de ellos en Colonial, superior al 40%, mermó en 2.200 millones el pasado ejercicio. A los Nozaleda, además de la debacle de Colonial, donde tenían un 16%, les pilló de lleno la de Astroc (18%), lo redujo en casi 1.700 millones el precio de mercado de sus títulos en ambas compañías.

Estas cantidades, sin duda importantes para los perjudicados, conviene no obstante relativizarlas. Para hacerse una idea de los efectos demoledores que tienen los vaivenes de la bolsa, a veces algo caprichosos, basta fijarse en lo que le está sucediendo a un grupo sobre cuya solvencia existen pocas dudas. Inditex ha retrocedido en el último mes y medio desde los 54 euros por acción al entorno de los 37 porque las previsiones de resultados que presentó a mediados de diciembre, siendo razonables, se quedaron por debajo de lo esperado. Pues bien, ese batacazo, difícil de explicar sólo por la marcha de la empresa, le ha infligido su fundador, AMANCIO ORTEGA, un daño patrimonial del orden de los 6.000 millones; es decir, más de la mitad del perjuicio conjunto de los grandes prebostes del ladrillo.

Éstos en su mayoría, ganaron mucho dinero cuando decidieron sacar parte de sus negocios a bolsa aprovechando los vientos favorables de los que el sector inmobiliario se ha beneficiado en los últimos años. A Renta Corporación (250 millones), Parquesol (300), la denostada Astroc (190) o Realia (900), por citar algunos casos, el debut en el parqué les permitió hacer caja, con el consiguiente beneficio para los propietarios anteriores de los títulos puestos a cotización.

El colchón financiero que entonces lograron debería servirles para amortiguar la caída de ahora. Además, perder, lo que se dice perder, de momento no han perdido. Perderán, en todo caso, los que decidan vender, siempre y cuando no haya nadie dispuesto a pagarles, al menos, lo que sus menguantes participaciones les costaron.