Con negritas

Los expedientados de Cajasur y el cura Castillejo

Tras haber alejado de sí el cáliz de Cajasur, MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ parece decidido a ajustar las cuentas a quienes forzaron la intervención. El Banco de España ha abierto expediente a 40 ex directivos y ex consejeros de la entidad por su temeraria política de riesgos y por torpedear la fusión con Unicaja. Entre ellos figuran los dos últimos presidentes, JUAN MORENO y SANTIAGO GÓMEZ SIERRA, miembros ambos del cabildo de Córdoba, que históricamente ha controlado Cajasur. La sanción a la que se enfrentan puede superar los 500.000 euros, una bagatela si se compara con los 800 millones del profundo agujero que, según el Banco de España, entre todos contribuyeron a crear.

Quien sí va a irse de rositas de la debacle de Cajasur es el cura MIGUEL CASTILLEJO, presidente hasta 2005, también conocido por el apodo de Fray Langostino, dada su inmoderada afición al lujo y la buena mesa. Él fue dueño y señor de Cajasur durante tres largas décadas y tejió una red de intereses espectacular, que le resultó de gran ayuda para protegerse de las acometidas de la Junta de Andalucía e incluso del obispo de Córdoba que quiso cortarle las alas. Contra Castillejo se estrelló hace una década el infructuoso plan de MANUEL CHAVES de agrupar las cajas de la región y también el prelado FRANCISCO JAVIER MARTÍNEZ, que acabó dando con sus huesos en la archidiócesis de Granada.

De la época de Castillejo datan buena parte de las orientaciones que han llevado a Cajasur al borde de la quiebra, incluida una devoción desmedida por el negocio inmobiliario, cuyo posterior pinchazo ha conmovido los cimientos del sistema financiero español. A su propensión al clientelismo se debe también que Cajasur sea, desde hace ya bastante tiempo, la entidad de crédito con más empleados por oficina, una losa que a partir de ahora pesará sobre su nuevo propietario, la vasca BBK.

Tras jubilarse, Castillejo se refugió en la fundación que lleva su nombre y que está en el palacio de las Doblas, que le cedió el constructor RAFAEL GÓMEZ, Sandokán, imputado en la operación Malaya. Castillejo, al que le gusta ser tratado con el título de monseñor, arañó de Cajasur una pensión de 250.000 euros anuales, que no se extinguirá cuando él muera porque la heredarán con carácter vitalicio sus cuatro hermanas.