Con negritas

La Iglesia enreda en la venta de Cajasur a BBK

Tras haberla dejado a la deriva, incapaz de enderezar su rumbo, el Cabildo Catedralicio de Córdoba reclama ahora sin ningún empacho los restos del naufragio de CAJASUR. Según sus cálculos, la entidad contaba con un patrimonio neto positivo de 20 millones de euros cuando fue intervenida por el Banco de España el pasado 22 de mayo. Y la Iglesia católica pretende que ese dinero le sea reembolsado, conforme a lo previsto en los estatutos sociales para el caso de una eventual liquidación.

Cajasur fue adjudicada en pública subasta a la vasca BBK sólo dos meses después de la intervención, si bien el traspaso de activos y pasivos todavía no se ha consumado. A fin de ratificarlo, hay convocada una asamblea general a la que sólo tienen derecho a asistir los representantes del FROB, que suscribió íntegramente las cuotas participativas emitidas en junio para evitar una inminente quiebra. El salvamento de Cajasur exigió entonces la nada desdeñable cantidad de 800 millones de euros.

Cuando la asamblea apruebe el 23 de noviembre la integración en la BBK, el Cabildo de Córdoba dirá adiós a Cajasur definitivamente y por eso ha pedido formalmente que se suspenda. Su reclamación del remanente patrimonial es sólo el pretexto para retrasar en lo posible una despedida que la Iglesia sabe próxima e inevitable. Y que, además, ella misma propició el día que puso el destino de Cajasur en manos del Banco de España desdeñando otras opciones.

De puertas afuera, los directivos de BBK han restado importancia a las pretensiones del Cabildo de Córdoba, pero les inquieta que enmarañen una operación que esperaban limpia y rápida. Sobre todo si la Iglesia decide acudir a la Justicia, como ha amenazado con hacer, y los tribunales paralizan cautelarmente el proceso. Cosa que, por cierto, perjudicaría más que a nadie a Cajasur, necesitada como está de recuperar la normalidad cuanto antes.

De todas formas, el Cabildo de Córdoba, al menos hasta el momento, sólo ha dirigido sus quejas al Banco de España. El reproche más grave de la Iglesia es que, a la hora de valorar Cajasur, contrariamente a los establecido en las leyes vigentes, no se ha recabado su opinión, a pesar del indudable interés que tenía en ella. Y eso, desde luego, merece una respuesta.