Con negritas

Otro paso de Botín para consolidar su dinastía

Por muy tentadora que fuese la oferta –y todo apunta a que lo era–, si ANTóNIO HORTA-OSÓRIO se ha pasado con armas y bagajes a Lloyds, principal competidor del Santander en Reino Unido, es porque EMILIO BOTÍN no ha puesto toda la carne en el asador para evitar que se le escapara. Este pierde sin duda a uno de los profesionales más brillantes del sector, que ha timoneado con pulso firme la filial británica por las procelosas aguas de la crisis financiera; pero a cambio allana –puede que ya de forma definitiva– el camino de su hija ANA PATRICIA hacia la sucesión.

Horta-Osório ambicionaba un papel destacado en ese proceso, que será inevitable  afrontar tarde o temprano, y de hecho en algunos medios había sido citado entre los hipotéticos candidatos al relevo de ALFREDO SÁENZ, actual consejero delegado del banco. Su marcha, prevista para el 31 de diciembre, deja además una vacante de gran lucimiento, aunque también muy comprometida, pues Santander UK, con 235.000 millones de euros en activos, aporta un 18% de los beneficios totales del grupo, porcentaje sólo superado por la actividad en Brasil.

La sustitución de Horta-Osório ofrece a Ana Patricia la oportunidad de dar otro paso en esa especie de meritoriaje de lujo que le ha impuesto su padre y gracias al cual ha desempeñado sucesivos cargos de responsabilidad dentro de la casa durante más de dos décadas. En ella empezó a trabajar a los 29 años, aunque perdió todas sus funciones ejecutivas entre 1999 y 2002, a raíz de la fusión con el Central Hispano, debido a las presiones de su consejero delegado, ÁNGEL CORCÓSTEGUI, que veía en ella a una futura rival y obligó a Botín a sacrificarla para salvar la operación.

Cuando esta era ya irreversible, Corcóstegui fue forzado a marcharse –no sin antes pactar una indemnización de 108 millones de euros– y Ana Patricia, que se había dedicado mientras tanto a levantar sin el menor aspaviento una empresa propia de nuevas tecnologías, recibió la presidencia de Banesto como recompensa. Su nuevo destino profesional ahora en Londres la sitúa en uno de los grandes centros de poder financiero del mundo, donde seguirá acumulando experiencia, ganará visibilidad internacional y podrá coger distancia del menguante negocio de España.