Con negritas

Un movimiento de incierto desenlace

Por más que se le intente poner sordina, la brecha abierta entre los grandes accionistas de Sacyr a propósito de la ampliación del consejo no es precisamente una buena nueva. La paz social, siquiera aparente, que disfrutaba el grupo hasta ahora ha saltado por los aires coincidiendo con la junta general celebrada ayer en Madrid. DEMETRIO CARCELLER y JUAN ABELLÓ, que juntos representan  el 25% del capital, votaron en contra de dos consejeros propuestos por JOSÉ LUIS DEL RIVERO y MANUEL MANRIQUE, propietarios del 20%. Aun así, los nombramientos salieron adelante; pero sobre ellos pesa la amenaza explícita de una impugnación.

Las primeras noticias sobre posibles discrepancias en el seno de Sacyr surgieron hace año y medio, con motivo del encontronazo entre Del Rivero y ANTONIO BRUFAU por el dividendo de Repsol. El presidente de la petrolera planteó entonces un recorte que fue cuestionado abiertamente por su principal accionista. Del Rivero no sólo no logró impedirlo, sino que también sufrió un cierto desgaste interno, sobre todo en relación con Carceller, que a su condición de socio de Sacyr une la de amigo personal de Brufau. Además, tiene importantes intereses en el negocio de la distribución de carburantes, pues la cadena de gasolineras Disa, líder en Canarias, es suya.

Hace un par de meses, Carceller comunicó que prácticamente había doblado su presencia en Sacyr (del 6,7 al 12,9%) mediante compras en el mercado. El anuncio lo hizo poco después de que Del Rivero diera entrada a dos nuevos socios: el grupo Fuertes, dueño de El Pozo, y el constructor JOSÉ MORENO CARRETERO, que recibieron sendos paquetes del 5% y el compromiso de que estarían en el consejo. Cuando llegó la hora de materializar ese acuerdo, sin embargo, surgieron los problemas. Carceller pidió un sillón más, en consonancia con su nuevo peso en el capital de la empresa, y Del Rivero y Manrique, pese a mantener intactas sus respectivas participaciones, no quisieron quedarse atrás.

A la postre, mal que bien, habrá sitio para todos; pero está por ver a qué precio.