Con negritas

Las vueltas que da la vida en torno a Novacaixagalicia

El derrotero que ha tomado Novacaixagalicia, tras aparecer en escena inesperadamente JOSÉ MARÍA CASTELLANO, puede dar una postrera satisfacción a JOSÉ LUIS MÉNDEZ. Su rival profesional de toda la vida, JULIO FERNÁNDEZ GAYOSO, va camino de quedarse sin la presidencia de la entidad resultante de la fusión de Caixa Galicia y Caixanova. Un cargo al que Méndez aspiraba cuando ALBERTO NÚÑEZ FEIJÓO planteó esa operación a mediados de 2009 y para el que Castellano tiene ahora muchas papeletas.

Fernández Gayoso, como máximo responsable de Caixanova, puso todo tipo de objeciones a los planes de la Xunta, consciente de los problemas que Caixa Galicia arrastraba. Sólo dio su brazo a torcer después de que Núñez Feijóo le concediera amplios poderes en la nueva caja, para lo que contó con el inestimable aval del Banco de España. Como consecuencia de ello, Fernández Gayoso asumió la presidencia y Méndez, auténtico hombre fuerte de Gaixa Galicia, no tuvo más remedio que hacer mutis por el foro.

Su retirada forzosa fue el colofón indeseado a casi tres décadas de servicios, durante las que llegó a convertirse en un auténtico poder fáctico, gracias a los ingentes recursos que manejaba. Esa privilegiada posición la perdió de la noche a la mañana, pero probablemente su caída habría resultado menos dolorosa si el beneficiario hubiera sido otro. Con Fernández Gayoso llevaba años compitiendo a cara de perro por la primacía financiera en la región, donde su enemistad era de dominio público.

Últimamente, las necesidades de capital de Novacaixagalicia (2.600 millones de euros) han dado un vuelco a la situación. Pese a que Núñez Feijóo se ha empleado a conciencia, no abundan los inversores locales dispuestos a poner dinero en la entidad. Castellano, que fue mano derecha de AMANCIO ORTEGA en Inditex y ahora preside ONO, se ha ofrecido a movilizar a un grupo de fondos extranjeros. A cambio, eso sí, quiere controlar la gestión y de ahí que a Fernández Gayoso haya empezado a olerle la cabeza a pólvora.