Con negritas

La foto imperfecta de las pruebas de estrés

Dice ÁNGEL RON, presidente del Popular, que el Banco de España "ha hecho todo lo posible" para que nuestras instituciones financieras no salgan injustamente malparadas en las nuevas pruebas europeas de estrés. Pero, aunque así fuera, parece cada vez más claro que los resultados van a relegar a una nota a pie de página las provisiones genéricas acumuladas durante los últimos años y que, en consecuencia, la foto saldrá peor de lo que en puridad debería salir.

Esas provisiones se han ido constituyendo por exigencias del propio Banco de España para hacer frente a situaciones críticas, como la que se produjo a finales de los setenta a raíz de la liberalización del sector. Entonces, medio centenar de entidades padecieron graves problemas de solvencia y la mayoría de ellas desaparecieron del mapa para siempre, dejando tras de sí un largo reguero de damnificados.

De esa traumática experiencia nació el Fondo de Garantía de Depósitos, al que contribuyen bancos y cajas con el fin de que sus clientes, en caso de quiebra, puedan recuperar al menos una parte del dinero. También en aquella época se dotó al Banco de España de amplias competencias en materia de supervisión y se le atribuyeron las facultades necesarias para establecer las provisiones que ahora han evitado una debacle.

Pese a que Basilea III prevé su futura generalización, la Autoridad Bancaria Europea se niega a contabilizar de momento como capital esas provisiones, so pretexto de que, al no existir en otros países, los resultados de las pruebas de estrés entre entidades de distinta nacionalidad serían incomparables. Lo cual significa que el esfuerzo de tres décadas quedará sin recompensa, por la peregrina razón de que los demás aún no han sido obligados a realizarlo.

Un esfuerzo, por cierto, que se ha proyectado en los dividendos de los accionistas, en los tipos de interés de activo y de pasivo y en las comisiones que pagan los clientes. De ahí que ignorarlo no sea sólo un agravio a la banca española, tan criticable por otras cosas; sino también una tomadura de pelo para todos.