Con negritas

La nueva e incierta vida de las cajas gallegas

Después del tira y afloja que mantuvieron por el reparto del poder antes de la fusión, ni Caixanova ni Caixa Galicia van a mandar a la postre en el banco nacido de ella. En su consejo de administración, constituido esta semana, se sientan los antiguos presidentes de ambas cajas: JULIO FERNÁNDEZ GAYOSO y MAURO VARELA. Pero quienes de verdad cortarán el bacalao son JOSÉ MARÍA CASTELLANO, en calidad de presidente ejecutivo, y CÉSAR GONZÁLEZ BUENO, el nuevo consejero delegado, procedente de ING.

El nombramiento de este último, además, ha obligado a jubilar a JOSÉ LUIS PEGO, mano derecha de Fernández Gayoso y hombre fuerte de Novacaixagalicia (NCG) durante los últimos meses. Su salida dará mayor libertad de movimientos a Castellano y a González Bueno, que a partir de ahora podrán concentrarse en el principal reto al que se enfrentan. NCG Banco no alcanza los niveles de solvencia exigidos y, después del obligado saneamiento,  corre el riesgo de caer en manos ajenas a su tierra.

Castellano, artífice de Inditex junto con AMANCIO ORTEGA, se comprometió en junio a encontrar los inversores necesarios para conjurar ese peligro y que la identidad gallega de NCG no se pierda. Sin embargo, a día de hoy, no ha sido capaz de cumplir fehacientemente la palabra dada, aunque asegura contar con candidatos suficientes para coronar con éxito su empeño. Según el entorno de Castellano, este se hallaría en disposición de recolectar entre 600 y 1.000 millones de euros, pero necesita un poco más de tiempo.

El plazo para recapitalizar las entidades antes de activar el FROB con todas sus consecuencias finaliza el 30 de septiembre y sería difícil de justificar que se hiciera una excepción con NCG. Aparte del duro golpe que algo así supondría para la credibilidad del proceso de reestructuración de las cajas de ahorros, en el que los mercados tienen puestos sus ojos. De ahí que Castellano y el Banco de España hayan llegado a un acuerdo para la reventa de NCG a los nuevos inversores tras su paso por el FROB y sin coste adicional alguno.