Con negritas

Un ajuste rápido aunque inconcluso en las cajas

Aparte de la recapitalización propiamente dicha, las cajas de ahorros españolas han experimentado una notable ajuste en poco más de año y medio. Aunque queda camino por recorrer, la cura de adelgazamiento impuesta al sector arroja ya algunos resultados incuestionables. Dos de ellos son especialmente esclarecedores: desde principios de 2010 hasta junio pasado, el número de oficinas se había reducido un 12,5% y la plantilla total, un 9,9%. Antes del inicio de la reestructuración, los expertos calculaban que el sobredimensionamiento de la red era mayor (se llegó a cifrar hasta en un 30%), pero no cabe duda de que se ha dado un paso sustancial. Y, además, con una conflictividad laboral mínima, si bien las entidades han tenido que asumir a cambio el coste que la incentivación de las bajas siempre lleva consigo.

El motor de este ajuste ha sido el agrupamiento de las cajas a través de fusiones frías o calientes: de 45 se ha pasado a 15 en un tiempo récord, a pesar de las vacilaciones del Gobierno y del Banco de España en materia normativa. Mediante otros tantos decretos leyes, el régimen jurídico que regula el sistema financiero ha sido alterado cuatro veces entre junio de 2009 y febrero de 2010, por no hablar de las iniciativas de ciertas autonomías para pescar en río revuelto con la caña del boletín oficial. Aun así, la reducción en el número de entidades ha sido del 66,6%; más amplia, por tanto, de la que hubo en los noventa, cuando de 87 quedaron 50 (un 43% menos) y se tardó cuatro años.

Sin embargo, el fruto de este esfuerzo es insuficiente para el gobernador del Banco de España, MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ, que parece tener mucha prisa en promover una segunda oleada de fusiones. Es verdad que la mayor parte de las entidades siguen sin tamaño suficiente para captar financiación en los mercados internacionales (el volumen medio de activos ronda los 85.000 millones). Pero un sector tan exhausto necesita coger aire antes de embarcarse en un nuevo proceso y, sobre todo, un contexto político más despejado del que ofrece España en vísperas electorales.