Con negritas

La discontinua prudencia de MAFO

La intervención del Banco de Valencia, tras la negativa de sus accionistas a poner el dinero necesario para salvarlo, pretende evitar que cunda la desconfianza en el conjunto del sistema financiero. Esa es al menos la explicación ofrecida por el Banco de España en respuesta a las voces que se han alzado contra una medida onerosa para los ciudadanos.

Recomponer el equilibrio patrimonial del Banco de Valencia, roto por una insensata exposición al ladrillo (65% de los activos), cuesta de entrada 1.000 millones, que ya le ha inyectado el FROB. Además, para que no se quede sin liquidez, han sido puestos a su disposición 2.000 millones adicionales, procedentes también de las arcas públicas.

Mientras tanto, los actuales propietarios del Banco de Valencia han hecho mutis por el foro, a pesar de que algunos de ellos estaban implicados en la gestión, especialmente BFA. La matriz de Bankia controla un 27,3% del capital del banco. Sin embargo, su presidente, RODRIGO RATO, está decidido a perder esa inversión, asumiendo un quebranto de 338 millones, con tal de no poner ni un euro más.

Si el Banco de Valencia estaba en tan precaria situación, una posibilidad hubiese sido liquidarlo y que el Fondo de Garantía de Depósitos respondiera ante los impositores conforme a lo previsto en la ley. Pero MIGUEL ÁNGEL FERNÁNDEZ ORDÓÑEZ (MAFO), al parecer, no quería saber nada de esa opción por miedo a que fuese causa de males mayores y perjudicara a las entidades que andan por el filo de la navaja.

La preocupación del gobernador es comprensible, aunque se compadece mal con su comportamiento en otros casos, como el de la también intervenida CAM, que por cierto explica la escasez de candidatos a la hora de subastarla. Fernández Ordóñez, en una comparecencia pública a primeros de octubre, puso de chupa de dómine a la caja alicantina, de la que llegó a decir que era "lo peor de lo peor".

Esa andanada, por venir de quien venía, disparó de inmediato las alarmas y acentuó la fuga de clientes y depósitos iniciada a raíz de la ruptura del SIP de la CAM con Cajastur el pasado mes de marzo. Fue todo un monumento a la imprudencia y un despropósito más del gobernador en el deslavazado proceso de reestructuración bancaria.