Con negritas

Las decadentes pruebas de estrés

La inminente publicación por la Autoridad Europea Bancaria (EBA) de los resultados definitivos de las últimas pruebas de estrés es esperada con una mezcla de expectación y escepticismo. El 26 de octubre ya hubo un anticipo de esos resultados, por lo que no parece probable que vayan a surgir ahora grandes novedades, aunque nunca se sabe. Las necesidades de capital de las cinco principales entidades españolas (Santander, BBVA, Bankia, Caixabank y Popular) fueron cifradas entonces, provisionalmente, en 26.126 millones de euros. Habrá que ver si el dato se confirma, se rebaja o, en el peor de los casos, alguna de ellas se ve obligada a hacer un esfuerzo adicional para afianzar su solvencia.

La variación puede obedecer a que los riesgos han sido actualizados a 30 de septiembre, mientras que la anterior información era del primer semestre. Otra novedad sería la inclusión de las obligaciones convertibles en el capital de calidad, como la banca española viene reclamando ante la EBA sin éxito. Lo que no prospera es la petición de que las provisiones genéricas sean tenidas en cuenta, por la peregrina razón de que no existen en los demás países europeos. Cuando entre en vigor Basilea III, esas provisiones, que constituyen un colchón para tiempos de crisis, deberán generalizarse.

De todas formas, las pruebas de estrés han perdido mucha credibilidad, no sólo por su discutible metodología, sino porque han deparado algunas desagradables sorpresas. La mayor de todas fue la quiebra de Dexia, que tuvo que ser rescatado por los gobiernos de Francia, Bélgica y Luxemburgo a principios de octubre, apenas tres meses después de que el banco aprobara el examen.