Consumidora pro nobis

Marcas que no irritan

Tras leer No Logo, el vendidísimo libro de Naomi Klein, a muchos nos da pampurrias el poderío de ciertas marcas que se plantan entre nosotros con los ademanes toscos de un magnate obeso sin escrúpulos. Seamos realistas: por el momento no parece posible un mundo ideal en el que cualquier rastro de marca haya sido borrado por completo. De hecho, las inocentes marcas blancas de los supermercados son también reconocibles como tales, y en el sector alimenticio o en el de la ropa y el calzado todavía es inviable pensar en comprar genéricos como los de las farmacias: no existen cajas de cartón donde simplemente se lea "zapatillas de deporte talla 40" ni cajetillas genéricas de tabaco rubio.

Pero, al menos en Italia, se puede y se debe sacar pecho al meter en el carrito de la compra legumbres, pasta y vino de la marca Libera Terra (www.liberaterra.it). Todo lo cultivado por Libera Terra procede de los terrenos confiscados a la Mafia en Sicilia, Puglia y Calabria. Estas tierras, que ahora son gestionadas por cooperativas, pretenden escapar, en sus propias palabras "de la cultura del favor y del privilegio". Salvando las distancias respecto de un problema tan importante y complejo como el de la mafia, a todos nos resulta familiar por estos lares ese estilo de vida en el que priman el favor y el privilegio, materializado en el "tú tranquilo, que yo me ocupo", o en el sobrino inepto del jefe enchufado en un trabajo. Como de lo que se come se cría, otro gallo nos cantara si nuestros potajes y cocidos llevaran garbanzos de Libera Terra.