Consumidora pro nobis

Cada año con su tema

Probablemente pertenezco al ínfimo tanto por ciento de seres humanos que, ante eventos como el día internacional sin compras, la jornada de reflexión sobre el ruido, el día sin carne y otras celebraciones planetarias de ese estilo, sigue las directrices que se le proponen: no comprar nada, no generar estrépito, no comer animales durante un día entero. Aunque sea de modo simbólico, comprendo que, ocasionalmente, estos días temáticos nos pueden ayudar a pensar un poco sobre lo difícil que es, sin ir más lejos, pasar un día entero sin comprar siquiera un paquete de Trident.

 A lo que no me dedico tan concienzudamente es a festejar los años enteros dedicados a un alimento o disciplina. Aquí, como a veces sucede en los fascículos de kiosco, la cosa riza el rizo en cuanto a especificidad: quizá no sepan que 2008 fue el año internacional de la patata y de los idiomas, y que 2009 lo es de las fibras naturales y de la astronomía. Parecen elegidos al azar estos homenajes al tubérculo o a las fibras con las que se fabrica parte de nuestra ropa, pero si prestamos un poco de atención hacia lo que implica su propuesta —sensibilizarnos hacia ciertos temas y crear conciencia de su importancia socioeconómica—, la cosa no es tan disparatada. De hecho, las patatas son un alimento básico para la población del mundo y fibras como el algodón o el lino, además de dar trabajo a sus productores, no provocan sarpullidos. Pero hay que tener cuidado con otros "años" que se nos cuelan entremedias: festejen ustedes si quieren el año Mickey Mouse que se celebra desde esta primavera en Disneyland París. Yo a eso creo que no me apunto.