Consumidora pro nobis

¿Y éste quién es?

¿Es en los comentarios anónimos de las noticias publicadas en blogs donde se halla el sentir popular en su máxima expresión? Si damos por válida la hipótesis, observaremos que gran parte de ese sentir popular opta por la protesta, a menudo en su versión refunfuñona. Es frecuente que, en entrevistas a personajes cuyas caras y apellidos no frecuentan los medios, aparezcan comentarios en tono chulesco preguntando "¿Y este quién es? Lo conocerán en su casa a la hora de comer".

Parece fácil constatar que tras ese comentario de tinte agresivo se esconde quien pide pan y circo y obtiene a cambio una rebanada de un cereal distinto del trigo y un formato circense desprovisto de la carpa de rayas que tan bien conoce. Tiembla entonces el suelo para este pequeño Rey Sol que ningunea todo lo que ignora y que cree participar en un concurso perenne en el que sumamos o restamos puntos por nuestro saber o ignorancia.

En el mejor de los mundos la figura desconocida no sería interpretada como una amenaza o un insulto a nuestras carencias y, por ende, no nos urgiría ir hacia el teclado a mostrar nuestra rabieta despectiva. Es un impulso sano no aceptar ciegamente toda información que se nos proporcione, pero la necesidad automática, casi pavloviana, de ponerse en guardia ante lo no familiar es un mal lamentablemente ibérico, propio de quien viene acomplejado de fábrica. Cambiar esta actitud por las dosis de curiosidad suficientes para evitar que reaccionemos con rabia ante lo que aún no es parte de nuestro bagaje cultural, me temo que llevará edades geológicas. La pregunta es si hay alguien interesado en que este cambio suceda.