Contraparte

Artur Mas, el mejor político español

Isidro López ( ) y Emmanuel Rodríguez ()

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O si se prefiere el mejor político del régimen. Estaba muerto, sepultado, liquidado, casi olvidado. Y eso hace apenas un mes. El pasado viernes se publicaron las últimas encuestas del GESOP. Y tachan, tachan... CiU vuelve a ser la primera fuerza de Catalunya [http://www.elperiodico.com/es/noticias/politica/barometro-catalunya-gesop-noviembre-3706164]. Tras el 9N, Artur Mas debería ser considerado como el gran lagarto del régimen del '78; un magnífico  reptil, un experto en el arte de la supervivencia, el camuflaje y la reinvención.

En el escaso tiempo que va desde el 13 de octubre al 9 de noviembre de 2014 transformó el proceso de demanda de una consulta democrática en algo llamado "proceso participativo". Se seguía votando pero con una carga de legitimidad mucho más rebajada. Aparte de la evidente edulcoración del  desafio institucional, este paso parece haber tenido consecuencias bastante importantes. Y esto tanto desde el punto de vista de la evolución de la crisis de régimen español, como desde la variente catalana de esa misma crisis.

De un lado, asistimos a los fastos de la votación. No era una "consulta" pero se había celebrado "contra viento y marea" y era la expresión de un incontestable "deseo" democrático. Sus artífices, Artur Más y Convergència, eran un político y un partido que recordemos, antes de la diada de 2012, se encontraban contra la espada y la pared. Un político y un partido que sin embargo han sabido conservar como ningún otro su nombre y su patrimonio. Con la consulta, Mas consiguió lo improbable: nada menos que dejar de sentir el aliento en el cogote de ERC, preparada desde hace meses para asestar el golpe de gracia al convergente.

De otro lado, de aquel situado en el Estado central, el PP ha podido recuperar su imagen de valedor de la unidad de España. Con solemnidad judicial, ha prohibido la versión propuesta de la consulta. Y celebrada esta, ha promovido la querella de la Fiscalia del Estado. Todos contentos. Incluso los sectores vinculados con FAES han podido decir que su gobierno responde a los secesionistas

¿Ha sido todo producto de un pacto? Lo niegan los unos y los otros. Pero si atendemos a toda una serie de informaciones, bastante plausibles, habrá que convenir que si no ha habido pacto si al menos acuerdo tácito. Sencillamente esto es lo normal entre las élites, es "lo normal en un país normal", llámese Cataluña o España. Y es por eso por lo que debemos preguntarnos si el procés es realmente un ariete en la ruptura del régimen o la línea fuerte de su recomposición.

A la luz de lo sucedido el 9N, parece claro que la tensión territorial sigue siendo uno de los mecanismos mediante los que el régimen se reinventa una y otra vez, creando los espacios, los protagonistas y los términos del debate legitimo. Catalanismo político en Cataluña y nacionalismo español en Madrid, y vuelta a empezar. La crisis de las fiscalías, y su evidente aire de farsa, parece pensada para producir el necesario equilibrio institucional que también requiere esta crisis.

En lo que toca al poder central, y sin llegar a compensar la caída del gobierno del PP y de la oposición del PSOE, lejos de ser la "gran crisis de Estado" el 9N ha vuelto a dar oxígeno a Rajoy. Nótese bien que este el único asunto por el que aparece en público, declaraciones y ruedas de prensa incluidas. Justo lo contrario de lo que hace con todo lo demás. Sobre el resto prefiere dejar pasar el tiempo porque no tiene una sola vía discursiva que se salga de los parámetros de la "necesidad de Estado". Los programas de austeridad y la corrupción sencillamente ofrecen demasiado poco margen. De todas formas y por mucho respiro que le den los acontecimientos recientes, el meme de la unidad de España ha dejado de tener aquellas propiedades aglutinadoras que tenía hace sólo una década.

Por contra, en el terrario político catalán, el 9N ha tenido efectos mucho más esperanzadores. Como hemos dicho nos ha devuelto vivitos y coleando (¿quién lo iba a decir?) a Mas y a CiU, y con ellos a un juego de negociaciones y probable reforma constitucional que se prolongará al menos un par de años. Lo sucedido, sin embargo, interpela directamente a los sectores, tanto democráta-radicales como independentistas de izquierda, que han apostado por el procés y la alianza táctica con CiU y ERC. Según un esquema conocido, para estos la apuesta por la independencia era la apuesta por la ruptura con el régimen. Se trataba de abrir un escenario de apertura democrática y de orientación hacia un proceso constituyente catalán. ¿Ponen los resultados del 9N en tela de juicio las líneas estratégicas de este sector?

Una de las lecturas más frecuentes del soberanismo democrático ha residido en su consideración como resultado de un imparable impulso "desde abajo". En algunas versiones, especialmente optimistas, este se tomaba como la prolongación o la versión catalana del 15M. Desde este punto de vista, CiU y Más estaban obligados a cabalgar la ola independentista, a tragar con un referéndum, e incluso con una independencia, que en última instancia los liquidaba políticamente. Cómo consecuencia, y de manera altamente contraintutiva, empujar en la misma dirección que planteaba el govern era una forma de liquidarlo (¡sic!).

Sin poner en duda el genuino deseo de democracia vinculado a la consulta por parte de amplias franjas de la población catalana, y especialemente de sus dañadas clases medias, lo cierto es que esta estrategia ha sido incapaz de plantear una sola forma de emergencia y aparición pública no vinculada a la acción del Estado. Basta decir que en el actual esquema de gobernanza territorial, la Generalitat no deja de ser una figura estatal vinculada a escalas más altas de gobierno como la Unión Europea o el Estado Español. Desde esta perspectiva, el tutelaje del govern,  y en última instancia de CiU, de todo el procés corresponde punto por punto con el hecho de que las fuerzas de transformación hayan sido incapaces de escenificar una ruptura siquiera significativa. El abrazo fraternal de David Fernández a Artur Más el 9N no es más que la manifestación más chusca de esta impotencia.

Despues de la consulta, queda también dañada la concepción última de la estrategia independentista de izquierdas, heredada de los movimientos de liberación nacional. Según esta, la independencia produciría una suerte de clarificación del campo del  campo de batalla, levantando la bruma que cubría las líneas del enemigo. Una vez vencido el poder imperialista sólo quedaba por dirimir el combate entre las "burguesías locales" y las masas subalternas. Quizás no haga falta decir que tal concepción gradualista de la lucha de clases rara vez ha funcionado históricamente. Lo que parece claro, a tenor de los resultados del 9N y del reforzamiento de CiU, es que el caso catalán no va a ser la excepción

Coda

Hoy el GESOP colocaba a Podemos como primera fuerza catalana en unas generales. Nótese bien primera, no segunda o tercera, como señalábamos en un artículo anterior. Con un 22,8 % de los votos, sus resultados ya eran similares a los que otras fuentes le otorgan para el conjunto del país. Seguramente confluyen aquí dos corrientes. Una primera que siempre ha costado a la "sociedad civil catalana": la fuerza de ruptura se encuentra precisamente en el espacio que esta no comprende. Se trata de la misma fuerza social que en parte se organizó, por primera vez, en las plazas durante el 15M. La misma que, en los barrios del área metropolitana de Barcelona, ha parmanecido desafecta a la política institucional comprendida bajo la hegemonía, reconocida o no, del catalanismo conservador. El segundo es todavía más prometedor. Seguramente una parte del nuevo voto a Podemos proviene de aquellos sectores federalistas o independentistas que han entendido ya que o el proceso constituyente es a nivel de Estado o no será, ni en Cataluña, ni en ninguna otra parte.