Contraparte

Ganemos Madrid, Podemos y el asalto a la City (de Chamartín)

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Pablo Carmona Pascual (@pblcarmona)

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Apenas han pasado cinco días desde que se alcanzaran las condiciones para un preacuerdo entre Ganemos Madrid y Podemos, nada menos que con el objetivo de abrir paso a una candidatura ciudadana. Parece que tras varios meses de debates públicos, negociaciones y dudas, finalmente se pudo llegar a una buena opción de consenso en la que todas las partes han visto reconocidos sus mejores valores. Y sin embargo, no podemos dejar de volver la mirada sobre ese misma ciudad en crisis que hoy parece escenario, de nuevo, de grandes proyectos.

Ciertamente, Madrid ya no es la capital dinámica y arrolladora de otros tiempos. Madrid no es "el escaparate económico de España". Basta pasear por sus aceras casi siempre salpicadas de basura o tomar el metro y esperar los largos minutos que ha impuesto la política de recortes. La máquina de crecimiento de los últimos años, ha echado el freno y con él su clase política. Disecados por el ajuste presupuestario y acorralados por los casos de corrupción, los gobiernos madrileños, especialmente el capitaneado por Ana Botella, no han pasado de ser una caricatura de los años dorados del tándem Aguirre-Gallardón.

De hecho, los últimos tiempos, han estado tanto plagados de fracasos de los populares (Olimpiadas, Eurovegas), como de victorias ciudadanas (la sanidad pública, principalmente). Desde el 15M todo, parece, han sido malas noticias para la clase política madrileña. Incluso el buque insignia del Madrid global, el aeropuerto de Barajas ha vivido sus horas más bajas.

Pero ¿se puede decir que la decadencia ha afectado a los verdaderos poderes de la ciudad? Sin duda, las grandes constructoras, los gigantes bancarios Santander y BBVA y las multinacionales se han mantenido en pie. Sus cuentas de resultados en terceros países y su parasitismo de las cuentas públicas, les han mantenido a salvo. Basta considerar los "contratos integrales" del Ayuntamiento, casi siempre a mano de las divisiones de servicios de las constructoras, para reconocer el grado de subordinación del sector público público al privado. Casi el 50% del presupuesto municipal se salda en estas subcontrataciones, a lo que habría que añadir otro 20% destinado a la devolución de la deuda de capital.

Pero el poder corporativo, asentado en Madrid, ya no se conforma con esto; quiere correr de nuevo. Al tiempo que el aeropuerto madrileño retoma el pulso, gigantescos proyectos urbanísticos se han ido reanimando, una tras otro, por orden del consistorio y al antojo de estos poderes. El Paseo de la Dirección, la Operación Campamento, la Operación Mahou-Calderón y, por último, la macro-operación Chamartín son la señal de que la oligarquía financiera ha dado por terminado el invierno.

Así el pasado 30 de enero conocíamos la gran noticia. El Ministerio de Fomento junto al Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid reabrían, de la mano del BBVA, el proyecto "Distrito Castellana Norte". Las cifras de la conocida como Operación Chamartín son escalofriantes. El proyecto, destinado a durar 20 años, pretende movilizar más de tres millones de metros cuadrados, prolongando la principal arteria de la ciudad 3,5 kilómetros hacia el norte. La inversión prevista en 6.000 millones de euros viene acompañada (¿cómo no?) de más de 120.000 puestos de trabajo.

La vieja maquinaria urbanística, sujeta al caduco motor inmobiliario, se vuelve a poner en marcha. Poco importan las sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que paralizaron el proyecto, al igual que la Operación Calderón, ahora también resucitada. Huele a negocio. Y cuando eso ocurre nada es suficiente: la reforma del Plan General de 2003 que ha empujado la edificabilidad hasta duplicarla, la Ley del suelo de la Comunidad de Madrid que escamotea el suelo público y, sobre todo, los reiterados incumplimientos de ley en lo que se refiere a la construcción de viviendas protegidas.

Con independencia de los detalles técnicos, la resurrección de las grandes obras en Madrid nos debe alertar de que la oligarquía madrileña esta recuperando posiciones ofensivas. Sus argumentos ya han sido expuestos. Al BBVA no le preocupa un futuro cambio de gobierno municipal u autonómico. El cabeza de lista del PSOE subraya que es necesario un consenso dentro del marco del nuevo PGOUM (Plan General de Urbanismo de Madrid), lo que incluye la ampliación de la Castellana. Y los candidatos del PP se saben seguros de que irán a las elecciones con un proyecto que promete decenas de miles de puestos de trabajo.

Con ello se pretende recuperar no sólo la economía inmobiliaria sino, también y sobre todo, la vieja forma de gobierno de la ciudad. Afianzar, impulsar y recomponer el voto del PP, o en su defecto del PSOE, a través de una gran operación urbanística que abunda sobre el eje de segregación madrileño de un Norte-Oeste ricos frente a un Este-Sur empobrecidos. La operación Chamartin confirmará la ruptura de Madrid en dos mitades.

Para la oligarquía madrileña la operación es pues algo más que un negocio. Es propaganda dirigida a las clases medias con palabras de modernización y crecimiento, al tiempo que el sobrante se convierte en empleo precario, subcontrataciones y sueldos de miseria. Por eso en las próximas elecciones, el debate sobre la democracia y la participación deberán acompañarse de una fuerte batalla argumentativa sobre el modelo de ciudad, algo nada sencillo cuando estamos hablando que un mastodonte de 3,5 millones de habitantes. Sin duda, el reto de construir una nueva mayoría pasa por abrir definitivamente las garras que políticos, financieros y constructores han cerrado sobre esta ciudad. Y es que Madrid se merece, sencillamente, una nueva oportunidad.