Contraparte

Las feministas cuestionan la nueva política

Montserrat Galcerán

.

Nadie sabe muy bien qué significa eso de "nueva política". Las feministas tampoco. Para abordar la cuestión, feministas de diversos puntos de la geografía española han organizado el próximo fin de semana unas Jornadas en Madrid bajo el título De la crisis al asalto de la política. Hacia nuevas instituciones democráticas. El objetivo es debatir sobre cuál es la diferencia específica que aporta la reflexión feminista a la nueva política que empezamos a atisbar tras el cambio electoral.

Varias cuestiones centran el debate. Sabemos que no todas las mujeres son feministas; constatamos que el simbólico "mujer" o sea la presencia femenina es perceptible en formas políticas ajenas completamente a la defensa de los derechos de las mujeres. A pesar de que ese simbólico contribuya a políticas no proclives a poner en primer lugar el bienestar de la mayoría de las mujeres, lo valoramos como un éxito de las luchas feministas: sin ellas las mujeres seguiríamos ocupando un lugar secundario y la política seguiría siendo una cosa de hombres. La presencia pública de las mujeres ha hecho aflorar la enorme diversidad que hay también entre nosotras, ha roto una pretendida identidad esencialista del "ser mujer" y nos ha convencido de que un cuerpo femenino puede albergar sujetos muy dispares y algunos profundamente aborrecibles. Aun así nos congratulamos por ello.

En las jornadas no vamos a discutir los problemas de la identidad femenina pero sí abordaremos el tema de la enunciación: ¿quién habla en nombre de las mujeres?, ¿quién está autorizada para ello?, ¿cómo impugnar un discurso que no nos reconoce y qué herramientas precisamos para enhebrar otro que vaya a favor de nuestros derechos? Las experiencias y los análisis feministas de los últimos decenios aportan material más que interesante para abordar estas cuestiones.

Nos vamos a centrar también en otros dos aspectos: la importancia que la nueva política debe prestar a todos los problemas de sostener la vida en una sociedad tan depredadora como la actual y el sesgo de género de las políticas públicas.

Entendemos que un aporte esencial de las economistas feministas en los últimos tiempos ha sido el "poner la vida en el centro". Por ello entendemos que hay que rebasar una perspectiva productivista reductiva que destroza el planeta al tiempo que convierte en invivible nuestra vida cotidiana. El primer bien a proteger es el bienestar de la población y éste no es compatible con políticas empobrecedoras, destructivas y depredadoras ni con una economía centrada en el beneficio especulativo. Los recursos que tengamos, pocos o muchos, no deben dilapidarse en beneficio de unos pocos y perjuicio de muchos, entre los que abundan las mujeres aunque unas pocas de nosotras estén también entre las privilegiadas. Por eso la cuestión feminista no es simplemente un tema de mujeres: atraviesa transversalmente la sociedad y se conjuga con las muchas otras discriminaciones económica, social y culturalmente vigentes.

El segundo aspecto se centra en interrogar las políticas públicas con óptica de género con lo que descubrimos sesgos inesperados. Casi nunca las mujeres somos tratadas como seres adultos y responsables por políticas presentadas inicialmente como favorables para nosotras, puesto que no parten del principio de considerarnos agentes de nuestras propias vidas. Se nos sigue viendo como víctimas a proteger y no como personas a potenciar. Qué duda cabe de que si la política hacia las mujeres parte de ese paternalismo benevolente puede aportar alguna ayuda, especialmente en situaciones muy difíciles, pero nuestro objetivo es más ambicioso, queremos ser capaces de gestionar nuestra propia vida en el marco de relaciones sociales equitativas, horizontales y de cooperación mutua. E incluso más, queremos estar presentes de pleno derecho en las instituciones y gobernar democráticamente la sociedad. No queremos ser un adorno de las instituciones ni un complemento de unas políticas pretendidamente neutrales. Queremos que las "gobernadas" puedan tomar democráticamente las decisiones pertinentes en todas las cuestiones. En este sentido los feminismos son un fuerte agente de transformación social.

Entendemos que en el momento de cambio que se avecina la presencia de estas posiciones es más vital que nunca. El peligro de que "algo cambie para que todo siga igual" se cierne como un negro nubarrón que amenaza tormenta; con nuestra intervención buscamos que el saber hacer de las feministas contribuya a alejar el peligro de las luchas cainitas que pueden llevar al traste una transformación democrática que sólo está empezando. Para ello la reflexión feminista es más urgente que nunca.