Contraparte

Salir del impás, salir a ganar

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Emmanuel Rodríguez López (@emmanuelrog)

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¿Dónde quedó la crisis de régimen? ¿Dónde el 15M? El verano nos ha devuelto la imagen de la bestia cruel que siempre fue la vieja Europa: su tiranía interpretada en Grecia por el tándem alemán Merkel-Schaüble, su indiferencia cínica a las crisis que se suceden en sus misma puertas, como lleva años sucediendo en Siria. Sin embargo, en el solar del puzzle ibérico, apenas se puede decir que en los meses de estío haya habido más cambios que el de la canción del verano y un ligero aumento del empleo, especialmente si se compara con los meses de vértigo que se sucedieron por oleadas durante los cuatro años anteriores.

Hay hoy –reconozcámoslo–  una relativa sensación de normalidad que se apoya en la frágil recuperación económica y en el inestimable trabajo de los grupos de prensa. Se dice, así, que Rajoy respira tranquilo, lo cual es mucho decir para alguien que, como los recién nacidos, estaba tan callladito y quieto que no se sabía si seguía entre nosotros o había palmado. También Pedro Sánchez, ese cadáver tan joven y pintón, simula haber resucitado. Hablando como si le hubiera robado la voz un ventrílocuo, como todos los malos políticos, el jefe del PSOE vuelve a tener aspiraciones de Estado. ¿Crisis pues del bipartidismo? Por el momento sólo a medias.

¿Vienen los cambios por Catalunya? Tampoco nos engañemos. El mejor político del país, Artur Mas, convence, pero poco, al menos si hablamos de ruptura del régimen, y por ende de España. Y esto aun cuando Junts pel Si, le permita al delfín de Pujol (¡que gran maestro en todos los aspectos de su vida!) ganar las elecciones de "tapado", esto es, detrás de ese invento nacional catalán, que en el resto de España no se conoce y que se da por llamar sociedad civil.

En resumen, en relación con el llamado "desafío soberanista" conviene reconocer que se trata de la misma tensión –que no fractura– que siempre hizo y rehizo el régimen político de la Transición. Incluso llevada al paroxismo, y por ello a una teatralización casi imposible, lo que asoma es un mero intercambio comercial: un toma y daca en el que el españolismo del PP refuerza la débil posición del president y el soberanismo catalán el maltrecho gobierno del PP. Entre élites anda el juego y entre élites se resolverá.

Por último y en lo que se refiere a lo que debiera ser la alternativa del "cambio", Podemos ha pagado bien pronto (demasiado pronto) la hybris de su dirección, la de querer vencer al régimen con sus propios medios: con las teles, con las encuestas, con grandes figuras mediáticas. Resultado: las encuestas le dan a la baja y le consolidan como tercer partido. El sorpasso del PSOE es un reto que parece cada vez más difícil.

¿Vuelta así a la normalidad? Quizás sólo a partir de una lectura superficial. Algunos datos apuntan en sentido contrario. De una parte, la recuperación económica resulta un parche cuando se compara con los problemas estructurales del bloque europeo y su dependencia de las grandes agencias financieras. La crisis china y el agotamiento de las políticas de expansión financiera (el Quantitative Easing) están ya produciendo la salida de liquidez de la bolsa y el retorno al lucrativo juego de la especulación con futuros del petróleo y  bonos de deuda pública. No hace falta mucha expertise económica para saber lo que esto supondrá para esta provincia europea.

Tampoco la crisis política se ha resuelto. Y esto no por el llamado "desafío soberanista", como por aquello de lo que este es síntoma. En buena medida, la relativa calma que hoy quiere mostrarnos el país oficial tiene su correlato en la desafección e indiferencia del país real –nótese que son los mismas potencias y afectos que estuvieron detrás del 15M–. Seguimos pues frente a una profunda quiebra de la representación política –y por ende de las instituciones democráticas–, espejo a su vez del descalabro de la base social del régimen político español: sus amplias, si bien precarias, clases medias.

Si se quiere una conclusión rápida se debería decir que el ciclo político apenas se acaba de iniciar, que este tiene una dimensión europea antes que parroquial (y aquí igual da que lo "local" sea España, Catalunya o Euskal Herria) y, finalmente, que la sensación de normalidad es sólo un impás. La cuestión reside en saber como recuperar la iniciativa política, esto es, como empujar de nuevo la crisis hacia una salida positiva. Tres parecen los desafíos caso de que se quiera dar términos a esta calma chicha.

El primero consiste en recuperar potencia de fuego. En estos meses la dispersión del partido del cambio ha corrido en paralelo a la incapacidad de Podemos para ser la "casa de todos". El estado de guerra interna  permanente ha impedido la necesaria cooperación que empujara a la opción electoral hacia la misma franja de resultados que se obtuvieron en las apuestas municipalistas más virtuosas: Madrid, Coruña, Barcelona, Zaragoza, Cádiz. La confluencia anunciada por Pablo Iglesias en algunos territorios, y empujada desde otros espacios como Ahora en Común, debiera servir para establecer los acuerdos de mínimos que permitan agrupar las fuerzas y dedicarlas a lo que verdaderamente importa. Sobra decir que la única condición, no suficiente pero sí necesaria, es que la confluencia se realice sobre los principios de inclusión, transparencia, representatividad y democracia.

El segundo se puede resumir en un término tan elemental como volver a hablar de "política". La entrada en la liza electoral por parte del 15M (o al menos de algunos de sus elementos) ha producido demasiada asimilación a las posiciones de la política institucional, a saber: moderación, responsabilidad institucional, un lenguaje cada vez más vacío y una insoportable simplificación de la argumentación. Incluso si se quiere recuperar terreno electoral es preciso volver a la irreverencia inicial para polarizar el campo político. Un requisito indispensable está en la democratización de la discusión política más allá de los actores institucionales, esto es, en devolver algo de la dimensión de "proceso constituyente en las plazas" que tuvo el 15M.

El tercero es seguramente el más difícil de resumir, en tanto tiene que ver con las características del ciclo y en tanto supone crear herramientas a la "altura de los tiempos". Valga decir que el reto consiste en construir una política de masas, en la que la parte institucional sea sólo un vector entre otros; algo que tiene muy poco que ver con la idea de la "ilusionar" para ganar elecciones, al igual que tampoco con el árido eslogan de Anguita, "programa, programa, programa", cuyo intérprete único, por cierto, era el partido (comunista, para más señas). Por resumir mucho: el reto más importante está en dar carpetazo a la política partidocrática, aún a sabiendas que apenas se ha avanzado una idea, un nombre, el llamado partido-movimiento. Sin duda, la posibilidad de un ciclo político continuado –al menos en términos progresivos– reside en la capacidad de intervenir sobre el descalabro social a medio plazo.

Debiera ser una obviedad: el ciclo 15M se abrió con una insurrección pacífica y democrática de los hijos "desclasados" de los sectores medios. Siguió con una oleada de movimientos por los derechos sociales: PAH, Marea Verde y Marea Blanca. En esta línea, el futuro del presento ciclo democrático –su ampliación y con ello la capacidad de mantener la apertura política– tiene que ver menos con la reconstrucción de una izquierda institucional más o menos decente, que con la capacidad de constituir un espacio político en torno a formas de protagonismo social –que no institucional– todavía por inventar.

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Este sábado se celebra la primera Asamblea Estatal de Ahora en Común en Madrid, ya hay casi 1.000 inscritos de todas las partes del país. El motivo es empujar a la confluencia a los actores políticos, pero sobre todo a las minorías activas (la ciudadanía dispuesta al ejercicio democrático) que durante estos meses ha permanecido apática ante a las peleas internas y los juegos entre aparatos de partidos. Esperemos estar a tiempo de movilizar social y políticamente a lo que quedo del 15M y no sólo para estas elecciones sino para los retos fundamentales que tendremos que afrontar.