Opinión · Contraparte

Ni tutelas ni tutías: en Madrid, vente a La Bancada.

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Pablo Carmona Pascual (@pblcarmona)
Concejal de en el Ayuntamiento de Madrid

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El pasado sábado 19 de enero, José María Aznar volvía a tomar por unos minutos las riendas del Partido Popular. Quienes escuchamos su discurso tuvimos la sensación de que los mandatos de Mariano Rajoy no habían existido. Asistíamos, sin más, a la entrega del bastón de mando de Aznar a su discípulo Pablo Casado, la sucesión Fraga-Aznar-Casado se escenificó de manera contundente.

En el discurso de Aznar, dos detalles relevantes. El primero, la repetición de la famosa frase “Ni tutelas, ni tutías” que pronunciase Manuel Fraga en la Convención de 1990, cuando Aznar se hizo con las riendas del Partido –con VOX al acecho, recuperar la figura de un ministro franquista sin duda fue un acierto–. La segunda, la reiteración del PP como actor principal del “cambio”, tal y como se repitió machaconamente en la campaña andaluza. El mensaje fue claro, la continuidad de aquel PP que se estrelló contra las manifestaciones ciudadanas tras los atentados del 11M y que se reconstruyó a la sombra de las movilizaciones contra el gobierno Zapatero –matrimonio homosexual, aborto, memoria histórica, conservadurismo, etc.– se encarnaba ahora en la figura de Pablo Casado. Atrás quedaban los años de Mariano Rajoy, tan blandito según el criterio de Aznar, que había dejado –por primera vez desde los años 80–, un hueco electoral a la derecha del Partido Popular, apodado ahora como la “derechita cobarde” en los argumentarios de VOX.

El espectro electoral y político se desplaza hacia la derecha. Partidos como PP, VOX o Ciudadanos quieren capitanear el significante “cambio” y llevarlo hacia los postulados neoliberales. Mientras, se hacen multitud de interpretaciones sobre VOX, el nuevo spin-off del Partido Popular. Lo cierto es que los casos de corrupción, la sorprendente puesta en valor del imaginario franquista o la audacia al atacar a los referentes de las actuales movilizaciones sociales (feminismo, antirracismo, inmigración y derechos sociales básicos) les han dado una relevancia que, por ahora y a pesar de todo, solo se ha mostrado como recurso complementario para el propio PP. Véase el caso de Andalucía.

Solo los procesos asamblearios, de contenido radicalmente democrático y colectivos fueron capaces de frenar a la derecha

Si bien este cambio es significativo, el desplazamiento “hacia la derecha” del conjunto de partidos se sigue explicando sobre todo con el arrinconamiento del sentido común quincemayista, aquel que hizo posible la irrupción de Podemos o los movimientos municipalistas. Sin embargo, quienes quieran conquistar posiciones institucionales capaces de expresar un verdadero deseo de transformación política, de conquista de derechos y de distribución efectiva de la riqueza deben quitar centralidad a la irrupción de VOX  –epifenómeno de la derechona española– y poner en el centro el derrumbe de los “actores del cambio”. La cuestión central no estaría tanto en la restauración de la derecha, sino en la separación, desafección y pérdida de fuelle que sufren una buena parte de los “procesos del cambio”.

 

Batallas de interpretación

Lo cierto es que estamos muy lejos de un proceso de estabilización política. Con todo el campo abierto, las posibilidades de radicalización democrática siguen tan presentes como la propia crisis social que no hace más que reabrirse. También se puede asegurar que en España no se ha producido por el momento un desplazamiento masivo del voto de izquierdas y obrero hacia la extrema derecha, como sucedió en Francia en no pocos barrios tradicionales del Partido Comunista hacia el Frente Nacional.

Por el contrario, lo más relevante de estos años ha sido que las traducciones institucionales del ciclo 15M han devaluado sus expectativas y han caminado hacia posiciones que ya no expresan el deseo de transformación social que representaron hace cinco años. En la actualidad, el escenario se acerca más al de la creación de una bolsa abstencionista “por la izquierda” y “de los de abajo”, huérfanos de representación, que a un desplazamiento de lo social hacia la conformación de un bloque contrarrevolucionario de extrema derecha. Aunque Vox sin duda tratará de ampliar su base social en ese segmento, todavía no tenemos ni rastro de movimientos de organización y acción cotidiana de ultraderecha en nuestros barrios y pueblos como fueron la FE-JONS, los camisas negras de Mussolini o, en la actualidad, los de Amanecer Dorado.

Sin duda, el peligro del nuevo ciclo ultraconservador está en que se redoblen los mecanismos de racismo institucional y de persecución de inmigrantes, también que se ataquen los derechos conquistados por movimientos feministas y LGTBI, así como que las directrices austericidas y del gobierno de las finanzas tengan cada vez las puertas más abiertas. Pero estamos muy lejos de un escenario en el que ese tipo de medidas tengan un calado social amplio y encarnado en movimientos de base, más bien de producirse, reabrirán un amplio abanico de contestación.

Entonces ¿qué escenarios se nos presentan? ¿Qué espacios institucionales se conformarán? Durantes estos meses se presentarán dos grandes hipótesis de interpretación. La primera, encarnada por el PSOE y que en el caso de Madrid incluirá las opciones abiertas por el “Carmenazo” y el “Errejonazo”, volverá a centrar todo el discurso en la necesaria unidad en torno a la moderación, defendiendo las posiciones socialdemócratas como las únicas capaces de frenar el avance de la extrema derecha. Primero el voto útil, ganar posiciones de poder y luego, ya veremos.

En el caso de Madrid, esta posición está articulada en torno al tándem Gabilondo-Manuela en el que ahora Errejón quiere asomar la cabeza en su alianza con Más Madrid, cuya retórica de bondad y resistencia no podrá obviar que nada de esto se puede construir sin un modelo territorial, social y urbano muy distinto al que se ha impulsado desde el gobierno de Ahora Madrid. El impulso de la Operación Chamartín, la ausencia de un programa de remunicipalizaciones, la rendición ante la imposición de los recortes o la falta de rumbo en políticas de vivienda, son buena muestra de ello.

Llevamos mucho tiempo en una burbuja de primarias, bailes de nombres, de puestos y de sillones

La segunda hipótesis debe desviar el foco del ascenso de VOX, a pesar de ser una pieza clave para la restauración derechista, ya que su ascenso sería más una consecuencia que una causa. Porque lo cierto es que el ascenso de VOX no explica nada sobre el batacazo de expectativas frustradas –la tan traída y llevada ilusión– causadas por las apuestas institucionales, un verdadero abandono del sentido común abierto en las plazas en 2011. Sin hablar de esto, no se puede entender el cambio de ciclo político. De cara a las próximas elecciones, hay que partir de esta interpretación para que las alarmas y la urgencia provocada por la emergencia ultraderechista no hagan de cortina de humo que impida analizar correctamente la malversación del caudal político de transformación que ha implicado su traducción institucional.

Las nuevas propuestas electorales no se pueden basar en en una nueva devaluación de las expectativas, la eliminación de la diversidad y la democracia en programas políticos convertidos en sugerencias ni en asumir las propuestas de la ciudad neoliberal. Debemos ser claros, la experiencia que nos dejan el hiperliderazgo, el cierre de procesos en torno a los supuestos especialistas de “los mejores”, la eliminación de cualquier proceso colectivo y la renuncia a un programa de transformación radical no son el mejor antídoto contra la derecha. Seguir abundando en ellos refuerza la desilusión e implica una clara pérdida de fuerzas.

 

Reabrir el municipalismo madrileño

Por ahora, la única certeza histórica es que con todos sus defectos, al calor de las movilizaciones de 2011, solo los procesos asamblearios, de contenido radicalmente democrático y colectivos fueron capaces de frenar a la derecha y hacer posibles figuras como las de Manuela Carmena e Íñigo Errejón. Por este motivo, la apuesta de estos años del  Podemos de Vistalegre y los actuales órdagos de Manuela e Íñigo suponen una impugnación al sentido común y al método que instauró el 15M. Por el camino, han sucumbido el Podemos de los Círculos y el Ahora Madrid de la diversidad y la ilusión colectiva. Se ha pasado de las asambleas abiertas a los pactos de partido; de las organizaciones a los proyectos unipersonales. Ya no hacen falta ni despachos, dos personas y unas pocas empanadillas valen para asaltar los cielos. Con estos mimbres, nada puede salir bien.

Sin embargo, no todo está perdido. En nuestro día a día, la contrarrevolución conservadora no ha calado, al menos por el momento. En el caso de Madrid, a pesar del intento de encantamiento institucional los diversos movimientos sociales, de vivienda, sindicales, ecologistas y vecinales han mantenido sus posiciones y han sabido tomar una importante distancia crítica con respecto a las devaluadas “políticas del cambio”. Debemos entender que aún quedan resortes de los que tirar, que la participación institucional solo puede existir si expresa la riqueza y la fuerza de la “ciudad rebelde”. La ciudad que no se conforma y que pelea, esté quien esté en el gobierno.

El próximo sábado 26 tendremos la asamblea abierta de un nuevo proceso municipalista para Madrid, La Bancada (bancada.net). Algunas preguntas se repetirán: ¿con quiénes se relacionarán ustedes?, ¿tienen candidatura, qué candidatos? La Bancada tiene un solo objetivo, agitar el debate y pensar nuevos caminos municipalistas. Llevamos mucho tiempo en una burbuja de primarias, bailes de nombres, de puestos y de sillones. Por eso, antes que nada, hablaremos de política, de Madrid y del modelo de ciudad. Hablaremos de la crisis social que vive Madrid y de cómo democratizar nuestros servicios públicos. En definitiva, de cómo recuperar un programa de lucha y de los movimientos para arrebatarle nuestras instituciones a las oligarquías financieras, las grandes asignaturas pendientes después de estos cuatro años de gobierno.