Salud en positivo

Migas y tolerancia

Ilustración: Verónica Montón Alegre

He descubierto que echo de menos el gimnasio. Bueno, más bien el momento del vestuario-ducha, porque, qué quieren que les diga una hora, caminando sin moverme del sitio, levantar peso aquí y allá con brazos y piernas y pedalear frenéticamente para no llegar a ninguna parte no es lo mío, lo hago, claro, faltaría más, es sano y recomendable, pero aburrido un rato. Y, para colmo, todos los días cuando entro por la puerta dispuesta a comerme los kilómetros que haga falta, el olor a café y tostada de la cafetería pone a prueba mi fuerza de voluntad. Pero, en honor a la verdad, el tiempo de vestuario es donde más disfruto y aprendo. Hay una impudicia total externa (normal) pero también interna, allí se ventila todo o casi todo y aunque no quieras te enteras, cuestión de espacio. Todos los días descubro algo, una crema estupenda, una receta de cocina, dónde hay un buen concierto. Todo eso mezclado con problemas de salud, oposiciones, viajes a lugares fantásticos: allí sí que hay vida, entenderán que lo eche de menos. Hasta aquí normal.

Pero ¿como es posible que eche de menos el taconeo de la vecina del piso de arriba que siempre me ha molestado? pero ¡si fuera sólo eso! ¿Y los niños en restaurantes y cafeterías corriendo y vociferando con unos padres que no se inmutan?  Pues tampoco lo soportaba ¿Y ese espacio en una playa vacía que de repente se ve invadido por la familia que se pone a un metro con la radio a todo volumen, la pelota que te pasa por encima y la arena que te viene y no sabes muy bien de dónde? Y qué me dicen del cris cris de las palomitas (pegado al oído) en una sala de cine donde todos estamos apiñados en el centro y el resto vacío? Pues no, no lo aguanto, no sé si llamarlo intolerancia o manía. Yo creo que será más bien manía porque ahora resulta que lo echo de menos, como a la vecina de al lado, una señora mayor que viene un mes al año, cosa que me tenía muy contenta, y ahora me gustaría saber cómo está, pero no tengo su teléfono.

Porque intolerancia ya son palabras mayores y, sino, que se lo digan a los que reciben gritos desde algunas ventanas y no entienden qué tiene de malo salir con un niño que, por la razón que sea, no soporta el encierro, o el recado que le han dejado a Rodrigo, voluntario de Cruz Roja, sus vecinos aconsejándole quedarse en un refugio para que no les contagie; y las ambulancias con personas mayores apedreadas en un pueblo del sur de España. Intolerancia es lo que estamos viendo en algunos políticos que no aceptan otro pensamiento o acción que no sea el suyo. Desde el punto de vista filosófico, no es fácil definir la tolerancia, pero los de a pie intuimos cuándo un individuo o la sociedad se vuelve intolerante. No conviene olvidar que la tolerancia favorece la cohesión social, sin abandonar la idea de que no todo vale.

Y eso de aconsejar a la ciudadanía que delaten al sospechoso de hacer turismo, me parece que se trata de un consejo peligroso; no deberíamos convertir a los ciudadanos en delatores, sobre todo en un país donde las delaciones han acarreado tantas muertes en el pasado. El ciudadano no tiene que sustituir a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, ellos son los encargados de comprobar quiénes son los que, con su actitud incívica y temeraria, están poniendo en peligro su vida y la de otras personas. Y en este punto conviene recordar a Victoria Camps " la tolerancia es la virtud indiscutible de la democracia"

Les voy a contar una anécdota que hace muchos años cambió mi percepción de la vida. Mi padre, personaje, tengo que decir, que era extraordinario, solía, como las gallinas, dejar migas a su alrededor allá donde comiese migas que, mi pareja, pulcro y ordenado, barría más tarde con pensativa parsimonia. Y yo, que pensaba le molestaba tanto como a mí, en ese momento me dedicada a lanzar a mi padre miradas de furia que, en no pocas ocasiones, acababan en riñas. Hasta que un día, mi pareja, imagino que harto de mi reacción, me soltó "tu padre es una gran persona, es alguien fuera de lo común, y a mí no me molesta nada ir por detrás recogiendo las migas. En la vida hay muy pocas cosas importantes y ésta desde luego no lo es".  A partir de entonces he intentado aplicarme el cuento y separar el grano de la paja, lo importante de lo accesorio. Esto nos hace mejores personas y es una buena vacuna contra la intolerancia. Respetemos a los demás aceptando sus diferencias.

FIRMANTES DEL BLOG

  • Isabel González. Médico radiólogo. Fue jefa de servicio y profesora asociada de radiología en la Universidad Miguel Hernández de Elche así como Directora Gral. de la Alta Inspección y gerente de los departamentos de salud de San Juan de Alicante y La Ribera (Alzira)
  • Carmen Montón es embajadora observadora permanente ante la Organización de los Estados Americanos y ha sido Ministra de Sanidad, consumo y bienestar social y Consellera de Sanidad.
  • Ricardo Campos. Médico Oftalmólogo. Ha sido Secretario General del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y subsecretario autonómico de sanidad.
  • Rafael Sotoca. Médico de familia y activista sanitario. Fue director general de asistencia sanitaria de la Comunidad Valenciana.
  • Begoña Frades García. Psiquiatra y jefa del área de salud mental del Hospital Pare Jofre. Ha sido coordinadora autonómica de salud mental.
  • José Antonio López Cócera es enfermero especialista en salud mental y miembro de la comisión nacional de la especialidad.
  • Enrique Ortega. Médico especialista en enfermedades infecciosas y jefe de servicio de Enfermedades Infecciosas, Emergentes e Importadas. Ha sido profesor asociado de de medicina de la Universidad de Valencia y Director Gerente del Departamento de Salud Hospital General de Valencia
  • Ana BonedOmbuena. Médico de familia y técnico superior de salud pública de la Consellería de Sanitat Valenciana. Máster en salud pública por la U. de Harvard.
  • Antonia García Valls. Asesora coordinadora en la Vicepresidencia Cuarta, Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Ha sido diputada en el congreso de los diputados.
  • Pere Herrera de Pablo. Medico de familia y médico SAMU. Ha ejercido como director del Servicio Emergencias Sanitarias de la Comunitat Valenciana.
  • Roser Falip Barangué. Doctora en Medicina y especialista en medicina de familia y en análisis clínicos. Ha sido gerente del departamento de salud de Alcoy.
  • Aurelio Duque Valencia. Médico de Familia y Comunitaria y representante sindical. Ha sido presidente de la Sociedad Científica de Medicina Familiar en la Comunitat Valenciana.
  • Verónica Montón Alegre. Artista interdisciplinar. Ilustradora del Blog Coronavirus en positivo.
  • Juan Domene. Médico Inspector en el servicio de calidad asistencial y seguridad del paciente. Ha sido gerente del departamento de salud Arnau de VilanovaLliria.