Salud en positivo

“Es la salud, estúpido”

Ilustración: Verónica Montón Alegre.
Ilustración: Verónica Montón Alegre.

En la desescalada volvemos a ver casi los mismos patrones de resistencia que en el inicio del confinamiento. El mismo dilema, el mismo pulso, "la bolsa o la vida". Parece que no todo el mundo ha interiorizado las lecciones básicas de salud pública, de protección de la salud de la ciudadanía. Parece que no todo el mundo ha entendido que la economía sufrirá menos, cuanto menos sufra la salud.

Somos conscientes de la importancia de relanzar la economía, nos preocupa mucho la situación de muchas familias que lo están pasando económicamente mal estos meses, de muchos hombres y mujeres, de sus hijos e hijas, que lo pasarán mal si no se toman las medidas necesarias de protección social por parte de todos y cada uno de los niveles institucionales.  Pero la prioridad, y la solución siempre pasa por anteponer la salud de las personas.

La desescalada no es una carrera con ganadores y perdedores

Salud y economía están conectadas.  Es una torpeza tener una mirada cortoplacista, enfocando la desescalada, con sus cambios de fases, como una carrera con ganadores y perdedores. Podemos volver a escalar en la curva de contagios y fallecimientos. Nuevas oleadas, nuevos brotes en territorios o instituciones como residencias o centros penitenciarios nos podrían llevar a la casilla de salida. Volveremos al encierro. Y entonces la economía quedará aún más maltrecha. Las decisiones deben tomarse para proteger la salud pública, con la prevalencia de los criterios de salud sobre cualquier otro. Y de eso depende volver a una vida "normal". Aquí viene ni que pintado versionar la célebre frase y decir:   "es la salud, estúpido".

La desescalada es una estrategia compleja para minimizar el riesgo de repuntes en el contagio.  No es una competición, ni siquiera una demostración de quien es mejor, no es un premio, no es un castigo… el cambio de fase es algo que debemos hacer con prudencia y rigor. Con una mentalidad de aprendizaje continuo y avance sensato. En esta estrategia deben participar todos los actores, desde los que toman las decisiones de planificación hasta los que tomamos a diario la decisión personal de salir o no salir a pasear dentro del marco normativo. Así lo hemos hecho ya en los dos meses de confinamiento. Hemos aprendido a controlar la curva de contagio con mucho esfuerzo institucional y personal. El sistema sanitario ya no soporta tanta presión asistencial, está agotado tras un esfuerzo gigante. Hemos aprendido mucho sobre el covid19, aunque nos quede muchísimo. En esta pandemia estamos sumergidos en un aprendizaje constante.

En el primer momento aprendimos de China y de Italia, de sus errores, de sus aciertos, de su sufrimiento… ahora cambiamos el paso, ha comenzado la desescalada y debemos prestar toda nuestra atención a cada acción y a sus consecuencias. Prácticamente el 50% de nuestro país ha pasado de fase cero a fase 1. Una desescalada desigual en los territorios. Para algunos este hecho ha sido objeto de agravio, y ha generado protestas, pero precisamente la no sincronía es positiva. Que toda España no haya pasado de fase a la vez hace que las provincias que van por delante sirvan de ejemplo con sus errores y aciertos. En realidad, los que vayan desescalando en las próximas semanas tendrán ventaja en la certidumbre de sus acciones. La experiencia de los primeros es el aprendizaje para el resto de territorios.  Sin duda, esto servirá para disminuir riesgos y evitar repuntes posteriores. Nos atrevemos a decir que incluso aunque la situación de todos los territorios hubiese sido homogénea, hubiera sido una buena idea hacerlo a diferentes velocidades.

Hay que invertir, reforzar y reorganizar los equipos de atención primaria para que puedan responder adecuadamente

La desescalada debemos enfocarla con una visión comunitaria, es decir, de detección de los casos y de los contactos en la comunidad, no cuando lleguen al hospital con problemas graves y muchos días de evolución de los síntomas. Es la atención primaria de salud la que tiene una responsabilidad extra en el control y detección de los casos sospechosos y de la gestión de los contactos para evitar la propagación. Este trabajo extra de vital importancia para todos debe compaginarse con el control del resto de problemas de salud que seguimos padeciendo y que la pandemia parece haber desplazado e invisibilizado. Y no, no podemos trasladar esa responsabilidad a otros niveles asistenciales, ni la atención al paciente frágil, complejo o en el domicilio. Hay que invertir, reforzar, reorganizar a los equipos de atención primaria para que puedan responder adecuadamente. En la desescalada tenemos oportunidades de mejora y aprendizaje, esta lo es.

Hemos aprendido mucho, a base de rigor, prudencia y unidad.  Puede que la parte más dura de esta crisis sanitaria esté quedando atrás, ahora debemos seguir trabajando y aprendiendo para proteger la salud de las personas, de todas las personas.

FIRMANTES DEL BLOG

  • Carmen Montón es embajadora observadora permanente ante la Organización de los Estados Americanos y ha sido Ministra de Sanidad, consumo y bienestar social y Consellera de Sanidad.
  • Rafael Sotoca. Médico de familia y activista sanitario. Fue director general de asistencia sanitaria de la Comunidad Valenciana.
  • Ricardo Campos. Médico Oftalmólogo. Ha sido Secretario General del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y subsecretario autonómico de sanidad.
  • Begoña Frades García. Psiquiatra y jefa del área de salud mental del Hospital Pare Jofre. Ha sido coordinadora autonómica de salud mental.
  • José Antonio López Cócera es enfermero especialista en salud mental y miembro de la comisión nacional de la especialidad.
  • Isabel González. Médico radiólogo. Fue jefa de servicio y profesora asociada de radiología en la Universidad Miguel Hernández de Elche así como Directora Gral. de la Alta Inspección y gerente de los departamentos de salud de San Juan de Alicante y La Ribera (Alzira)
  • Enrique Ortega. Médico especialista en enfermedades infecciosas y jefe de servicio de Enfermedades Infecciosas, Emergentes e Importadas. Ha sido profesor asociado de de medicina de la Universidad de Valencia y Director Gerente del Departamento de Salud Hospital General de Valencia
  • Ana Boned Ombuena. Técnico Superior de Salud Pública de la Consellería de Sanitat Valenciana. Máster en salud pública por la U. de Harvard y especialista en medicina familiar y comunitaria.
  • Antonia García Valls. Asesora coordinadora en la Vicepresidencia Cuarta, Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Ha sido diputada en el congreso de los diputados.
  • Pere Herrera de Pablo. Medico de familia y médico SAMU. Ha ejercido como director del Servicio Emergencias Sanitarias de la Comunitat Valenciana.
  • Roser Falip Barangué. Doctora en Medicina y especialista en medicina de familia y en análisis clínicos. Ha sido gerente del departamento de salud de Alcoy.
  • Aurelio Duque Valencia. Médico de Familia y Comunitaria y representante sindical. Ha sido presidente de la Sociedad Científica de Medicina Familiar en la Comunitat Valenciana.
  • Verónica Montón Alegre. Artista interdisciplinar. Ilustradora del Blog Coronavirus en positivo.
  • Juan Domene. Médico Inspector en el servicio de calidad asistencial y seguridad del paciente. Ha sido gerente del departamento de salud Arnau de VilanovaLliria.