Salud en positivo

Uso de placebo

Verónica Montón

La pandemia, impone repentinamente la necesidad de prevenir y curar el COVID19, cobrando protagonismo la comunidad científica internacional. Las urgencias por hallar inmunidad en la población, encaminan los esfuerzos a vacunas que ofrezcan esperanzas, ante tanta incertidumbre.

Dichas vacunas, requieren tiempos de estudio y aprobación regulatoria, que naturalmente son prolongados.   Producto de la rápida propagación del virus y  la urgencia que demanda la solución, se han reducido los tiempos y varios ensayos clínicos avanzan en sus últimas fases de desarrollo, recibiendo con premura, las consecuentes autorizaciones de autoridades sanitarias.

"Lo urgente es importante y lo importante es urgente", mencionaban estos mismos autores en un reciente artículo publicado, a consecuencia de aquellas patologías en apariencia olvidadas frente a una pandemia que ocupa el centro.    Allí se sugería regresar a las bases empáticas de convivencia social, rescatando la relevancia de atención a patologías aparentemente olvidadas.    La lacónica conclusión refiere a retirar las orejeras y pretender sostener visiones contextuales, frente al aparente enfoque reducido.

La mención antes expuesta, es traída en un contexto analógico, rescatando en este caso a aquellos "en apariencia" olvidados….. los participantes de estudios de investigación clínica.

Considerando que la certeza sobre la duración de inmunidad de las vacunas, no puede reducirse a una declaración profética, es que surge imperioso la continuidad de estudios a corto y largo plazo, y en estos últimos, es donde el placebo –que hoy nos convoca- proporciona evidencia científica robusta.

Validar datos de ensayos clínicos (estudios de investigación científica) más los que aporta la "vida real" (en cuanto a pacientes y síntomas), contribuye a mejores decisiones sanitarias, a la constatación de eficacia de las vacunas y a la confianza de la sociedad.

En caso de existencia de tratamiento disponible, los estudios de investigación clínica con pacientes participantes, comparan -por ej.- Vacuna con vacuna, y pretenden nuevos desarrollos o hallazgos.     Aunque cuando las vacunas en estudio, se encuentran en fases investigativas, la comparación obligada es con placebo.      Dicha técnica o –mejor dicho- metodología científica, se realiza además con el sistema de doble ciego, lo que implica que quienes participan, investigan o auspician el estudio, desconocen que participante recibe medicación y cual recibe sustancia inocua (placebo).  En los periodos iniciales de los ensayos, este método, valida y profundiza el conocimiento, y es receptado unánimemente como tal, en la comunidad científica.

En casos donde existe el antes mencionado "tratamiento disponible", quienes encaren una investigación científica, y proponen el placebo doble ciego, deben justificar acabadamente las ventajas que ello proporciona al estudio y a la ciencia, de lo contrario, perdería todo marco ético, reduciendo a los participantes a "conejitos de indias" como vulgarmente se menciona.   La incumbencia de los Comités de Etica, redunda en estos controles, siendo los obligados auditores de circunstancias como la mencionada.

El esperado avance de las fases de ensayos clínicos en estudio sobre vacunas contra COVID19, implicará -más temprano que tarde- que los cotejos e investigación, se reduzcan a rama activa.     Esta mención podrá implicar, llanamente, la omisión del placebo en futuros ensayos.

Los estudios que atraviesan la etapa embrionaria, imponen la necesidad de continuar, solidificando el conocimiento que se presume y dicha consecución amerita el uso de placebo.     Y aquí debemos regresar al centro de la escena, y allí encontramos al destinatario de los beneficios y los hallazgos:  el Ser Humano.

La humanidad, receptora de los beneficios de la ciencia, muchas veces debe personificar la participación en estudios experimentales, y adquiere protagonismo quien -por decisión voluntaria y altruista- participa de estas "gestas".

Si su participación, además se encuentra dubitada, en cuanto a la recepción de inmunización, por la incertidumbre sobre si ocupa el grupo de los vacunados o el de los placebos, llegó la hora de que la ciencia se amalgame con la ética y brinde las respuestas compendiosas, que son capaces de conformar todas las aristas.

En la coyuntura, los Estados han comenzado a inmunizar masivamente a su población, y nos preguntamos:  ¿Que respuesta o contención debe brindarse a los participantes de estudios de investigación, como los aquí descriptos?      Previo a contestar este interrogante, ratificamos que el uso de placebo, en contexto a corto plazo y aún ante existencia de vacunas, resulta vital y necesario para obtener conocimiento válido, siendo la metodología aceptada por la Comunidad Científica.

Asimismo, a pesar de la gratitud hacia quienes colaboran con la ciencia, no debemos demorar la respuesta a aquel interrogante: los participantes deben recibir la información detallada y explícita de todas las circunstancias, metodologías y modalidades.    Fundamentalmente deben conocer su libre y autónomo derecho de solicitar la apertura del ciego y elegir -en caso de pertenecer al grupo placebo-, aplicarse las vacunas conforme corresponda al plan de vacunación del país que pertenece.   Esta circunstancia esencial, demuestra que la Ciencia avanza a la par de sus beneficiados, y el crecimiento sostenido y sin pausa, no puede nunca vulnerar la libertad de elección de aquellos.       Los comités de Éticas, institución de obligada participación y control de estudios de investigación clínica, son los custodios de aquellos derechos y también, del equilibrio tan ansiado.

 

Firma del Post:

- Dr. Pablo Parenti Medico Clínico. Profesor Universidad de Rosario. Hospital Centenario

Rosario Argentina.

- Dr. Jorge M. Ferroni. Abogado

 

Miembros del Comité de Etíca del Instituto CAICI/CIAP. Rosario (Santa Fe), Argentina.

 

Forman el Foro Ágora Salud:

- Carmen Montón es embajadora observadora permanente ante la Organización de los Estados Americanos y ha sido Ministra de Sanidad, consumo y bienestar social y Consellera de Sanidad.

- Ricardo Campos. Médico Oftalmólogo. Ha sido Secretario General del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social y subsecretario autonómico de sanidad.

-Rafael Sotoca. Médico de familia y activista sanitario. Fue director general de asistencia sanitaria de la Comunidad Valenciana.

- Begoña Frades García. Psiquiatra y jefa del área de salud mental del Hospital Pare Jofre. Ha sido coordinadora autonómica de salud mental.

-José Antonio López Cócera es enfermero especialista en salud mental y miembro de la comisión nacional de la especialidad.

-Isabel González. Médica radióloga. Fue jefa de servicio y profesora asociada de radiología en la Universidad Miguel Hernández de Elche así como Directora Gral. de la Alta Inspección y gerente de los departamentos de salud de San Juan de Alicante y La Ribera (Alzira)

- Enrique Ortega. Médico especialista en enfermedades infecciosas y jefe de servicio de Enfermedades Infecciosas, Emergentes e Importadas. Ha sido profesor asociado de de medicina de la Universidad de Valencia y Director Gerente del Departamento de Salud Hospital General de Valencia.

- Antonia García Valls. Asesora coordinadora en la Vicepresidencia Cuarta, Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Ha sido diputada en el congreso de los diputados.

- Pere Herrera de Pablo. Medico de familia y médico SAMU. Ha ejercido como director del Servicio Emergencias Sanitarias de la Comunitat Valenciana.

- Roser Falip Barangué. Doctora en Medicina y especialista en medicina de familia y en análisis clínicos. Ha sido gerente del departamento de salud de Alcoy.

- Susana Hernández Campa. Enfermera y Técnico de Calidad.

Ilustra el blog:

Verónica Montón Alegre. Artista interdisciplinar.