Corrígeme si me equivoco

Bajo la alfombra

Llevo una semana muy resfriado. Pero no se me nota. Porque me administro uno de esos medicamentos que "frenan los síntomas del resfriado". Como buen trabajador autónomo, sólo puedo permitirme enfermedades de extrema gravedad, preferiblemente letales, y si puede ser en Navidad y Semana Santa. Que yo recuerde ahora mismo, se trata del cuarto resfriado consecutivo al que le "freno los síntomas".
Y no puedo evitar pensar que se trata del mismo resfriado. Y que cuando "freno sus síntomas", en realidad, lo que hago es meterlos "bajo la alfombra" de mi organismo. Siguiendo con esta línea de pensamiento: ¿qué ocurre cuando barres el comedor y metes la suciedad bajo la alfombra? No ocurre a menudo porque, afortunadamente, se trata de una frase hecha que no refleja una práctica social habitual. Pero en el hipotético caso de que alguien lo hiciera regularmente... llegaría un momento en que la acumulación de basura bajo la alfombra sería tal que... no sé... ¿se pudriría la alfombra? ¿Estallaría? ¿Se hincharía hasta dejar de ser un alfombra y convertirse en una especie de colchón?

¿Y si me pasa eso a mí? ¿Me pudriré? ¿Estallaré? ¿Me transformaré, cual Pokemon, en otro ser? Me atenaza el temor de pensar que, dentro de unos años, todos esos resfriados acumulados, ese súper-resfriado que ha anidado en mi seno, que se ha desarrollado y fortalecido en mi interior, aparecerá por sorpresa y me fulminará. Temo también que haya mutado en una nueva variante high-tech de la gripe española y aniquile a media Europa.
Un amigo me cuenta en un sms que no puede salir de casa por una diarrea fulminante que le ha esclavizado al inodoro. Pido a la industria farmacéutica que nunca jamás desarrolle un fármaco para "frenar sus síntomas". ¡Oh, no, acabo de recordar que sí que existe uno!