Corrígeme si me equivoco

Calcetines de deporte

Llevo todo el fin de semana pensando en una noticia que leí en la prensa el jueves pasado. La cosa ocurrió así: los tres astronautas de la estación Espacial Internacional (ISS), a 400 kilómetros de altura sobre la tierra, se vieron obligados a refugiarse en la cápsula Soyuz, que permanece allí atracada a modo de cápsula de emergencia. Al parecer, un fragmento de basura espacial pasó por la llamada "zona de seguridad" junto a la ISS, con el consiguiente peligro de impactar contra la estación. Afortunadamente, el pedazo de chatarra pasó de largo y no hay que lamentar daños humanos ni materiales. La tripulación, formada por Michael Fincke, comandante, Sandra H. Magnus y Yuri Lonchakov, pudo salir de la Soyuz (cuya compuerta ni siquiera pudieron llegar a cerrar, detalla la noticia) a los diez minutos.

Año 2009. La Luna está deshabitada. A Marte apenas hemos conseguido enviar algunos coches teledirigidos con termómetros y videocámaras. Nuestra estación espacial orbita la Tierra a más o menos la misma distancia que separa Barcelona de Teruel, cuatro horas de coche por autopista, no más.

Actualmente, la mayor aventura espacial a la que se enfrentan nuestros sufridos hombres del espacio consiste en no chocar con un pedazo de basura.

Y lo que es peor, cuando vemos imágenes de los astronautas de la ISS por televisión, llevan calcetines de deporte blancos, de esos con una raya roja y otra azul.
Ya no pido que los coches vuelen, de eso ya me desengañé. Pero aprovecho para maldecir públicamente el día que, siendo niño, vi por primera vez Star Wars, Galactica, Star Trek, Alien, ET, Encuentros en la tercera fase, 2001 y V. ¿Por qué no pude aficionarme a las películas de piratas? Ellos nunca podrán decepcionarme porque ya no existen.